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Hay encuentros que no necesitan una bandera a cuadros para convertirse en una historia inolvidable. Y el que protagonizó Franco Colapinto en las calles de San Pablo tuvo un poco de todo: pasión fierrera, orgullo argentino, una travesía de miles de kilómetros y un Renault 6 que, por un rato, se convirtió en el protagonista de la Fórmula 1.
En la antesala del Gran Premio de Brasil, el joven piloto de Pilar se encontró con tres compatriotas que llegaron desde Esperanza, Santa Fe, con una misión muy especial: acompañarlo y demostrarle su apoyo de una manera tan original como llamativa. Hernán Bonvín, Claudio Goddio y Pablo Quaino recorrieron alrededor de 2.000 kilómetros a bordo de un Renault 6 modelo 1977, acompañado por un vehículo de apoyo, un Valiant conducido por Julio Amherdt.
Pero no viajaron en cualquier auto. El histórico Renault fue transformado especialmente para la ocasión, con un ploteo que combina las banderas argentina y brasileña con los colores de Alpine, el equipo de Colapinto. Las inscripciones “Vamos, nene” y “Brasil 2026” completaron una decoración que no pasó inadvertida y que rápidamente comenzó a circular por las redes sociales.
La sorpresa llegó cuando, después de participar de una conferencia de prensa en un concesionario Renault de San Pablo, Colapinto tuvo la oportunidad de conocer a los aventureros santafesinos. El encuentro fue mucho más que un saludo protocolar: hubo abrazos, charlas, bromas y una conexión inmediata entre el piloto y sus fanáticos.
Y entonces llegó el momento más esperado. Franco no se conformó con admirar el vehículo: se subió, tomó el volante y salió a manejarlo por las calles paulistas. Así, el Renault 6, bautizado por sus dueños como “La Alpine A527”, pasó a tener un conductor de lujo.
Las imágenes registradas por el medio brasileño Acelerados mostraron al argentino disfrutando de la experiencia, entre risas y comentarios cómplices. Con la espontaneidad que lo caracteriza, Colapinto también tuvo tiempo para bromear sobre los detalles del clásico. “Cosa de locos esto… ¿Y la radio no arranca?“, lanzó mientras compartía el momento con sus propietarios.
En otro de los videos que se viralizaron se lo pudo ver protagonizando una salida a toda velocidad, en una escena que mezcló la adrenalina del automovilismo con el encanto de un vehículo que ya tiene casi cinco décadas de historia.
La emoción también se trasladó al entorno del piloto. María Catarineu, una de sus managers, compartió el episodio en sus redes sociales y lo definió como “lo mejor del día”. Una frase que resumió el espíritu de una jornada diferente, lejos de los boxes, los cronómetros y las exigencias de la competencia.
Para Bonvín, Goddio y Quaino, el viaje desde Esperanza seguramente ya tenía un valor especial por la posibilidad de estar cerca de su ídolo. Pero regresar con la anécdota de haber compartido un rato con él y, sobre todo, de haberle prestado el volante de su Renault 6, convirtió la aventura en una experiencia difícil de repetir.
Mientras San Pablo comienza a vestirse de Fórmula 1 y los hinchas argentinos preparan sus banderas para copar las tribunas de Interlagos, Colapinto recibió una nueva muestra del cariño que despierta a ambos lados de la frontera.
Este fin de semana, el desafío volverá a estar sobre el asfalto y el objetivo será conseguir un buen resultado en el Gran Premio brasileño. Pero, antes de acelerar con su Alpine, Franco se dio un gusto distinto: cambiar por un rato la tecnología de la máxima categoría por un clásico de 1977, manejarlo y compartir una sonrisa con tres argentinos que hicieron miles de kilómetros para alentarlo.
Porque a veces, las mejores historias de la Fórmula 1 no se escriben en la pista. También pueden empezar arriba de un Renault 6, con un ploteo casero, una bandera argentina y tres amigos que cruzaron la frontera para decirle a su piloto: “¡Vamos, nene!”.
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