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El artista plástico argentino Helmut Ditsch, reconocido por sus obras inspiradas en la naturaleza del país, vendió una pintura inspirada en el glaciar Perito Moreno por una increíble cifra de 1,6 millones de dólares, batiendo un récord para el arte nacional.
El comprador fue HPH Privatstiftung (Hans Peter Haselsteiner Fundación Privada), entidad del propietario de Strabag, una de las empresas constructoras más importante de Europa, con sede en Viena (Austria).
La colosal obra de arte del glaciar Perito Moreno denominada “El hielo y la eternidad transitoria” fue pintada en óleo sobre lienzo. Su dimensión alcanza los 2 metros de altura por 12 metros de longitud, acaparando casi un año de trabajo.


La técnica empleada es la misma con la que se destaca pintando desiertos, mares, montañas y ríos, realizando los estudios pertinentes inmerso en la naturaleza hasta captar el aura y los detalles del escenario.
“El Glaciar Perito Moreno no es una postal turística, es mucho más que eso, es mi indescriptible asombro y entusiasmo por la maravillosa belleza que nos regala nuestro planeta, es un símbolo de lo más preciado que tenemos y debemos cuidar”, explicó a Infobae.
¿Quién es Helmut Ditsch?
Helmut Ditsch nació en 1962 en el partido bonaerense de San Martín, Buenos Aires. Hasta los 26 años, Ditsch vivió en Argentina, y luego partió hacia Europa para estudiar en la Academia de Bellas Artes de Viena. Luego, se radicó a Irlanda y, actualmente, vive en Vaduz (Liechtenstein).
Tras un importante encargo del Banco Nacional de Austria en 1997, se convirtió en uno de los centros de atención de numerosos coleccionistas por sus cuadros de naturaleza en gran formato, la mayoría de ellos inspirados en escenario de la Argentina.
“Mis cuatro abuelos emigraron después de la Primera Guerra Mundial. Eran adolescentes en los años 20, cuando vinieron de Austria y Alemania. Mis padres nacieron en Buenos Aires y yo también. Mis hermanos y yo fuimos criados como bilingües, en alemán y castellano, conscientes de que a través del lenguaje se transmite la cultura. Mis abuelos se asentaron, junto a muchas otras familias alemanas, en Villa Ballester donde hasta los años 70 se encontraban las escuelas alemanas y el club deportivo alemán más importante de América” contó Ditsch a Infobae.
Su infancia y adolescencia fueron el deporte y la cultura. Compitió en atletismo y natación en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester (SAGVB). Asistió con frecuencia al Teatro Colón donde su padre, Walter, tenía un palco. Ambas disciplinas convergerían en los cimientos de Helmut, un proceso casi alquímico para el artista.
“Fue aquel misticismo que vivencié nadando miles de metros y sumergiéndome en las grandes óperas de Richard Wagner junto a las excelentes puestas en escena que ofrecía el Teatro Colón lo que marcó el rumbo de mi vida. No podía separar el deporte del arte, ni sentía que el deporte fuera ajeno al arte, al contrario, ¡eran sinérgicos!”, señaló.
Cuando tenía siete años apenas cumplidos, dos hermanos más pequeños, su madre, Inge, de 33, murió. “De ahí en más todo cobró mayor peso, mayor distancia, mayor altura, mayor color, mayor melodía y mayor palabra no dicha. Todo parecía estar, el cielo y el mar, pero nada, nada era igual desde su gran ausencia”.
Ese hecho, que él define como “acontecimientos del destino”, fue determinante en el devenir de su expresión artística. Lo que lo llevó “a escalar altas cumbres en busca de respuestas”.
Desde el Río de la Plata pasando por la Cordillera de los Andes hasta La Puna de Atacama; la majestuosidad irreverente del Glaciar Perito Moreno o el misterio inacabable de la montaña, de un volcán.
Los sitios elegidos por el pintor para sus obras no son solo algunos de los puntos más encomiables de la Argentina, son aquellos donde la inmensidad de la naturaleza parece caer como el pie de un gigante sobre el ego del hombre. Donde los seres humanos se dan cuenta de que no reinan.
Para llevarlos a la tela, primero, los hizo carne. Escaló las cumbres, se perdió entre los picos gélidos, se sumergió aguas adentro. Así funciona su proceso creativo: se los apropia. Vive en ellos. Se vuelve parte. Los mete dentro de sí. Luego puede verterlos en el lienzo.
“Pinto lo que conozco, lo que llevo en mis entrañas, lo que logré apropiarme, en el sentido de Heidegger, hacer de una experiencia algo propio. Por eso necesité nadar primero para entender qué era el agua. Una vez que me apropiaba de la vivencia, que el mar se convertía en parte de mí, podía pintarlo. Lo mismo con las montañas, primero necesité escalarlas, apropiarme de esa experiencia, ser parte de la montaña. Pero para asimilar esas vivencias, que en parte fueron extremas, necesité tiempo. Tiempo para decantarlas y traducirlas en una pintura. A veces hasta diez años. El montañismo, al igual que la natación, fue un camino místico para entender lo que no tenía explicación. El amor y la muerte no tienen respuestas, solo sentimientos, y esos sentimientos a veces los podía expresar pintando o haciendo una canción pero otras veces necesité volver al mar, al vientre cósmico de la vida, y sentir el poder de la naturaleza, al igual que lo sentí en las altas cumbres. Mis paisajes son autorretratos de mi alma y mi vida”, señala el artista.
Y agrega: “Siempre que pinté naturaleza pinté mis sentimientos y siempre pinté un horizonte que albergaba todo aquello que añoraba. En muchas de mis obras ese horizonte está detrás de las montañas, no se ve pero se percibe. Los paisajes que elegí siempre fueron aquellos que representaban mi cosmovisión y mi estado anímico, nunca fui un paisajista que retrata un lugar determinado”.
“El Glaciar Perito Moreno no es una postal turística, es mucho más que eso, es mi indescriptible asombro y entusiasmo por la maravillosa belleza que nos regala nuestro planeta, es un símbolo de lo más preciado que tenemos y debemos cuidar”, explica.
Ditsch, protagonista de otros dos hitos para el arte nacional
En 2010, una obra suya inspirada en el océano Atlántico (El Mar II), alcanzó los 875 mil dólares (superando la marca que tenía Antonio Berni con “Desocupados”).
En 2016, revalidó el hito con la monumental Cosmigonón, que recrea también al glaciar Perito Moreno (uno de los principales motivos de la obra de Ditsch), adquirida por otra empresa europea en 1,5 millones de dólares.
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