Your browser doesn’t support HTML5 audio
Minuto 79. Cristian “Cuti” Romero abandona su posición defensiva, pisa el área rival y convierte de cabeza.
Minuto 83. Lionel Messi aparece entre los defensores, aprovecha un rebote y desata la locura.
Minuto 92. Enzo Fernández conecta otro centro con la cabeza y la pelota termina en la red cuando todo parecía perdido.
En apenas trece minutos, millones de argentinos pasaron de la angustia absoluta a la felicidad desbordada. El 3-2 frente a Egipto no solo cambió el marcador: también modificó el funcionamiento del cuerpo de cada hincha que vivió el partido como si estuviera dentro de la cancha.
“Si no me infarto ahora, no me muero nunca más”, lanzó el relator Pablo Giralt durante los minutos finales del encuentro. Aunque la frase nació como una expresión popular de desesperación, la ciencia demuestra que la relación entre emociones extremas y corazón es mucho más concreta de lo que parece.
“La Copa Mundial de la FIFA representa uno de los acontecimientos sociales más movilizadores del planeta. La evidencia científica demuestra que las emociones asociadas al deporte generan respuestas cardiovasculares reales y medibles”, explicó la Fundación Cardiológica Argentina, con el asesoramiento del doctor Omar Prieto (MN 109.347).
Es que durante un Mundial, un gol puede provocar abrazos, lágrimas y gritos, pero también una verdadera revolución interna: adrenalina, aumento del pulso, cambios en la respiración y una descarga hormonal que prepara al organismo para enfrentar una situación que el cerebro interpreta como trascendente.
Qué pasa en el cuerpo antes, durante y después de un gol
Un partido de fútbol no comienza cuando el árbitro pita el inicio. Para muchos hinchas, la activación emocional aparece horas o incluso días antes: las expectativas, los pronósticos y la importancia del resultado generan una respuesta anticipada del organismo.
El cerebro interpreta una jugada decisiva como un acontecimiento de gran importancia y activa una serie de mecanismos similares a los que aparecen frente a una situación de estrés.
Antes de un gol, la amígdala cerebral —una estructura relacionada con el procesamiento de emociones intensas— activa una respuesta de alerta. En ese momento aumentan los niveles de adrenalina, noradrenalina y cortisol, hormonas que preparan al cuerpo para reaccionar.
Por eso aparecen sensaciones conocidas por todos los hinchas: manos sudorosas, tensión muscular, respiración contenida, sensación de “nudo” en el estómago y una aceleración del corazón.
El organismo desvía energía hacia los sistemas que considera prioritarios: el corazón, los músculos y el cerebro. Mientras tanto, la digestión disminuye su actividad y pueden aparecer las famosas “mariposas” en el estómago o incluso náuseas.
El corazón también cambia su ritmo. Estudios realizados durante competencias deportivas muestran que los espectadores pueden aumentar entre un 20% y un 50% sus pulsaciones durante momentos decisivos. Una persona con una frecuencia habitual de 70 latidos por minuto puede superar fácilmente los 100 o 120 durante una jugada clave.
Además, las neuronas espejo ayudan a explicar por qué un hincha patea desde el sillón cuando un delantero remata o salta intentando atajar un disparo imposible. El cerebro reproduce parcialmente lo que observa y genera una sensación de participación directa.
El gol, una explosión de dopamina, adrenalina y felicidad
Cuando la pelota cruza la línea del arco, el cerebro reacciona antes incluso de que seamos conscientes de lo que acaba de ocurrir.
La incertidumbre desaparece y en apenas unos segundos, el sistema de recompensa se activa con intensidad. En ese instante se liberan dopamina, adrenalina y endorfinas, neurotransmisores responsables de esa mezcla de placer, energía y euforia que nos impulsa a saltar, gritar, llorar o abrazar a un desconocido como si fuera un amigo de toda la vida.
“Después de largos minutos de tensión, el gol funciona como una recompensa inesperada y altamente valiosa para el cerebro de los hinchas, ya que esa descarga química es la que transforma la incertidumbre en una explosión de felicidad casi instantánea”, recalcó Juan Pablo Castro, psicólogo de Mapfre.
Sin embargo, la celebración no ocurre solo en la cabeza, el corazón también vive su propio estallido. La frecuencia cardíaca aumenta, la presión arterial se eleva y el corazón trabaja con mayor intensidad.
