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Cada vez más compañías incorporan la sustentabilidad como parte estructural de su gestión. Sin embargo hacerlo bien y de manera sistematizada implica trabajar con datos comparables y auditables en todas las áreas del negocio. Según el World Economic Forum, las compañías que integran información ambiental en sus decisiones de compra pueden reducir las emisiones de su cadena de suministro hasta un 35% más rápido que aquellas que se basan solo en reportes periódicos.

Por su parte, inversores y consumidores también demandan métricas claras y comparables de las empresa y aquellas que no respalden sus afirmaciones con datos se exponen a sanciones, litigios y pérdida de confianza.

Así, los KPIs ESG (Indicador Clave de Desempeño en español) ambientales, sociales y de gobernanza, se consolidan como el norte de la estrategia de sustentabilidad, ayudando a validar compromisos, mostrar avances y detectar áreas críticas para trabajar.

La regulación internacional también empuja esta tendencia hacia la medición sistematizada. Por ejemplo, la CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive), es una directiva europea que obliga a las empresas a reportar información de sostenibilidad con indicadores verificables y cada vez más detallados. Mientras que marcos como GRI (Global Reporting Initiative) y SASB (Sustainability Accounting Standards Board) establecen estándares globales para que los reportes sean comparables y auditables.

Normativas específicas de nueva aplicación como el Reglamento de la Unión Europea sobre Deforestación (EUDR) exigen que las cadenas de suministro estén digitalizadas y trazables, de modo que se pueda demostrar que productos como soja, carne o café provienen de áreas libres de deforestación.

 Algunos de los indicadores más usados son la huella de carbono, el consumo energético, la circularidad (reciclaje y reutilización), la diversidad e inclusión y la transparencia en la cadena de valor. En la práctica, estos indicadores marcan el pulso de la gestión sostenible, y resultan imprescindibles en un escenario donde la credibilidad y el cumplimiento regulatorio son determinantes para competir.

Eugenia Gallo Bianco, gerente Comercial del Grupo GMF Nature-Based Solutions / The Carbon Sink, explica a Fonres que el nivel de madurez con el que las empresas miden sus KPI de sostenibilidad es muy diverso y depende, en gran medida, de su tamaño.

El grupo se posiciona como un aliado clave para aquellas organizaciones que buscan avanzar en su camino hacia la sostenibilidad, acompañándolas en todo el proceso: desde la medición de la huella de carbono -que The Carbon Sink realiza con una plataforma tecnológica de última generación- hasta el diseño de planes de descarbonización para reducir emisiones o compensarlas.

“Las compañías más grandes suelen contar con equipos internos especializados en sustentabilidad, por lo que traen necesidades más trabajadas y específicas”, explica Bianco. A diferencia de muchas startups o empresas más pequeñas que carecen de un área dedicada y necesitan mayor orientación. “En esos casos, la pregunta es ‘¿por dónde empiezo?’ y el proceso comienza por el ABC. Primero medir la huella de carbono y comprender el impacto de sus operaciones”.

Hoy una empresa que no mide su impacto está tomando decisiones a ciegas, lo que no es solo un problema ético sino un riesgo concreto para el negocio.

Prem Zalzman, cofundador y director de Innovación Estratégica en Kolibri, agrega que en los últimos años los KPIs dejaron de ser una herramienta técnica reservada a áreas financieras o de control de gestión y hoy forman parte central de cómo las empresas piensan, discuten y toman decisiones.

Para el líder de Kolibri antes los indicadores se utilizaban principalmente como instrumentos de control o rendición de cuentas, mientras que en las organizaciones más maduras hoy son entendidos como herramienta  de aprendizaje y anticipación. “Este cambio también implica mayor responsabilidad: medir de manera consistente obliga a hacerse cargo de lo que los datos muestran. Las empresas que avanzaron en este camino usan los KPIs para discutir causas, no para buscar culpables, y para corregir a tiempo, no para explicar errores a posteriori”, subrayó.

