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Las imágenes que el otro lado de la cordillera calaron hondo en la fibra nacional y abrieron de par en par una herida que nunca terminó de cicatrizar. Un informe de la televisión chilena expuso el repudiable estado en el que terminaron varias placas conmemorativas, banderas y ofrendas depositadas por argentinos en el cementerio de Darwin, las cuales fueron arrancadas del espacio de homenaje y arrojadas por fuera del perímetro.
Las imágenes fueron registradas por el periodista chileno Samuel Rojas durante un recorrido por el predio, donde descansan los restos de 249 combatientes argentinos que murieron durante la guerra de 1982.
Entre los elementos vandalizados se encontraba una insignia colocada apenas en abril pasado por el equipo de Radio del Mar de Comodoro Rivadavia, que llevaba grabado el lema “Malvinas nos une”. En diálogo con Radio LU12 AM680 de Río Gallegos, el director periodístico de la emisora, Víctor Amigorena, detalló la bronca de reencontrarse con ese homenaje tirado entre los yuyos, analizó el trato hostil que sufren los visitantes en las islas y reclamó un gesto de firmeza por parte de la Cancillería argentina.

Crónica de una indignación anunciada
Para quienes recorren los pasillos de la memoria soberana, la noticia generó dolor pero en absoluto tomó por sorpresa a quienes conocen la dinámica del archipiélago. “Indignación lógica por una situación de estas características, pero por otro lado no tenemos sorpresa” dijo Amigorena en la entrevista con LU12.
Explicó que el material audiovisual cobró masividad por el rebote mediático, pero que la alerta ya la habían recibido antes por vías de la propia comunidad: “Se da la casualidad de que esto, la buena casualidad te diría yo, a pesar de lo feo que es, de que esto se viralice. Se viraliza a raíz del comentario que hacen en la televisión chilena, digamos, de este chico que está en Chile y muestra esto… Nosotros habíamos tomado conocimiento de esto la semana pasada por cuestiones de casualidad de la vida. Hay una señora de aquí de Comodoro Rivadavia que justo viajó a las islas, ahora estuvo la semana pasada por allí, es hija de un caído y nos mandó fotos, conociéndonos, sabiendo que nosotros habíamos estado allí, nos mandó fotos mostrándonos que habían arrancado las placas”.
A partir de esa confirmación, el impacto repercutió directamente en los teléfonos. “Ayer a la tarde (NdR: por el lunes) y hoy martes, les cuento que el celular explotó porque todo el mundo nos decía, ‘mirá, está la placa que ustedes pegaron en las islas, están ahí en la televisión, los están contando en las radios, están en algunos portales'”, graficó sobre el revuelo generado. Sin embargo, volvió a remarcar que la desidia sobre el santuario patrio es moneda corriente: “A nosotros no nos llamaba la atención, yo te decía, por un lado indignación, pero por otro lado no nos llama a la sorpresa porque la banalización en el cementerio argentino en Darwin es constante“.
Al profundizar sobre cómo se materializa ese desprecio sistemático sobre los restos y tributos de los soldados caídos en 1982, Amigorena puntualizó: “¿En qué consiste la banalización? Principalmente en esto, en sacar las placas que se van dejando, en sacar mucho de algunas de las cosas que se van dejando en cada una de las tumbas, en algunos casos rosarios, banderas argentinas que se dejan en las tumbas, bueno, todo eso al tiempito desaparece, lo van sacando así del lugar”.
Y no dudó en rescatar un grave antecedente que demuestra que no hay límites sagrados: “El vandalismo llegó a tal punto en algún momento que, les cuento que en el cementerio hay una imagen muy grande de la Virgen que está cubierta por un vidrio, calculo un metro y medio más o menos de altura… y en algún momento hasta rompieron el vidrio de la Virgen“. Al explicar las razones de esta desprotección, matizó la labor del mantenimiento formal pero apuntó a la conducta de los isleños: “El cementerio en general en sí está muy bien cuidado por la comisión, está en muy buenas condiciones, pero bueno, ocurre esto de que van los kelpers y realizan este acto porque te imaginás que ahí no hay gente de manera permanente, nadie vive ahí en el cementerio para cuidarlo, digamos. El cementerio está alejado varios kilómetros de Puerto Argentino”.
El hostigamiento como regla de convivencia
El ataque a los homenajes en Darwin no representa un hecho aislado ni fortuito, sino el reflejo de un clima de hostilidad estructural que los argentinos experimentan desde que pisan el suelo insular. Sobre las sensaciones durante la cobertura de abril, Amigorena no tuvo rodeos y describió las agresiones cotidianas: “Permanente, desde que llegás. Desde el momento en que llegás a las Islas hay una provocación permanente por parte de, no digo de todos, pero de muchos de los isleños, muchos de los kelpers. Allá hay un maltrato permanente, todo el tiempo te están provocando para que vos tengas una reacción”.
Las consecuencias de ceder a estas trampas verbales o gestuales pueden ser nefastas para cualquier ciudadano argentino en las islas, amparadas por un esquema legal fuertemente asimétrico. “El tema es que si vos tenés una reacción, ellos tienen el derecho, entre comillas, de detenerte y llevarte a la celda de la comisaría que tienen en las Islas y ahí te dejan alojado hasta el momento en que sale tu vuelo. Vos llegás un sábado y, no sé, el sábado a la tarde le contestaste a uno de los kelpers, ese kelper dice que se siente ofendido, te denuncia y hasta el sábado siguiente estás detenido, encerrado en una celda. Digamos, la injusticia en este caso de quien tiene el poder, en definitiva, ¿no? Que desgraciadamente no podés hacer nada”, alertó el periodista con evidente impotencia.
