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La sala del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos volvió a poblarse este lunes con una mezcla de expectativa, tensión y cansancio acumulado. A casi nueve años del hundimiento del ARA San Juan, la decimoséptima audiencia del juicio oral reanudó un proceso que avanza entre discusiones técnicas, definiciones judiciales y, sobre todo, el peso de una tragedia que aún sigue abierta en la memoria colectiva argentina.

El dato que marcó el pulso de la jornada llegó temprano. El tribunal, integrado por los jueces Mario Reynaldi, Luis Giménez y Enrique Baronetto, resolvió rechazar el pedido de una nueva pericia sobre el material probatorio del submarino. La solicitud, impulsada por el abogado querellante Luis Tagliapietra -padre de uno de los 44 tripulantes- fue considerada extemporánea. Según argumentaron los magistrados, avanzar en esa línea “afectaría el derecho de defensa y el debido proceso”.

Gastón Pruzan y María Garmendia, fiscales, hablando antes de que comience la audiencia. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

La decisión no fue menor. En términos judiciales, implica cerrar una puerta que para algunos familiares resultaba clave en la búsqueda de mayor precisión sobre lo ocurrido en noviembre de 2017. Tagliapietra, sin embargo, dejó planteada la reserva para recurrir ante una instancia superior, lo que anticipa que la discusión está lejos de terminar.

En paralelo, el juicio mostró una escena poco habitual hasta ahora: por primera vez coincidieron de manera presencial las abogadas querellantes por la mayoría, Valeria Carreras y Lorena Arias, mientras que el propio Tagliapietra siguió la audiencia de manera remota. Un detalle que, aunque logístico, refleja también las dinámicas cambiantes de un proceso que se desarrolla en el extremo sur del país, lejos de muchos de los protagonistas.

Otro punto relevante fue la incorporación efectiva de los fiscales Julio Zárate y María Andrea Garmendia al debate. Tal como lo informó La Opinión Austral, su participación se dio tras la reciente decisión de la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal -integrada por Javier Carbajo, Gustavo Hornos y Mariano Borinsky– que habilitó la actuación de un equipo ampliado del Ministerio Público Fiscal. La resolución entendió que limitar la intervención a dos fiscales carecía de sustento legal y afectaba la organización interna del organismo.

Luis Giménez, mario Gabriel Reynaldi y Enrique BaronettoFOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Ya en el terreno de los testimonios, la jornada ofreció un recorrido técnico que intentó reconstruir aspectos clave del funcionamiento del submarino. El primero en declarar fue Néstor Ernesto Pietronave, capitán de navío retirado y submarinista especializado en electricidad. Con un tono didáctico, explicó el circuito de análisis interno de la Armada tras cada navegación y cómo, a partir de los informes, se emitían órdenes correctivas.

Consultado sobre el episodio de ingreso de agua de mar al ARA San Juan, el testigo fue categórico al referirse a la válvula señalada en los registros: “esta debe ir cerrada siempre”. Más adelante, profundizó su análisis y dejó una afirmación que no pasó desapercibida: “si hubiera ingresado agua al buque no podría haber implosionado, se hubieran equiparado las presiones y no hubiera implosionado”. También sostuvo que, tras un incidente de ese tipo, la lógica operativa indicaría que el submarino debería estar en superficie: “debe estar bajo el mar, si estuviera en problemas estaría en la superficie”.

Néstor Pietronave durante su intervención.

El segundo testimonio, brindado por Alejandro Ángel Belén vía Zoom, aportó una mirada desde la experiencia directa en la unidad. Submarinista desde el año 2000, recordó su paso por el ARA San Juan en 2016 y describió el clima que se vivió el día de la tragedia: “El día de la tragedia nos dijeron que el submarino había tenido problemas en el tanque de baterías. A partir de ese momento ocurrió todo lo que sabe, no nos podíamos comunicar. Estábamos todos preocupados”.

Alejandro Belén declaró a través de Zoom.

Su declaración tuvo un componente emocional inesperado. Durante el intercambio, se hizo referencia al vínculo que había tenido con el hijo de Tagliapietra, quien fue su alumno. Según se relató en la audiencia, el joven “le tenía mucho respeto”, en una escena que volvió a poner rostro humano a una causa atravesada por datos técnicos y responsabilidades institucionales.

En el tramo final de la jornada, el tribunal escuchó a Damián Katz, psicólogo que trabajó con personal de la Armada, quien explicó el proceso de evaluación del perfil submarinista desde el punto de vista clínico. “Pensando en condiciones especiales de perfil militar, después del perfil submarinista, mi trabajo era una evaluación desde el punto de vista clínico, confirmar o no patologías”, detalló.

Damián Katz declarando ante el tribunal.

También declaró el médico naval retirado Eduardo Guillermo Herrera, quien se refirió a los controles de salud de los tripulantes. “Había que realizarla anualmente, el no hacerlo no quiere decir que no estaban aptos”, explicó, en relación con la periodicidad de los chequeos médicos.

Así, entre tecnicismos, decisiones judiciales y momentos de fuerte carga simbólica, el juicio por el ARA San Juan sumó un nuevo capítulo. La sensación que quedó flotando en la sala fue la de un proceso que avanza, pero que sigue dejando interrogantes abiertos.

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