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El último informe del INDEC dejó al descubierto una de las problemáticas más profundas del actual escenario económico: siete de cada diez argentinos perciben ingresos inferiores a los $850.000 mensuales.

La cifra refleja una realidad que impacta de lleno en el consumo, la calidad de vida y la capacidad de cubrir necesidades básicas.

El relevamiento, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, pone en evidencia el avance de los llamados “trabajadores empobrecidos”, una categoría cada vez más extendida en el país.

La mediana salarial

Uno de los datos más significativos del informe es la mediana de ingresos de las personas ocupadas, que se ubicó en $800.000. Esto implica que el 50% de quienes tienen trabajo ganan ese monto o menos en su ocupación principal.

Este indicador resulta clave para dimensionar la situación: tener empleo ya no es sinónimo de poder cubrir el costo de vida. La caída del poder adquisitivo y la inflación acumulada consolidaron un escenario donde amplios sectores laborales quedan por debajo de la línea de pobreza.

Al analizar a toda la población con algún tipo de ingreso, la situación es aún más delicada. El estrato más bajo —que comprende del decil 1 al 4— registró un ingreso promedio de apenas $351.028, una cifra que evidencia la vulnerabilidad de millones de personas.

La mediana de ingresos de las personas ocupadas, se ubicó en $800.000.

Brecha entre empleo formal e informal

El informe también refleja una marcada desigualdad según el tipo de inserción laboral. Mientras que el ingreso promedio de la población ocupada asciende a $1.068.540, existen diferencias sustanciales entre quienes cuentan con empleo formal y quienes se desempeñan en la informalidad.

En el caso de los trabajadores asalariados con descuento jubilatorio, el ingreso promedio alcanza los $1.321.353. En contraste, quienes trabajan sin registrar perciben en promedio $651.484, prácticamente la mitad.

Esta brecha no solo refleja diferencias salariales, sino también condiciones laborales más precarias, falta de cobertura social y menor estabilidad económica.

Desigualdad de género persistente

Otro de los puntos destacados del informe es la persistencia de la desigualdad de género en los ingresos. Los varones perceptores registran un ingreso promedio mensual de $1.191.364, mientras que las mujeres alcanzan los $838.336.

La diferencia evidencia que, pese a los avances en materia de igualdad, el mercado laboral continúa reproduciendo brechas estructurales que afectan directamente a las mujeres.

Distribución del ingreso y niveles de desigualdad

El organismo también informó que el coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar se ubicó en 0,427 al cierre de 2025. Este indicador, que mide la desigualdad —donde 0 representa igualdad absoluta y 1 máxima desigualdad— mostró solo una leve mejora respecto al 0,430 registrado en el mismo período del año anterior.

A pesar de esta variación, los niveles de desigualdad continúan siendo elevados, en un contexto donde los ingresos crecen de manera desigual entre los distintos sectores de la población.

La canasta básica y el límite de la pobreza

El deterioro de los ingresos cobra mayor dimensión al contrastarlo con el valor de la canasta básica. Según los datos oficiales, una familia tipo necesitó $1.397.672 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT), que marca el umbral de pobreza.

En tanto, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define la línea de indigencia, se ubicó en $644.088. Ambos indicadores registraron un aumento del 2,7%, presionando aún más sobre los ingresos de los hogares.

En este contexto, la distancia entre lo que se gana y lo que se necesita para vivir continúa ampliándose, consolidando un escenario en el que el empleo ya no garantiza condiciones dignas y donde la pobreza se expande incluso entre quienes tienen trabajo.

 

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