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Hablemos de patos. No en términos zoológicos, sino políticos. En la política de Estados Unidos se llama pato rengo –“lame duck”, en inglés-, a un presidente cuyo sucesor ya ha sido elegido o está por serlo, pero que aún permanece en el cargo hasta que termine su mandato legal. La analogía sugiere que un pato que no puede seguir el ritmo de la bandada es vulnerable. En política, un pato rengo mantiene su cargo pero tiene menos poder político.

En un sentido práctico, se podría decir que Donald Trump entraría en una fase de pato rengo acelerada si los republicanos sufrieran una derrota contundente en las legislativas de noviembre de este año, tal como todo parece indicar.

Si los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes o el Senado (o ambos) en estas elecciones de 2026, la agenda legislativa de Trump quedaría prácticamente congelada, además ya no puede presentarse a una nueva reelección en 2028. Su tiempo en la Casa Blanca tiene fecha de vencimiento.

Y si Trump pierde poder político, ante el establishment financiero y en el Capitolio, no son para nada buenas noticias para el presidente Javier Milei. Quien le dio un apoyo fundamental para ganar las elecciones legislativas del año pasado -así se lo recuerda Trump a su par argentino cada vez que se encuentran-, ya no estaría en condiciones de brindarle una espalda financiera como la actual.

¿Esta situación también convertiría a Milei en un pato rengo para la política argentina? Suena exagerado. Pero sin duda le sumaría al presidente argentino un nuevo problema a los que ya tiene.

La semana que pasó, si bien Fitch Rating subió la calificación de la deuda externa de CCC+ a B- con lo cual el JP Morgan bajó el riesgo país, Moody´s, Barclays, Financial Times y The Economist criticaron la caída de la economía en Argentina. Estas críticas del mundo financiero dejaron entrever que estaba en riesgo la reelección de Javier Milei.

Estos sectores plantean sus dudas sobre la marcha de la economía del país, ven que no hay reactivación, que el consumo y la recaudación disminuyen, y que hay crisis de empleo y salarios. También ven con preocupación que en el plano político, el gobierno se ve envuelto en fuertes internas y escándalos de corrupción. Estos últimos tienen un personaje central que se llama Manuel Adorni.

El escándalo Adorni crece y salpica al presidente y a su hermana Karina con la misma fuerza con que estos últimos defienden al funcionario frente a propios y extraños. Pero la “cascada” de sospechas y críticas a Adorni no se detienen. Ni siquiera con las limitaciones que le han intentado imponer al periodismo.

Ocurre que en la medida en que el jefe de Gabinete se mantiene en su cargo y no da explicaciones creíbles, abre sospechas sobre otros funcionarios del gobierno. Esta puerta que se abrió tiene que ver con posibles sobresueldos que cobran las principales figuras de la administración libertaria.

Los ministros del Gobierno evitaron responder si ellos están cobrando sobresueldos. “¿Qué pregunta es esa?”, respondió Luis Caputo, sin desmentirlo. El escenario fue la conferencia de prensa montada en la Casa Rosada para ratificar que Manuel Adorni sigue en funciones. La puesta en escena terminó convirtiéndose en un nuevo papelón. La misma pregunta le habían hecho el lunes pasado a Adorni. Era su primera conferencia después de un mes y medio. Ante una consulta sobre una nota de Clarín que hacía referencia al pago de sobresueldos en el Poder Ejecutivo, el vocero se limitó a decir: “No analizamos notas periodísticas”.

Al comienzo de esta nota se habló de los patos rengos. Pero en la política argentina apareció de pronto un “pato fuerte”. Se trata de Patricia “Pato” Bullrich. Ocurre que la ex candidata presidencial del PRO, ex ministra de Seguridad y actual senadora libertaria se subió, aunque no lo diga, al podio de los presidenciables 2027.

La caída de Adorni la pone como candidata indiscutida de LLA para competir por el Gobierno de la Ciudad. Pero en no pocos sectores del poder ya la ven como presidenciables, para así frenar el ascenso de un peronista y mantener a grandes rasgos lo que consideran logros del actual gobierno.

En la Casa Rosada ven con preocupación y sospechas como se rehízo la relación entre Bullrich y Mauricio Macri. Razones no les faltan.

Un escándalo político que no se frena, una economía que no arranca y enemigos internos. Todo esto pinta un panorama complejo para el Gobierno cuando faltan casi un año y medio para las elecciones presidenciales.

Una historia complicada de patos rengos y patos fuertes.

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