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La búsqueda de respuestas sobre una de las tragedias más dolorosas de la historia reciente argentina ingresó este martes en una etapa decisiva. En la sala del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos se desarrolló la audiencia número 27 del juicio por el hundimiento del ARA San Juan, una jornada que no sólo aportó nuevas definiciones técnicas sobre el estado operativo del submarino y las circunstancias previas a su desaparición, sino que además marcó el cierre formal de la etapa testimonial del proceso.
En el banquillo de los acusados continúan los ex oficiales Claudio Villamide, Luis Enrique López Mazzeo, Héctor Aníbal Alonso y Hugo Miguel Correa, quienes enfrentan cargos por incumplimiento de deberes de funcionario público, omisión de deberes de oficio y estrago culposo agravado por el resultado de muerte.
Tal como ocurre desde principios de marzo, cuando comenzó la cobertura de La Opinión Austral, la 27° audiencia comenzó alrededor de las 9:30 y tuvo como protagonistas a dos integrantes de la Comisión Asesora del Ministerio de Defensa que investigó los hechos posteriores a la desaparición del submarino. El primero en declarar fue el contraalmirante Alejandro Kenny, submarinista de extensa trayectoria, quien brindó precisiones sobre el trabajo realizado por esa comisión y las conclusiones alcanzadas tras meses de análisis.
Ante las preguntas de la Fiscalía, Kenny explicó que el informe elaborado por la comisión se apoyó en documentación técnica, antecedentes históricos y consultas realizadas a personal de la Armada.
“Se nos pidió que realicemos un análisis y determinemos responsabilidades”, explicó el testigo al referirse al trabajo encomendado por el Ministerio de Defensa. Según detalló, durante la investigación también viajaron a Mar del Plata para entrevistarse con oficiales y suboficiales que habían tenido relación directa con el ARA San Juan, con el objetivo de reconstruir el estado de la unidad y las condiciones en las que se desarrolló su última misión.
Uno de los puntos más relevantes de su declaración estuvo relacionado con los sistemas de medición y control de gases del submarino. Kenny sostuvo que algunos de los equipos habían quedado tecnológicamente rezagados y que existían dudas respecto de su calibración.
Más adelante, al analizar la documentación elaborada por el comandante Pedro Martín Fernández luego del incidente ocurrido en julio de 2017, el contraalmirante se detuvo en dos elementos que han ocupado buena parte del debate judicial: la modificación de la válvula E19 y el uso de los canisters encargados de la purificación del aire.“Después de tener problemas con la E19 buscan estabilizar con los canisters”, señaló al describir la secuencia de eventos registrada en los informes de navegación.
Kenny explicó que las modificaciones realizadas en el sistema de ventilación alteraron el escenario operativo del submarino y obligaron a la tripulación a adoptar medidas para compensar la atmósfera interna. Al profundizar sobre los acontecimientos de julio de 2017, recordó que el comandante Fernández se enfrentó a una situación compleja. “Fernández estaba en un dilema, ya que tenía a la tripulación cansada”, afirmó.
El testigo vinculó esa situación con un antecedente histórico ocurrido en la misma unidad naval más de dos décadas antes. “Cuando ellos estuvieron ventilando, esto no habría sido suficiente”, sostuvo, y agregó que llegaba a esa conclusión porque en 1995 el ARA San Juan había sufrido un episodio similar que comenzó como un principio de incendio y posteriormente derivó en un incendio de mayores proporciones.
Durante el interrogatorio impulsado por el abogado querellante Luis Tagliapietra surgieron nuevas referencias a los equipos Dräger utilizados para la medición de gases. Kenny indicó que no encontró constancias de calibraciones recientes y planteó la posibilidad de que algunos sistemas eléctricos hubieran sufrido fallas similares a las registradas durante el siniestro de 1995. “Posiblemente los cables estuvieran en cortocircuito como sucedió en el incendio del año 95”, manifestó.
También aclaró que aún hoy resulta imposible establecer con precisión cuánta agua ingresó al compartimiento afectado, tanto en el incidente de 1995 como en el ocurrido en 2017.
Uno de los momentos más significativos de la declaración llegó cuando Kenny fue consultado acerca de los cambios implementados durante la reparación de media vida del submarino.
Allí explicó que el sistema de detección de gases instalado posteriormente era distinto al original. “El original tomaba aire y medía, mientras que el nuevo tenía sensores y cables”, explicó y, según describió, en un escenario de incendio esos componentes podrían sufrir daños o incluso dejar de funcionar.
Las respuestas del contraalmirante también permitieron conocer detalles sobre la metodología utilizada para elaborar el informe oficial. Ante preguntas formuladas por el Tribunal, reconoció que la comisión no tomó declaraciones formales ni labró actas de todas las personas consultadas. “Nos reunimos en una mesa redonda informal con ex submarinistas en Mar del Plata”, relató.
Asimismo, reveló que una de las conclusiones derivadas del trabajo fue la necesidad de introducir cambios institucionales dentro de la Armada para evitar situaciones similares en el futuro. Entre las recomendaciones formuladas se incluyó la grabación de comunicaciones telefónicas vinculadas a situaciones operativas y la revisión de los índices de calificación del material naval. “Propusimos que se mejoren los índices de calificación de material porque hasta ahora se hacían subjetivamente”, explicó.
Tras la extensa exposición de Kenny llegó uno de los momentos más emotivos de toda la jornada. El último testigo convocado fue el capitán de navío Jorge Rolando Bergallo, integrante de la Comisión Asesora y padre de Jorge Ignacio Bergallo, quien se desempeñaba como segundo comandante del ARA San Juan y perdió la vida junto a los otros 43 tripulantes.
Su ingreso a la sala estuvo cargado de respeto y solemnidad. La Fiscalía decidió no formular preguntas y comenzó su intervención expresándole sus condolencias por la pérdida sufrida. La querella mayoritaria adoptó la misma postura.
El abogado Luis Tagliapietra también le transmitió su acompañamiento, gesto que fue correspondido por Bergallo. Cuando llegó el turno de la defensa de Claudio Villamide, el testigo respondió algunas consultas vinculadas a las condiciones operativas del submarino.
Ante una de las preguntas centrales del debate, respondió de manera directa. “El San Juan estaba en condiciones de navegar”, sostuvo.
Su declaración fue breve, pero tuvo un fuerte contenido simbólico. Con ella concluyó formalmente la etapa testimonial del juicio, una instancia que durante meses reunió a comandantes, submarinistas, peritos, ingenieros, especialistas en comunicaciones y ex altos mandos de la Armada.
Ahora el proceso ingresará en una fase determinante. Este miércoles será el turno de las ampliaciones de indagatoria de los imputados, quienes tendrán la posibilidad de volver a declarar ante el Tribunal. El jueves, en tanto, llegará uno de los momentos más esperados y sensibles de todo el juicio: las exposiciones de los familiares de las víctimas.
Será la oportunidad para que madres, padres, esposas, hijos y hermanos de los 44 tripulantes hagan escuchar su voz ante los jueces luego de años de reclamos, dolor y espera.
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