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Durante inicios del 2025, científicos del Laboratorio de Ecología de Peces del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET) e integrantes del Laboratorio de Ecología de Peces, marcaron en la Ría de Puerto Deseado, Santa Cruz, un ejemplar de tiburón gatopardo (Notorynchus cepedianus).
Ocho meses después, más precisamente el 10 de octubre del pasado año, esta hembra fue recapturada en aguas de Rocha, República Oriental del Uruguay, a más de 1700 kilómetros de donde había sido originalmente marcada.
El tiburón gatopardo (Notorynchus cepedianus) es considerado un depredador tope por su rol en el equilibrio del ecosistema marino. Estas investigaciones recientes confirman sus largas migraciones, incluso desde Santa Cruz hasta Uruguay, un hallazgo crucial que demuestra la conectividad del Atlántico sudoccidental para esta especie.
Además, los pescadores deportivos y científicos colaboran en programas de marcaje y devolución para estudiar y proteger a estos tiburones, que no son peligrosos para humanos y son vitales para la salud del mar. El tiburón pardo prefiere aguas turbias, bahías y estuarios, donde se oculta para cazar, y se congrega en primavera y verano en lugares como Patagonia Azul.
La investigación
Según informó en su momento el CONICET, pescadores que colaboran con el programa de seguimiento de las pesquerías recreativas marinas que desarrolla la Unidad de Gestión Pesquera Atlántica (UGEPA) de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA) en La Paloma, capturaron un tiburón en las cercanías del Bajo Falkland (Rocha, Uruguay).
Al inspeccionar de cerca el ejemplar, notaron la presencia de una marca convencional ubicada próxima a la base de la aleta dorsal. Sabiendo de la importancia de este tipo de registros, los pescadores Enrique Zunini, Federico Servetto y el “Chino” Olmos, se acercaron a la UGEPA y mostraron el tiburón marcado a los técnicos de la DINARA. Se trataba de una hembra de pintarroja, de unos 187 centímetros de largo total y 26 kilos de peso.
Al observar la marca, enseguida los técnicos se dieron cuenta de que provenía de un Programa de Marcado de Tiburones de Argentina. Según indicaron, este hallazgo fue particularmente emocionante dado que, hasta la fecha, sólo se habían reportado recapturas de otras especies de tiburones provenientes de este y otros programas de marcado, como el trompa de cristal (Galeorhinus galeus) o el gatuzo (Mustelus schmitti).
Este no fue el único hallazgo, ya que 13 días más tarde, el 23 de octubre de 2025, Gastón y Daniel Cagnone, pescadores artesanales de Costa Azul, Canelones, se encontraron es sus redes con otro tiburón de la misma especie a aproximadamente un kilómetro de la costa de La Floresta. Para sorpresa de todos, este tiburón, un macho adulto de 191 centímetros de largo total y 40 kilos de peso, también tenía con una marca convencional al lado de su aleta dorsal. Este ejemplar había sido marcado por Luis Martell el 15 de octubre de 2022 en Bahía Blanca, por lo que este tiburón fue recapturado poco más de tres años después.
Largas distancias
Gracias a la colaboración y gentileza de los pescadores recreativos y artesanales, técnicos de DINARA pudieron examinar ambos ejemplares y tomar datos y muestras biológicas. Además, las marcas convencionales tienen un número único, un nombre y una dirección de referencia adónde debe reportarse la marca, permitiendo de este modo conocer los movimientos de estos tiburones en su área de distribución y estimar su crecimiento, entre otros aspectos.
“La extensión de la captura, que es de casi un extremo al otro de la distribución de la especie, cierra más de diez años de investigación sobre un predador tope del Mar Argentino del que prácticamente no sabíamos nada. Empezamos una serie de trabajos, estudiamos zonas en Chubut, Santa Cruz, Río Negro y Buenos Aires y en uno de los últimos trabajos propusimos un modelo teórico de migración del tiburón gatopardo a lo largo del Atlántico Sur incluyendo Argentina, Uruguay y una parte del sur de Brasil. Con esta recaptura y otras más tenemos evidencia de que ese modelo estaba bien”, expresó Alejo Irigoyen, investigador del CESIMAR e integrante del proyecto junto a Gastón Trobiani.
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