¡Maradonazo!: “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?”
El 22 de junio de 1986 Argentina le ganó 2 a 1 a Inglaterra en el Mundial de México. Cómo fue la cobertura de Crónica y cómo recordaron Maradona y Víctor Hugo Morales, la jugada y el relato del mejor gol del siglo.
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El gol que quedó grabado en la memoria de un país entero.
El 22 de junio de 1986 tiene un registro mundial como si fuera una fecha patria, un cumpleaños o festejo de aniversario de casados.
Diego hizo magia en los goles a Inglaterra: a los 52 minutos, con la mano (y con polémica) y luego, a los 55, el de la gambeta eterna.
Hace unos días se estrenó en la Argentina la película documental sobre el histórico enfrentamiento, El Partido, que fue presentada mundialmente en el Festival de Cannes.
La cobertura de Crónica
Con textos de Cayetano Ruggieri y telefotos de Pablo Fornells, los enviados especiales de Crónica al Mundial reflejaron toda la emoción con una espectacular cobertura.
LA COBERTURA DE CRÓNICA. Con textos de Cayetano Ruggieri y telefotos de Pablo Fornells, los enviados especiales de Crónica al Mundial reflejaron toda la emoción con una espectacular cobertura.
En la tapa del diario del lunes 23 de junio, el título Maradonazo. RIP. Malvinas 2 – Ingleses 1. La Selección Argentina, jugando un fútbol de alto vuelo, aplastó a los británicos. Diego, por su parte, demostró ser el crack del Mundial e hizo un gol para la historia. Y con dos fotos: a la izquierda, el gol con la mano; a la derecha, el gol del siglo.
LA TAPA DE CRÓNICA. En la edición del lunes 23 de junio, el título Maradonazo. RIP. Malvinas 2 – Ingleses 1. Y con dos fotos: a la izquierda, el gol con la mano; a la derecha, el gol del siglo.
En la tapa del suplemento deportivo Estadio fue “De la mano de Diego, triunfo y semifinalista: ¡Dios Salve a Argentina!” Y en la foto principal, el gol. En el epígrafe decía: La obra cumbre del genio Diego Maradona desde el suelo. Después de haber dejado de intentar en el camino, marca el segundo gol.
LA TAPA DEL SUPLEMENTO ESTADIO. Con el título “De la mano de Diego, triunfo y semifinalista: ¡Dios Salve a Argentina!” Y en la foto principal, el gol. En el epígrafe decía: La obra cumbre del genio Diego Maradona desde el suelo. Después de haber dejado de intentar en el camino, marca el segundo gol.
La jugada eterna de Diego
Fue a los 55 minutos del segundo tiempo. Recorrió 60 metros, tardó 10.2 segundos. El relato de Víctor Hugo sigue vigente. Intacto en la memoria, oídos, textos y videos. El mejor gol de todos los mundiales y el relato más maravilloso. Los 114.580 espectadores en el Azteca soportaron los 30 grados.
Diego no se olvidó de los ingleses eludidos: “Yo creo que es un gol soñado, no porque lo haya hecho yo. El Negro Enrique dice que me dio un pase y que me dejó solo. Me la dio lejos del arco. Tengo la suerte de encarar y ver a los ingleses que no me podían agarrar. Cuando lo vi dudar a Fenwick, le tiré la pelota para adelante. Se la tiré a él. Cuando se la tiré adelante, él me quiso meter la mano, pero yo venía a cien por hora. A mí no me paraba nadie. Cuando fui a patear lo vi a Shilton, que me tapaba todo el arco. Entonces, amagué, la jugué cortita, Shilton quedó despatarrado y la empujé. Sentí una patada de Butcher en la pierna derecha, en el tobillo. Me rompió el tobillo. Pero era tan grande la alegría del gol que no me dolió”.
DIEGO CONTÓ SU MAGIA. “Yo creo que es un gol soñado, no porque lo haya hecho yo”, confesó cuando recordó el gol más lindo de todos los mundiales.
Y el recuerdo a su hermano Hugo: “Se le puede llamar de muchas maneras, pero lo quiero llamar: ‘Gracias al Turco’. En un partido amistoso del año ’80 en Wembley, hice una jugada muy parecida frente a Inglaterra que no fue gol. Me remarcó un error en la decisión final. Y me sirvió como consejo para la definición.”
