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Con la carga simbólica de casi nueve años sin respuestas definitivas, este lunes 20 de abril se retoma en Río Gallegos el juicio por el hundimiento del ARA San Juan. La decimocuarta audiencia abre una semana decisiva, marcada por testimonios sensibles, la posible reconstrucción técnica del submarino y la presencia de figuras clave que podrían aportar nuevos elementos sobre lo ocurrido antes y después de la tragedia que se cobró la vida de 44 tripulantes.
El Tribunal Oral Federal de Santa Cruz volverá a ser escenario de un proceso que, más allá de su dimensión judicial, se transformó en una causa profundamente atravesada por el reclamo social de memoria, verdad y justicia. La jornada de este lunes marcará el inicio de una nueva etapa en la que se espera un avance sustancial en la valoración de la prueba, con un cronograma que prevé la declaración de 19 testigos a lo largo de la semana, según pudo saber La Opinión Austral, que viene realizando una cobertura exclusiva del debate de valoración de pruebas desde la primera audiencia a principios de marzo.
En el banquillo de los acusados continúan los cuatro ex altos mandos de la Armada Argentina: Luis Enrique López Mazzeo, Claudio Javier Villamide, Héctor Aníbal Alonso y Hugo Miguel Correa. Sobre ellos pesan cargos por incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de deberes del oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte, en concurso ideal. La imputación busca determinar si, dentro de la cadena de mando, existieron decisiones u omisiones que derivaron en el trágico desenlace del 15 de noviembre de 2017.
El tribunal, presidido por Mario Reynaldi e integrado por Enrique Baronetto, Luis Alberto Giménez y Guillermo Adolfo Quadrini, retomará el debate con una audiencia que genera expectativas desde el primer minuto. El testigo inicial será un integrante del área de Inteligencia cuyo nombre no trascendió por razones de seguridad nacional, una situación que ya anticipa el tenor delicado de la información que podría incorporarse al expediente.
Fuentes vinculadas al proceso indicaron que existe “altísima expectativa” respecto de ese testimonio, en tanto podría aportar elementos vinculados al seguimiento, análisis y toma de decisiones en los momentos previos y posteriores a la desaparición del submarino. En un juicio donde los aspectos técnicos conviven con responsabilidades políticas y operativas, cada pieza nueva puede resultar determinante.
Los presentes
En paralelo, se espera la presencia en sala de Luis Tagliapietra, querellante por la minoría y padre de uno de los submarinistas fallecidos, quien hasta ahora había seguido las audiencias de manera remota. Su participación presencial no es un dato menor: representa, en términos simbólicos, el acompañamiento directo de los familiares en una instancia que consideran crucial.
También se sumará de manera activa Lorena Arias, integrante del equipo de la querella mayoritaria, en reemplazo de Valeria Carreras, quien se ausentará por motivos personales. La dinámica de las querellas, en un juicio de esta magnitud, refleja la complejidad de representar a decenas de familias atravesadas por el dolor y la necesidad de respuestas.
Uno de los testimonios más esperados de la semana será el de Horacio Aldo Chiguizola, quien se desempeñaba como viceministro de Defensa al momento del hundimiento. Su declaración podría arrojar luz sobre el contexto político y administrativo en el que se tomaban decisiones, especialmente considerando que el entonces ministro, Oscar Aguad, se encontraba de viaje durante los días críticos.
En la misma línea, se aguarda la exposición de Osvaldo Vernazza, responsable del área de Comunicaciones de la Armada. Su testimonio cobra relevancia a la luz de lo que ya se ventiló en audiencias anteriores, donde quedaron en evidencia fallas y limitaciones en los sistemas de comunicación del submarino, un factor que podría haber influido de manera directa en la imposibilidad de reaccionar ante la emergencia.
La inspección
La semana no sólo estará marcada por declaraciones. Para el viernes está previsto el traslado de las partes a Mar del Plata para realizar una inspección ocular en el ARA Santa Cruz, un submarino gemelo del San Juan. Esta medida apunta a reconstruir, de manera empírica, el funcionamiento de la nave, sus sistemas y las condiciones estructurales que podrían haber incidido en la tragedia. En términos judiciales, se trata de una herramienta clave para comprender, más allá de los papeles, cómo operaba realmente este tipo de embarcación.
Todo este nuevo tramo del juicio se da luego de una semana previa en la que declararon viudas de los tripulantes, quienes aportaron información sensible sobre el estado del submarino y las preocupaciones que sus parejas les transmitían antes de cada misión. Esos testimonios, cargados de emoción pero también de datos concretos, reforzaron una línea de investigación que apunta a posibles fallas estructurales y decisiones cuestionables en la operatividad de la nave.
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