Bianco coincide en que hace cuatro o cinco años las compañías comenzaron a trabajar el tema con mayor intensidad, impulsados principalmente por dos grandes motivos. Por un lado, la cercanía al 2030, fecha en la que muchas organizaciones fijaron compromisos de reducción de emisiones. “Empiezan a inquietarse porque algunas no están llegando a cumplir lo propuesto”, explica. Esa presión no solo alcanza a las empresas directamente involucradas, sino también a sus proveedores, que deben acelerar la medición y compensación para responder a clientes con metas globales.

Compostame: la responsabilidad empieza en el envase

Compostame nació como Empresa B y desde su estatuto inicial asumió el compromiso con el ambiente y la sociedad. Esa impronta se tradujo en KPIs de sustentabilidad vinculados al negocio desde el primer día. “Nuestro primer KPI está explícito en todos los envases: ‘me hago tierra en 180 días’. Ese es un requisito fundamental que deben cumplir los materiales con los que trabajamos”, explica Emilia Erramouspe Saravia, cofundadora de Compostame.

Con el tiempo, la empresa fue ampliando el alcance de sus indicadores. Hoy ponen el foco en el origen renovable de los materiales, la certificación de compostabilidad, la funcionalidad y el fin de vida de los productos.

“Un eje central de nuestro trabajo es la comunicación del impacto. Medimos si el mensaje es claro para quienes usan el envase y si existen condiciones reales para que termine efectivamente compostado. Sin comunicación adecuada, el impacto potencial del material se diluye”, agrega Amalia Ares Giusti, también cofundadora.

Los KPIs de Compostame están alineados con cuatro Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): igualdad de género -la empresa está liderada por mujeres-, innovación en materiales compostables, producción y consumo responsables, y acción por el clima mediante la sustitución de plásticos fósiles.

Allianz: cuando la sustentabilidad se mide, la confianza crece

Allianz tiene una sólida trayectoria en sustentabilidad y, como parte de ese compromiso, reporta dos veces al año su huella de carbono a la casa matriz, detallando energía, viáticos, viajes corporativos e insumos de IT.

Para garantizar transparencia, la aseguradora publica cada año su memoria de sustentabilidad bajo el estándar GRI. La estrategia de Allianz está vinculada a tres ODS, que representan sus valores y áreas de impacto: ODS 13 (Acción por el clima), ODS 17 (Alianzas para lograr los objetivos) y ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico). Sus acciones también abordan de manera transversal, el ODS 1 (Fin de la pobreza), ODS 3 (Salud y bienestar), ODS 5 (Igualdad de género), ODS 10 (Reducción de desigualdades) y ODS 15 (Vida de ecosistemas terrestres). Julieta Fondeville, gerente de Marketing y Experiencia del Cliente, destaca que los KPIs no quedan en el papel, sino que orientan decisiones de negocio en áreas de impacto directo.

La conversación cambió: hoy se espera que las empresas puedan mostrar cómo gestionan su impacto, qué indicadores usan y qué hacen cuando no llegan a los resultados esperados.

Patagonia: reconocer los progresos pero también los errores

En 2025 Patagonia presentó su primer “Informe de Trabajo en Progreso”, un documento donde detallan sus avances, desafíos y errores en sostenibilidad. Allí reflejan los resultados de algunos de los indicadores directamente conectados con el propósito de la compañía, que guían sus decisiones en el día a día.

“No medimos por medir”, explica María Noguera, Directora de Marketing de Patagonia Argentina. Y agrega que uno de sus principales focos es el impacto que generan sus productos a lo largo de todo su ciclo de vida. Detrás de eso hay una intencionalidad en los materiales que usan, los químicos qué evitan y cuánto logran extender la vida útil de las prendas. También miran de cerca las condiciones laborales de su cadena de suministro y el impacto que generan en las comunidades. “Que el 95% de nuestros productos provengan de fábricas con certificación Fair Trade o que más de 800 organizaciones de base reciban apoyo directo no son datos aislados: son indicadores de si estamos siendo coherentes con lo que decimos que somos”, remarca.

Por último, Noguera agrega que hoy una empresa que no mide su impacto está tomando decisiones a ciegas, lo que no es solo un problema ético sino un riesgo concreto para el negocio. “La conversación cambió: hoy se espera que las empresas puedan mostrar cómo gestionan su impacto, qué indicadores usan y qué hacen cuando no llegan a los resultados esperados”.

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