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En medio de una de las etapas más sensibles del juicio por el hundimiento del ARA San Juan, tres esposas de los tripulantes fallecidos decidieron hablar. Lo hicieron tras declarar ante el Tribunal Oral Federal de Río Gallegos y bajo estricta reserva de identidad, atravesadas por el miedo a posibles represalias. Sus testimonios, cargados de emoción, volvieron a poner en primer plano el costado humano de una causa que, a casi nueve años de la tragedia, sigue abierta en términos judiciales y emocionales.

Llegadas desde distintos puntos del país con asistencia de la Armada, las mujeres se enfrentaron cara a cara con los imputados y con un proceso que, según relatan, las obliga a revivir una y otra vez el momento más doloroso de sus vidas. En diálogo exclusivo con La Opinión Austral, coincidieron en un reclamo central: verdad, memoria y justicia, sin concesiones ni atajos.

A., esposa de uno de los 44 submarinistas, planteó con claridad el pedido que atraviesa a las familias. “Solicito que los jueces estén a la altura de las circunstancias y dicten una sentencia justa, condenando a los responsables. Las familias nucleadas en la querella del doctor Luis Tagliapietra solicitamos las pericias correspondientes para conocer la verdad de lo sucedido, ya que es la única manera de esclarecer los hechos”, expresó. En su relato, la necesidad de una investigación profunda aparece como condición indispensable para cerrar, al menos en parte, una herida que sigue abierta.

El abogado Luis Tagliapietra, querellante en representación de su hijo, el teniente de corbeta Alejandro Tagliapietra, de 27 años, y de 12 familias más, siguió la audiencia vía zoom. La abogada Lorena Arias, trabaja junto con la abogada Valeria Carreras. FOTO: CAPTURA DE VIDEO.

En esa misma línea, defendió con firmeza la memoria de los tripulantes. “No vamos a permitir que se ensucie el nombre de quienes dieron su vida. Ellos no son responsables: son 44 héroes”, afirmó, en una frase que sintetiza el sentimiento que se repite entre los familiares. También puso el foco en las consecuencias que dejó la tragedia en los hijos de las víctimas: “Todo esto es inmensamente doloroso para cada una de las familias, y en especial para los hijos de los tripulantes, que crecen con la ausencia, pero también con el orgullo de saber quiénes fueron sus padres”.

Para A., la búsqueda de justicia no puede ser parcial. “También es importante dejar en claro que no solo se debe señalar a algunos, sino que deben investigarse todas las responsabilidades, incluso aquellas que se remontan a la media vida útil del submarino, porque la verdad debe ser completa”, sostuvo. Y cerró con una definición que refleja la persistencia del reclamo: “Seguiremos firmes, unidos y exigiendo justicia. Por ellos, por sus familias y por la verdad”.

El testimonio de M., otra de las esposas, sumó un elemento que vuelve a aparecer en distintos tramos del juicio: las decisiones operativas previas a la última misión. “Exijo que paguen todos los responsables y que les caiga todo el peso de la ley. Siempre, antes de cada navegación, se verificaba el pronóstico. En este caso, sabían que se trataba de un temporal con olas de gran magnitud, cuando en otras oportunidades se suspendían las navegaciones. Sin embargo, esta vez los hicieron salir igual”, denunció.

Su relato dejó en evidencia el impacto emocional que genera el proceso judicial. “Todo lo vivido el día de hoy fue muy fuerte y desgarrador, es como volver casi nueve años atrás. Es indignante tener enfrente a los imputados, quienes dieron la orden de continuar el rumbo en lugar de regresar a la costa, que estaba más cerca”, expresó, en referencia a uno de los puntos que se discuten en el debate oral.

Al igual que A., M. rechazó cualquier intento de trasladar responsabilidades hacia la tripulación. “No voy a permitir que intenten inculpar a los 44 héroes. Ellos merecen respeto y que se honre su memoria. Por memoria, por verdad y por justicia”, concluyó, reafirmando una postura que atraviesa a gran parte de los familiares.

La abogada querellante, Valeria Carreras durante la décima jornada de juicio. FOTO: LEANDRO FRANCO/ LA OPINIÓN AUSTRAL

Por su parte, R., la tercera entrevistada, puso el foco en la necesidad de respuestas concretas, especialmente para las nuevas generaciones que crecieron sin sus padres. “Necesitamos saber qué pasó para poder darle una respuesta a nuestros hijos. El submarino no estaba en condiciones: eran reparaciones tras reparaciones, y eso lo sabían”, aseguró.

Su testimonio volvió a marcar el desgaste emocional acumulado a lo largo de estos años. “Nos merecemos la verdad, a casi nueve años, y necesitamos justicia. Estar acá fue muy fuerte, fue revivir todo nuevamente”, dijo, dejando en claro que el juicio no solo es un proceso judicial, sino también un tránsito personal cargado de dolor.

En sintonía con las otras voces, cerró con una definición contundente: “No vamos a permitir que los culpen. Que paguen los que tengan que pagar”.

En el contexto de un juicio que avanza entre pericias técnicas, discusiones jurídicas y reconstrucciones complejas de lo ocurrido en noviembre de 2017, los testimonios de las familias vuelven a recordar que detrás de cada dato hay historias truncas, proyectos interrumpidos y una ausencia que no se repara.

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