Las casi 200 palabras quedaron grabadas en la memoria: “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… ¡Goool! ¡Goool! ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol! ¡Golazo! ¡Diegooo! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… ¡Barrilete cósmico! ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? ¡Argentina 2, Inglaterra 0! ¡Diego, Diego, Diego Armando Maradona! Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2, Inglaterra 0.”
La narración tuvo todo: la genialidad de Maradona, la victoria frente a Inglaterra apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, la clasificación de Argentina entre los cuatro mejores equipos del Mundial y la reivindicación de un seleccionado muy cuestionado por gran parte del periodismo.
Sietecase le preguntó hasta qué punto eso fue casi una construcción literaria. “La oralidad siempre es muy limitada frente a la palabra escrita, por bien que hables, pero en algunas ocasiones y hablando a gran velocidad, si vos un día querés hacer un discurso en el que haya énfasis, emoción, velocidad y una literalidad interesante, a mí me parece que el ritmo del relator es ideal. Yo cuando quiero improvisar bien, hablo rápido para no censurarme. Todo lo que decimos hasta en este ritmo, ahora mismo lo siento así, va con censura. Yo en este momento soy consciente de qué palabras utilizo. En cambio, la velocidad del relato, cuando vos tenés entrenamiento y alguna condición interesante como la que desarrollamos los relatores, pueden salir construcciones que pueden bordear el ridículo o volverse sublimes”.
La “locura” del relato
Y reconoció el desborde emocional: “Estaba preocupado porque había cometido un desborde. Si vos escuchas el relato entero de ese partido, la grabación dos veces desde el gol hasta el final, yo pido disculpas. Sí, sí, [carraspeo] porque me parecía que me había vuelto loco y efectivamente hay un grado interesante de locura en el relato, en la construcción, confluir muchas emociones, el gol, la jugada, que se le ganaba a los ingleses, que la Argentina pasaba el cuarto lugar, que ese equipo muy criticado por el periodismo argentino estaba dando el paso que yo había creído que podía dar”.
“Creía en Bilardo y en Maradona”
Víctor Hugo no deja de tener presente la realidad que vivía aquel equipo: “Yo había dicho que iba a estar entre los cuatro mejores, cosas que se te ocurren. No tenía demasiados fundamentos, aunque creía mucho en el equipo, creía mucho en Bilardo y también en Maradona. Así que todo eso más que la Argentina estaba jugando casi de visitante ese partido porque todo el público, esas cosas que pasan con los argentinos en especial, con los argentinos en especial, no con los brasileños. Todo eso le dio una especie de fiereza al grito. Y yo estaba un poco preocupado porque en el fondo creo en los valores de la estética, en la calidad de la palabra, de lo que se dice y demás. Así que por un tiempo hasta le disparaba a escuchar el gol, pero con el tiempo fue tan grande lo que pasó con mi vida a partir de ese gol. Fue una bisagra tan clara que define el resto de mi vida. Ha sido tan gratificante todo lo que me sucedió después que por supuesto que lo quiero al gol y lo quiero así como está.”
A 40 años de aquel gol y de un relato inolvidable, ratificó por qué su relato perdura: “No le cambiaría nada porque quizás otra forma de narración más precisa, que es una crítica que yo le hago al relato, ese no era un trabajo de precisión en el que yo iba detallando que era lo que pasaba, como me gusta y como normalmente intento hacer. Fue un un estado emocional que desde que Diego tira la pelota para adelante me va recorriendo y solo tengo tiempo de decir eso de genio, genio, genio, pero no se sabe qué es lo que está pasando. Ahora que lo viste mil veces sí sabés porque yo decía genio, genio. Pero el que estaba escuchando, no. Y en ese momento, ni hablar.
El relato de Víctor Hugo Morales se convirtió en una pieza cultural de Argentina.
¿Hubo exceso emocional? ¡Qué importa! Es una de las narraciones más recordadas y celebradas de la historia de la radio. Y desde ese mismo instante, fue y es audiovisual.