Your browser doesn’t support HTML5 audio

El fenómeno de El Niño ingresó en una etapa de fuerte influencia sobre el clima argentino y los pronósticos anticipan que sus condiciones continuarán durante los próximos meses. El informe actualizado del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) señala que existe una probabilidad del 100% de que la fase cálida del ENOS se mantenga durante septiembre, octubre y noviembre de 2026, mientras que los modelos indican mayores probabilidades de que alcance una intensidad muy fuerte.

El escenario no implica que todas las regiones del país vayan a atravesar las mismas condiciones. Por el contrario, el comportamiento asociado a El Niño puede favorecer excesos de precipitaciones en determinadas zonas, modificar la circulación atmosférica y aumentar la probabilidad de episodios extremos, mientras que la Patagonia presenta una dinámica particular vinculada con los sistemas que ingresan desde el Pacífico.

Qué es El Niño y por qué modifica el clima

El Niño es la fase cálida del El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un fenómeno natural asociado a variaciones de la temperatura de la superficie del océano Pacífico ecuatorial y a cambios en la circulación de la atmósfera.

El informe del SMN actualizado el 1 de septiembre confirma que las condiciones actuales corresponden a una fase cálida. Durante agosto, la temperatura superficial del mar permaneció por encima de los valores normales al este de la línea de cambio de fecha y se observó una intensificación del calentamiento entre los 120° oeste y la costa sudamericana, con anomalías superiores a +3,5 °C.

La señal también aparece en las distintas regiones del Pacífico utilizadas para monitorear el fenómeno. En la semana que terminó el 30 de agosto, el SMN registró anomalías de +1,8 °C en Niño 3.4, +2,6 °C en Niño 3 y +3,5 °C en Niño 1+2.

Los cambios oceánicos se combinan con modificaciones atmosféricas. Durante agosto, los vientos alisios estuvieron debilitados en buena parte del Pacífico ecuatorial, mientras que la actividad convectiva fue superior a la normal alrededor y al este de la línea de fecha.

El Índice de Oscilación del Sur también acompañó la evolución: mantiene valores negativos desde abril y el último registro disponible, correspondiente al 30 de agosto, fue de -14,6.

El Niño será muy fuerte durante la primavera

La señal que aparece en los modelos es contundente. El SMN indica una probabilidad del 100% de continuidad de El Niño durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre, mientras que las mayores probabilidades respecto de su intensidad corresponden a un evento muy fuerte.

Los pronósticos para la región Niño 3.4 proyectan temperaturas superficiales del mar superiores a los valores normales durante toda la primavera. El promedio de los modelos se ubica cerca de +3 °C, un valor compatible con condiciones de El Niño.

El climatólogo del SMN José Luis Stella explicó que el desarrollo del episodio estaba siendo anticipado desde hacía meses.

“Se pronosticaba que iba a ser un evento muy fuerte y en estos meses se fue confirmando”.

La evolución ya había comenzado a mostrar señales durante el invierno. Según Stella, a mediados de julio aparecieron modificaciones en la circulación atmosférica asociadas al fenómeno y distintos episodios meteorológicos extremos en el Cono Sur.

“Se vio un poco la circulación asociada y todos los fenómenos extremos que estuvieron atravesando parte de la cordillera. Chile estuvo muy afectado, Argentina, nevadas históricas, lluvias en el litoral, lluvias en Patagonia, frío en Patagonia sur”.

Qué puede pasar en Argentina durante la primavera

El impacto de El Niño no será homogéneo. La principal señal de precipitaciones por encima de lo normal aparece en el norte del Litoral, aunque el patrón también alcanza otros sectores del territorio argentino.

El pronóstico climático del SMN contempla mayores probabilidades de lluvias superiores a las normales en el norte del Litoral, oeste de Cuyo, La Pampa, sudoeste de Buenos Aires y noreste de Patagonia.

En el noreste argentino, el escenario es particularmente relevante. Misiones y Corrientes aparecen entre las áreas con mayor probabilidad de registrar precipitaciones por encima de los valores habituales, mientras que sectores de Formosa, Chaco y Santa Fe también quedan dentro de la zona de mayor señal.

La presencia de El Niño, sin embargo, no significa que cada tormenta o lluvia que ocurra durante la primavera pueda atribuirse directamente al fenómeno. El Niño modifica patrones de circulación atmosférica y aumenta o disminuye determinadas probabilidades regionales, pero no determina por sí mismo un evento meteorológico puntual.

Por eso, el seguimiento de corto plazo continuará siendo fundamental.

“Ahora lo importante es el monitoreo, el seguimiento de estos fenómenos, de posibles fenómenos más severos o más intensos que puedan ocurrir”, afirmó Stella.