Esta vigilancia no se limita a las calles o caminos rurales, sino que abarca el plano digital y persigue cualquier gesto cultural o patriótico. “Eso es permanente, si no te dejan, te están provocando todo el tiempo, te están vigilando, hacen comentarios ellos, nosotros vimos los comentarios que hacían a través de las redes sociales, como Facebook, en el momento que estábamos en las Islas y después que estuvimos en las Islas también, es permanente. El maltrato, la ofensa hacia los argentinos, la provocación hacia los argentinos es permanente en las Islas por parte de los kelpers”, denunció Amigorena, graficando cómo se penaliza la identidad nacional: “Es imposible ya, digamos, con esta cuestión de esas leyes que ellos tienen, cualquier signo de argentinidad que vos vas a conocer fuera del ámbito del cementerio, allá es penalizado. Vos no podés exhibir una remera argentina, no podés exhibir una bandera, no podés exhibir una escarapela, absolutamente nada, ningún color argentino. No te podés poner un pantalón blanco y una remera celeste, una campera celeste, porque enseguida se van a sentir ofendidos y te van a detener. Progresivamente es así. Esa es la injusticia con la que tenés que convivir desde el momento en que pisás Malvinas“.
El reclamo diplomático y la urgencia de no bajar las banderas
Frente a un panorama de atropello a la memoria histórica en un predio que cuenta con estatus especial de respeto, el rol del Estado nacional y las vías de la Cancillería quedan bajo la lupa de la opinión pública. Consultado sobre si correspondería emitir una queja o pedido de explicaciones formal a través de los canales de la diplomacia, Amigorena argumentó: “Creo que corresponde por una cuestión de que estamos hablando que es el cementerio argentino y ahí están nuestros caídos y ahí sí, o sea, en ese lugar está permitido, por ejemplo, exhibir los colores argentinos, la bandera. Entonces me me parece que sí correspondería, digamos que desde el Gobierno Nacional tomen cartas en el asunto ante esta situación“.
Para el periodista, la resonancia de las imágenes grabadas en Darwin tiene que transformarse en un motor de acción institucional: “Ahora que se da la oportunidad de que esté en todos los medios, se pueda tomar eso como excusa por parte de todos nosotros para que el Gobierno tome cartas en el asunto. A mí me parece que dejar una placa no es ofender absolutamente a nadie, ni provocar a nadie. Lo que vos estás dejando ahí es una placa que siempre está en nombre de los caídos y de nuestros veteranos. Entonces me parece que es el momento también para hacerlo”. Asimismo, confió en la fuerza que pueden imprimir las agrupaciones de excombatientes: “Seguramente, yo en lo personal no dejo de ser un vecino más, no puedo estar reclamando nada en particular, pero los centros de veteranos de guerra que tienen como institución pueden hacerlo. Seguramente van a solicitar algún tipo de explicación por esto y creo que tranquilamente el Gobierno Nacional podría solicitar que estos hechos no se vuelvan a producir“.
A la hora de reconstruir cómo el material chileno llegó a las pantallas de ambos lados de la frontera, descartó una investigación premeditada y lo atribuyó a un hallazgo casual que terminó exponiendo el trasfondo geopolítico: “No es de periodistas chilenos que estuvieron en el lugar, creo que es de un chileno que estuvo en el lugar y mostró eso y lo tomó la televisión chilena… Y ha sido meramente casual, lo ha mostrado, digamos, ¿por qué? Porque lo que le dicen allá es que lo que están pidiendo es que el gobierno argentino deje de reclamar por las islas, entonces se da un contexto muy particular entre Argentina y Gran Bretaña, Argentina y los chilenos y Argentina y Chile, entonces todo eso cierra, digamos, para que suceda lo que está sucediendo en este momento”.
La causa que trasciende el metal
Pese al trago amargo que supone ver un homenaje roto a la vera de un camino, la repercusión de lo sucedido genera una ventana indispensable para reactivar la pedagogía malvinadora en cada rincón de la sociedad argentina. Cuestionado sobre los mensajes y llamados recibidos en las últimas horas, Amigorena destacó el contacto con “excombatientes, conocidos, medios de comunicación también que nos estuvieron contactando también para tener una charlita o para pedirnos algo con respecto a algún comentario”. Y reflexionó sobre el sentido último de su labor periodística: “Gratamente ha explotado, digo, porque nosotros viajamos y desde el momento en que estábamos viajando hasta que regresamos, siempre el objetivo fue malvinizar… Nos encanta que pase para que se conozca todavía más todo esto… En Instagram está el momento en que colocamos esa placa, está filmado el momento en que colocamos la placa en el Cementerio Argentino… Entonces es feo el motivo, pero está bueno que explote, digamos, para que sea todo viralizado”.
En el cierre de su reportaje con “La Decana de la Patagonia”, en cuanto a qué es lo que más le indigna de todo este entramado de provocación y desprecio, Amigorena sentenció con contundencia: “Creo que lo que más indigna es saber que es nuestra tierra y que hacen lo que quieren con nosotros allá, que no nos dejan ser argentinos en nuestra propia tierra. Me parece que ahí el gobierno tiene que tomar cartas en el asunto también, en algunas cuestiones que son mínimas, para empezar a revertir esta historia”.
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