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A una semana de la operación militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, cada vez está más claro que el mundo ingresó en una etapa de mayor conflictividad, con especial peligro para los denominados países periféricos, que se pueden convertir en el campo de batalla -real-, de las grandes potencias.
Donald Trump consolida con cada declaración su rol de “dueño” del continente americano y, en la Argentina, la estrategia de Javier Milei es la de aceptar y reforzar esta situación, intentando convertirse en el “mejor alumno” trumpista buscando liderar un bloque regional “anticomunista” para hacerle “frente al cáncer del socialismo”. “Pareciera que la región ha despertado de la pesadilla del socialismo del siglo 21”, sostuvo.
Esta búsqueda del presidente argentino lo ha llevado a chocar, otra vez, con su par brasileño Lula Da Silva, al sobreactuar su alineamiento con Washington. Pero la búsqueda de Milei quizá choque con la realidad: Hoy, su figura y su programa económico ultraliberal, no es tan reconocido a nivel global tal como el presidente lo indica. El liderazgo de la derecha en la región va a ser directamente de Estados Unidos, sin intermediarios.
“Este es NUESTRO hemisferio y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad se vea amenazada”, dice una de las últimas publicaciones en Instagram en la cuenta del Departamento de Estado de Estados Unidos.
Trump aceleró todo. Hoy personifica casi a la perfección la tesis que el politólogo Giuliano da Empoli desarrolla en su último libro, “La hora de los depredadores”. Para Da Empoli, el “presidente depredador” no es solo un líder autoritario convencional, sino un actor político que opera bajo una nueva lógica de poder definida por el caos, la velocidad y la ruptura total de las normas. Es lo que hizo Trump en Venezuela y anuncia que hará en la parte del mundo que, entiende, le toca manejar.
La invasión y captura de Maduro fue una acción unilateral que ignoró el derecho internacional y los canales diplomáticos tradicionales. Al ejecutar un “guion de Hollywood”, Trump busca validar su poder no a través de la legalidad, sino a través de la eficacia bruta. Trump justifica la operación en Venezuela bajo la premisa de que las “reglas” solo sirven para proteger a los dictadores y al establishment, posiciona su voluntad personal por encima del sistema legal, un rasgo distintivo del líder depredador que Da Empoli describe como alguien que “rompe la forma para imponer la cosa”.
En conclusión, siguiendo la idea de Da Empoli, la invasión a Venezuela sería la prueba definitiva de que hemos entrado de lleno en la “Era de los Depredadores”, donde el poder ya no se ejerce para mantener el orden, sino para demostrar que ninguna regla es lo suficientemente fuerte como para contener la voluntad del más fuerte.
En este marco, si Trump es el depredador que ejecuta la acción, Milei actúa como el “amplificador ideológico” que valida la ruptura de las reglas en nombre de un fin superior. El presidente argentino fue tajante: “No es una invasión, es una liberación”. Siguiendo la línea de líderes depredadores, no se busca el consenso, sino la polarización total para movilizar a su base. Milei publicó mensajes reforzando que en este escenario “se está del lado del bien o del lado del mal”.
En suma, Giuliano da Empoli sitúa a Donald Trump como la figura central de una nueva era política donde las reglas tradicionales han sido reemplazadas por la fuerza bruta y la espectacularidad. Milei ve confirmada su estrategia interna y externa en esta línea.
Ahora bien, esta estrategia de Trump puede costarle caro no tanto hacia afuera, sino dentro de los Estados Unidos, donde la muerte de una mujer a manos de ICE -la fuerza federal antiinmigración- en Mineápolis puso al descubierto la profunda división política en EE.UU. El presidente norteamericano culpó a la víctima, Renee Nicole Good, de ser “agitadora profesional” y a un “movimiento radical de izquierda, violento y de odio”.
Esta radicalización del discurso recibió duras respuestas de los demócratas y gran parte de la sociedad norteamericana, provocando protestas en las calles y demandas de funcionarios para una mayor moderación por parte de agentes federales.
Este año Trump debe enfrentar las urnas en una elección intermedia en la cual, hasta el momento, todas las encuestas y los analistas vaticinan que le será adversa. Las elecciones locales que se celebraron en 2025 confirmaron triunfos demócratas inesperados. No es solo la violencia discursiva de Trump lo que ha generado rechazos internos, la situación económica del país no marcha tal como lo había prometido el republicano al llegar por segunda vez a la Casa Blanca.
La duda es si esta debilidad interna hará que Trump se modere en su política exterior o, por el contrario, acelere.
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