Y agregó:

“Ahora lo crucial va a ser mantenerse informado con los pronósticos de menor escala, ya sea una, dos semanas, un mes”.

Lluvias, crecidas y riesgo hídrico

Uno de los principales efectos asociados al actual episodio de El Niño está relacionado con el agua. Las precipitaciones abundantes no solamente pueden generar complicaciones en el lugar donde ocurren, sino también repercutir sobre grandes cuencas hidrográficas.

Los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay forman parte de un sistema particularmente sensible ante los excesos de precipitaciones registrados aguas arriba. Una mayor cantidad de agua puede traducirse posteriormente en crecidas, desbordes y anegamientos en sectores ribereños.

El impacto también puede extenderse sobre rutas, caminos rurales, puertos, zonas urbanas bajas y áreas productivas.

El geólogo Federico Isla describió el avance de los efectos sobre las grandes cuencas:

“El Niño ya está llegando, ya tenemos crecidas en el Iguazú, en las cataratas, tenemos inundaciones del río Uruguay”.

El especialista recordó además antecedentes de episodios anteriores:

“Nosotros hemos tenido Niños, que normalmente ocurren o se definen en diciembre, que han alcanzado inundaciones en Santa Fe, que fue todo el Paraná en 1982, en 1987 y el último Niño del año 2024, pero que no afectó tanto a Argentina”.

Sobre la dinámica del fenómeno explicó:

“Es una gran cantidad de humedad que se transporta en el Pacífico de oeste a este. Eso impacta en todas las cuencas cordilleras de Ecuador, Perú, Chile, pero también alimentan todos los ríos que bajan de la cordillera, son ríos que recorren prácticamente toda Sudamérica”.

Y planteó el riesgo asociado a las crecidas:

“Lo que puede haber acá son grandes inundaciones que bajen por el Paraná y puedan bloquear gran parte de lo que es el delta entrerriano y pueda haber camalotes que tapen los accesos de los puertos deportivos de Buenos Aires y todo el Gran Buenos Aires”.

La Patagonia: lluvias, nevadas y frío

La Patagonia aparece dentro de un escenario diferente al del Litoral. El informe del SMN contempla al noreste de la región entre los sectores con mayores probabilidades de precipitaciones superiores a lo normal durante la primavera.

Pero el comportamiento atmosférico de la región ya mostró señales durante el invierno. El ingreso de sistemas desde el Pacífico y las modificaciones en la circulación estuvieron vinculados con episodios de lluvia y nieve en distintos sectores patagónicos.

Stella incluyó expresamente a la Patagonia entre las regiones que atravesaron condiciones particulares durante los últimos meses, con nevadas y temperaturas muy bajas en el extremo sur.

“Chile estuvo muy afectado, Argentina, nevadas históricas, lluvias en el litoral, lluvias en Patagonia, frío en Patagonia sur”.

De esta manera, la llegada de la primavera no significa que toda la región vaya a tener un comportamiento uniforme. La señal de precipitaciones superiores a lo normal es más clara hacia el noreste patagónico, mientras que en el extremo sur pueden continuar presentándose períodos de frío y situaciones meteorológicas asociadas a la circulación atmosférica regional.

El frío todavía marca el inicio de septiembre en Patagonia

La influencia de El Niño no implica que desaparezcan las irrupciones de aire frío. De hecho, el Servicio Meteorológico Nacional informó este viernes sobre una irrupción de aire frío de origen polar que provocará un marcado descenso de temperaturas en gran parte del país.

El episodio avanzará desde Patagonia hacia la región central y posteriormente alcanzará el norte argentino.

Para este sábado, el SMN anticipó que en el centro y sur de la Patagonia las temperaturas mínimas serán inferiores a 0 °C y podrían acercarse a los -10 °C. En el norte patagónico y la franja central, las mínimas rondarán entre los 3 y 5 °C, sin superar los 8 °C en amplios sectores.

Durante el domingo, el aire frío continuará avanzando y los valores bajo cero también llegarán a parte de la región central, con mínimas de hasta -4 °C, mientras que en Patagonia volverán a registrarse temperaturas negativas.

El dato permite observar una diferencia importante: El Niño establece tendencias climáticas a escala estacional, pero no impide la aparición de irrupciones frías o eventos meteorológicos de corto plazo.

Qué se espera para el resto del país

Además del norte del Litoral y el noreste patagónico, el pronóstico estacional contempla señales de precipitaciones superiores a lo normal en sectores de Cuyo, La Pampa y el sudoeste bonaerense.

