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Este lunes se llevó adelante la decimotercera audiencia del juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, en el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos, en un caso que tiene cobertura exclusiva de La Opinión Austral desde el día uno.
Con la presencia de los jueces Mario Reynaldi, Luis Giménez y Enrique Baronetto, la jornada tuvo un condimento particular: la llegada por primera vez a la ciudad del querellante Luis Tagliapietra, acompañado también por la abogada Lorena Arias, mientras que Valeria Carreras siguió el debate de manera remota.
A diferencia de otras jornadas con múltiples testimonios, esta audiencia se concentró en dos declaraciones que resultaron determinantes para la reconstrucción de los hechos. La primera correspondió a Rubén Darío Espínola, oficial principal de comunicaciones que el día de la tragedia se encontraba de guardia como supervisor en la Estación Principal de Comunicaciones, con funciones vinculadas al sistema de radiocomunicaciones de apoyo submarino.
Su relato dejó en evidencia las limitaciones técnicas y operativas del sistema. “El HF es complicado“, explicó al referirse a las comunicaciones por ondas de radio, y detalló que “a veces afecta la zona de navegación, a veces se enlaza rápido, a veces no”. En ese contexto, describió el funcionamiento de los mensajes cifrados y las dificultades para su interpretación: “En los buques recibimos mensajes cifrados y no podemos ver lo cifrado de los submarinos”.
Uno de los puntos más sensibles de su declaración fue lo ocurrido el 15 de noviembre de 2017. Espínola aseguró: “Yo hago escucha como corresponde, ese día trato de recibir pero no se activa, movía la antena para tratar de mejorar la recepción, no tuve contacto”. Sin embargo, agregó un dato que abre nuevas líneas de análisis: “Escuché la frecuencia pero no el contacto“. Incluso afirmó que comunicó esa anomalía: “Le dije que escuché algo”.
El testigo también remarcó el impacto de las condiciones climáticas en las comunicaciones: “Si hay una tormenta las comunicaciones se complican” y “el clima afecta, hay muchas descargas en las tormentas eléctricas”. A su vez, señaló que desde otras estaciones con mayor jerarquía no se registraron señales: “Desde Puerto Belgrano estaban escuchando, ellos dijeron que no escuchaban nada”.
El segundo testimonio, a cargo del capitán Luis Ficosecco, aportó una mirada técnica aún más contundente sobre el estado del submarino. En primer lugar, cuestionó uno de los ejes centrales de la defensa: la supuesta condición operativa del ARA San Juan. Según explicó, calificar a una nave con más de 30 años de servicio como “operativa en condiciones de diseño” es, en realidad, “un juicio subjetivo”.
Además, introdujo un elemento clave sobre la dinámica interna de la Armada: la presión para zarpar. En ese sentido, sostuvo que si un comandante se niega a salir al mar, “simplemente será reemplazado por otro que sí lo haga”, lo que deja entrever un esquema donde la decisión individual queda subordinada a una lógica institucional.
Otro dato relevante surgió al abordar los sistemas de emergencia. Ficosecco indicó que el envío de señales de socorro puede demorar al menos 20 minutos, lo que resulta determinante para comprender la capacidad de respuesta ante una situación crítica como la que habría enfrentado la tripulación.
Sin embargo, el punto más revelador de su exposición estuvo vinculado a los cálculos de sobrevida utilizados como referencia. Explicó que estos estudios -elaborados en base a estándares de la Armada de Estados Unidos- suponen que todos los sistemas del submarino están en condiciones óptimas. Pero en el caso del ARA San Juan, esos requisitos no se cumplían. Según detalló, faltaban o estaban incompletos elementos esenciales como filtros canister de soda, candelas de oxígeno y máscaras para sistemas de respiración, lo que vuelve inaplicables esos parámetros al caso concreto.
Lo que viene
Para la jornada del martes se espera más testimonios técnicos mientras que para el jueves, último día de esta batería de audiencias declare Horacio Chighizola quien se desempeñó como Secretario de Estrategia y Asuntos Militares del Ministerio de Defensa de la Nación Argentina.
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