Algunas investigaciones registraron que ciertos aficionados pueden alcanzar entre 120 y 140 latidos por minuto durante una celebración de gol, valores comparables con una actividad física moderada.
Para la mayoría de las personas se trata de una reacción normal y pasajera. Pero en quienes tienen enfermedades cardiovasculares o factores de riesgo, esa descarga emocional puede convertirse en un esfuerzo importante.
Uno de los estudios más conocidos sobre este fenómeno analizó el impacto del Mundial de Alemania 2006. La investigación publicada en The New England Journal of Medicine encontró que durante los partidos de la selección alemana el riesgo de sufrir una emergencia cardíaca aumentó aproximadamente 2,7 veces, especialmente en encuentros de alta tensión.
Otro trabajo publicado tras el Mundial de Francia 1998 observó un incremento de las internaciones por infarto luego de la eliminación de Inglaterra frente a Argentina. Los investigadores detectaron un aumento cercano al 25% durante el día del partido y los días posteriores.
Los especialistas aclaran que un partido no provoca una enfermedad cardíaca, pero una emoción extrema puede actuar como disparador en personas que ya presentan una condición previa.
Cuando la emoción termina: por qué un partido deja agotado al hincha
Aunque el árbitro marque el final y la celebración termine, el cuerpo necesita tiempo para volver al estado habitual.
Después de un partido intenso, la frecuencia cardíaca y la presión arterial suelen normalizarse en minutos, aunque las hormonas del estrés pueden permanecer elevadas durante más tiempo.
El cortisol, por ejemplo, puede continuar circulando entre una y dos horas después de una situación de alta tensión.
Esa es la razón por la que muchas personas terminan agotadas después de mirar un partido completo. Aunque hayan permanecido sentadas durante 90 minutos, el organismo estuvo en un estado de alerta constante, con concentración sostenida, tensión muscular y una importante carga emocional.
También existe una llamada “resaca emocional”: una sensación de cansancio, vacío o hiperactividad que aparece después de haber vivido una experiencia intensa.
El efecto depende de cada persona. Algunos hinchas quedan llenos de energía durante horas; otros sienten agotamiento profundo o incluso tienen dificultades para dormir.
La derrota también genera una respuesta física y emocional. Una eliminación, un penal errado o un gol recibido sobre el final pueden afectar el estado de ánimo porque el cerebro debe adaptarse a una realidad distinta a la expectativa construida durante días.
Por eso, perder un partido importante puede generar tristeza, irritabilidad, falta de apetito o una sensación de vacío temporal.
Cómo disfrutar el Mundial sin poner en riesgo el corazón
La pasión por la Selección Argentina y el Mundial forma parte de una experiencia colectiva única, pero los especialistas recomiendan tomar algunas precauciones, especialmente en personas con antecedentes cardiovasculares.
Quienes tienen antecedentes de infarto, hipertensión, arritmias, insuficiencia cardíaca, diabetes, colesterol elevado o enfermedad coronaria deberían prestar especial atención durante los partidos de máxima tensión.
Entre las recomendaciones principales se encuentran:
- No suspender la medicación habitual.
- Aprovechar los entretiempos para levantarse, caminar e hidratarse.
- Evitar el exceso de alcohol y bebidas energéticas.
- Moderar las comidas abundantes y muy grasas durante los encuentros.
- Mantener una buena rutina de descanso.
También es importante reconocer cuándo una reacción deja de ser simplemente nervios por el partido.
Los especialistas recomiendan buscar asistencia médica ante síntomas como:
- Dolor o presión en el pecho que puede extenderse al brazo o mandíbula.
- Falta de aire.
- Palpitaciones intensas acompañadas de mareo o desmayo.
- Debilidad repentina o pérdida de sensibilidad en un lado del cuerpo.
La Fundación Cardiológica Argentina también destaca la importancia de conocer maniobras básicas de reanimación cardiopulmonar (RCP), ya que una intervención rápida puede salvar vidas ante un paro cardíaco.
El fútbol tiene la capacidad de unir generaciones, despertar emociones y crear recuerdos inolvidables. El Mundial demuestra que un gol puede sentirse en la piel, en la cabeza y también en el corazón.
La clave está en disfrutar cada partido con intensidad, pero sin olvidar que, cuando termina el encuentro, el verdadero triunfo es que nuestro corazón siga acompañándonos.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia

