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Seguramente que con mucha nostalgia, con mucho recuerdo dando vueltas en la cabeza, con algunas noches mirando el techo sin poder pegar un ojo, Jorge Castro dejó hace pocas semanas la presidencia del Hispano Americano, cuando solo falta un soplo y algunos meses para llegar al centenario de la gran institución.
Quizás como una decisión ya mareada por mas vueltas que la polea del lavarropas, “Castrito” se baja luego de ocho largos años de contínuo trajinar, a lo que hay que sumar su dedicación y presencia desde muy jovencito en la institución “Celeste”.
Con una raigambre galleguense de pura cepa como varios de nosotros que nos enorgullecemos de nuestra calidad de “NYC” (nacidos y criados), Jorge abrazó el corazón celeste cuando era un jovencito y como muchos otros, su calidad de ser humano lo llevó a trabajar para su club con pasión y con amor del bueno, para ir ascendiendo en la estima de sus compañeros y amigos dentro de la institución.
Jorge se casó con la hija de un tremendo dirigente del Atlético Boxing Club como Nicolás Giglio, por lo que debe de haber batallado bastante con su suegro, pero siempre con esa calidad que rescatamos antes, y que fue formando un dirigente que deja un saldo tremendamente positivo en la sociedad luego de un paso refulgente donde incluso le tocó “bailar con la mas fea”, la pandemia del año 2020.
Pero lo de “Castrito” viene desde los primeros tiempos, desde sus años juveniles, para llegar luego a compartir todo lo que el club logró en el básquetbol principalmente, desde la Liga B, aquella que comenzó liderando frente a los fueguinos de Cantera Club, para llegar en unos años, a lo más alto del basquetbol argentino y por ende sudamericano: la Liga Nacional.
De aquellos feroces entusiastas del club que trabajaron para lograr cristalizar los grandes pasos que vinieron después, “Castrito” fue un pilar notable del grupo, con discusiones y con aciertos, pero siempre al pie del escudo celeste sin pestañear y sin menoscabar esfuerzo y así fue cuando el ciclo que ya había cumplido Gaby Soules estaba cumplido, apareció uno de sus amigos, el “Chicho” Lopez, para empujarlo a aceptar la presidencia cuando ya se tomaba parte de la Liga Nacional en 2016.
Hubo que aprender a manejar los tiempos, las relaciones públicas y políticas lo que no es sencillo, aprender a ser condescendiente y duro a la vez, sencillamente porque Hispano Americano es muy grande, porque la estructura social requiere de muchísima atención diariamente, y muchas veces hace que haya que olvidarse de lo propio para estar al servicio de los demás.
Pero antes decíamos que le tocó “bailar con la más fea” haciendo alusión al encierro de la pandemia, donde de un día para el otro, una institución con un gimnasio céntrico (más el alternativo) donde se practican incontables actividades, el natatorio cubierto con sus piletas y sus gimnasios de artes marciales, la chacra de Río Chico donde también se desarrollan otras actividades, se quedó en silencio, con las puertas cerradas y sin el hermoso escandalete habitual.
El problema principal y lo hablamos más de una vez en ese tiempo, fue el cuerpo de profesores, los administrativos, el personal de limpieza y demás, lo que sumaba unas 60 personas a cargo del club, que por supuesto se quedó sin un ingreso y hubo que inventar con inteligencia durante muchos largos meses, sumado a que había que seguir pagando las boletas de luz, los impuestos y los gastos normales, y allí estuvo al frente Jorge “Castrito” Castro para llevar adelante la responsabilidad de tamaña infraestructura.
Si a esto le sumamos que Jorge es de esos tipos que está en todas, que no se pierde la mas mínima y que tiene respuestas para todo, lo que seguramente le ha significado horas y horas de dedicación y de estar al tanto de todo lo que sucede en el mundo celeste y en su entorno, da muestras de la calidad de dirigente y de personay por ello la nostalgia de no verlo mas frente a las huestes celestes, máxime cuando se viene un trabajo intensísimo para cumplir con el cumpleaños de los tres dígitos, lo que no será poca cosa claro está.
Pero cada uno cumple su ciclo, por diversas razones uno va dejando lo que hizo toda la vida aunque nunca jamás se desprende, sencillamente porque es parte de su esencia como ser humano, y “Castrito” no estará más al frente del club, pero seguramente que seguirá siendo asesor, crítico observador, colaborador inmediato y para lo que se necesite, porque su corazón es celeste, de eso no tenemos ninguna duda.
Ademas todavía queda un sueño pendiente, cual es un gimnasio superlativo en el terreno aledaño al natatorio que actualmente se usa como estacionamiento, un estadio que pueda albergar todas las alternativas que solicita la era moderna, incluida una capacidad acorde con las pretensiones de la actual ciudad, y si Jorge alcanza a verlo, (porque no?), habrá cumplido con unos de sus mayores sueños para con el club de sus amores.
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