En Mendoza y San Juan, un aumento de las precipitaciones podría adquirir una particular importancia debido al escenario hídrico que atraviesa la región. Allí, parte de las precipitaciones puede presentarse en forma de nieve, con potencial incidencia sobre las reservas de agua.

En Buenos Aires y otros sectores del centro-este, el riesgo estará condicionado también por la situación previa de los suelos. Cuando existe una elevada disponibilidad de agua, nuevos episodios de lluvias pueden favorecer anegamientos y aumentar la presión sobre los sistemas de drenaje.

El comportamiento de la primavera será, por lo tanto, regionalmente diferente: mientras algunas zonas pueden enfrentar excesos hídricos, otras pueden encontrar condiciones favorables para sus actividades productivas.

El cambio climático puede potenciar algunos efectos

El Niño es un fenómeno natural y no es provocado por el cambio climático. Sin embargo, los especialistas advierten que ambos procesos interactúan dentro de un planeta que registra temperaturas más elevadas.

La atmósfera más cálida puede contener una mayor cantidad de humedad y, bajo determinadas condiciones, favorecer precipitaciones extremas.

La meteoróloga Cindy Fernández explicó que El Niño no es una categoría de “Súper Niño”, una expresión que comenzó a circular en redes y medios.

“Meteorológicamente el término ‘súper niño’ no existe. En cuanto al ENOS, su fase cálida o su fase fría (que se conocen individualmente como El Niño o La Niña) tienen solo la categoría de débil, moderado, fuerte y muy fuerte. Se espera que este sea muy fuerte y no existe una categoría de súper”.

El fenómeno tampoco debe confundirse con una causa directa de cada episodio meteorológico.

“Para determinar su influencia debemos analizar su frecuencia en una escala de tiempo mayor”.

La investigadora Marisol Osman, del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera, planteó que el contexto climático actual puede contribuir a que algunos eventos asociados al fenómeno sean más severos:

“Las condiciones que ocasionan El Niño no tienen relación con el cambio climático, pero este fenómeno se está desarrollando en un contexto de más calor y más humedad, y por lo tanto, es esperable que pueda generar eventos particulares de precipitaciones mucho más severos”.

Por qué hubo tantos días nublados

Otra de las manifestaciones que llamó la atención durante el invierno fue la sucesión de jornadas con abundante nubosidad en distintas zonas del país.

La explicación está vinculada con las modificaciones en la circulación atmosférica que acompañan a El Niño. La mayor presencia de humedad y el desplazamiento de sistemas de baja presión pueden favorecer períodos más prolongados de nubosidad y precipitaciones.

Fernández explicó:

“Todos los inviernos con El Niño tienen una mayoría de días nublados porque se modifica la circulación atmosférica. En lo que es la franja central de Argentina y la zona del Océano Pacífico pegado a la costa de Chile, El Niño favorece que todos los sistemas de baja presión, de mal tiempo, y los ríos atmosféricos avancen por esa zona, inyectando mucha más humedad y perturbaciones a la franja central de Argentina”.

El patrón ayuda a explicar por qué los efectos del fenómeno pueden sentirse incluso lejos del Pacífico, aunque con características diferentes según cada región.

El Niño seguirá bajo vigilancia hasta 2027

El escenario internacional también refuerza la importancia del monitoreo. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) anticipó que el fenómeno se intensificará durante los próximos meses y que sus efectos podrían extenderse hasta febrero de 2027.

Para Argentina, el dato central es que la fase cálida ya está establecida y los modelos coinciden en su continuidad durante la primavera. El SMN, además, encuentra mayores probabilidades de que alcance una intensidad muy fuerte.

La evolución de las condiciones oceánicas respalda ese escenario: durante agosto, las aguas del Pacífico ecuatorial permanecieron significativamente más cálidas de lo normal y las anomalías llegaron a superar los 3,5 °C en la región Niño 1+2.

El desafío para Argentina estará en transformar esa perspectiva climática general en información útil para cada territorio. El Niño permite anticipar tendencias, pero no determina por sí solo cuándo llegará una tormenta, cuánto lloverá en una localidad o qué temperatura tendrá un día determinado.

Por eso, mientras la primavera avance, el seguimiento de los pronósticos de corto plazo será clave para anticipar lluvias intensas, crecidas, nevadas, irrupciones de frío y otros fenómenos extremos.

En la Patagonia, donde el invierno ya dejó señales de una circulación activa, la evolución del fenómeno será especialmente relevante para determinar cómo se distribuirán las precipitaciones durante los próximos meses y qué diferencias habrá entre el norte de la región y el extremo sur.

Leé más notas de La Opinión Austral