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Por María Helena Ripetta (Crónica)

La violencia de género no está en los primeros lugares de la agenda política ni social. Sin embargo, las estadísticas no disminuyen. En lo que va del año se cometieron 19 femicidios y vinculados de mujeres y niñas, 1 transfemicidio y 4 femicidios vinculados de varones adultos y niños, según el informe del Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano” que dirige La Casa del Encuentro.

No son números vacíos. Detrás de cada uno de ellos hay una mujer a la que le arrancaron la vida, los sueños, los deseos.

También hijos que se quedaron sin mamá. Padres que ya no tienen a su hija. Hermanos con una silla vacía. Amigos sin alguien que los escuche. Compañeros de trabajo sin tener con quién compartir un mate. Muchas vidas que se modifican para siempre.

El femicidio es el último eslabón, el irreparable, de la violencia de género. Son imprescindibles las políticas de Estado, los recursos económicos para ayudar a las víctimas a salir del círculo de la violencia, del padecimiento cotidiano y para evitar que las maten, que nos maten, porque cualquiera de nosotras puede caer en las manos de estos agresores que manejan la manipulación a la perfección.

Sin embargo, “el proyecto de Presupuesto 2026 presentado por el Poder Ejecutivo estima un recorte drástico de casi el 90% en términos reales para políticas de género y diversidad”, denunciaron desde La Casa del Encuentro.

La periodista de Crónica, María Helena Ripetta.

Esto se suma a los discursos que intentan sostener que las estadísticas bajaron, cuando la realidad nos demuestra que lamentablemente no es así, y que hay falsas denuncias. Seguramente las habrá, pero son mínimas en relación a las reales, pero prevalece como tema las que no lo son. Todo esto agrava la situación y favorece a los violentos.

Es un retroceso querer tratar a los femicidios como hechos de inseguridad, “ningunear” la violencia de género, decir que las feministas “se pasaron tres pueblos”, que las mujeres inventan.

Si fuera así, habría menos femicidios. Muchas de las víctimas habían recurrido a la Justicia y tampoco fueron protegidas. Y claro, para eso puede ser que en algunos casos falte compromiso, pero lo que se necesita sobre todo es presupuesto.

Las estadísticas tienen un dato que se repite mes a mes, año a año: el lugar más inseguro para una víctima de violencia machista es su propia casa. En lo que va del año el 51% fueron asesinadas en su hogar.

Este mes también demostró el peligro en el espacio público y en las apps de citas. Fueron asesinadas Delfina Aimino (22), tras una cita por una app; y Valeria Schwab, atacada mientras salía a correr en Comodoro Rivadavia.

Desde La Casa del Encuentro también señalaron: “La reforma laboral que impulsa el Ejecutivo no contempla la situación de las mujeres en el empleo formal -espacio en el que se encuentran sub-representadas- ampliando la brecha laboral, profundizando las desigualdades y la informalidad e ignorando el aporte fundamental de las tareas de cuidados y su impacto en la macro y la micro economía”.

Somos las mujeres quienes estamos a cargo de las tareas de cuidado de los chicos, de los adultos mayores, de los enfermos, situaciones que obligan a tener licencias en el trabajo, que a los que no son formales no se les da. Y, por otro lado, estas labores no son remuneradas de ninguna manera a pesar de ser imprescindibles.

La sociedad no tiene que naturalizar las desigualdades, la violencia que atraviesa todas las clases sociales, todas las edades. Ninguna de nosotras está exenta de ser víctima de estos agresores, a cualquier mujer que queremos puede pasarle. Necesitamos políticas públicas y que la sociedad se comprometa porque “vivas nos queremos”.

También es hora de que dejemos de sentir miedo, de avisarles a nuestras amigas que ya llegamos, que no tengamos que revictimizarnos.

Y como sostienen en La Casa del Encuentro: “Defendamos nuestro derecho a vivir una vida libre de violencias”.

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