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Luego del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la permanencia en el gobierno, el tablero internacional se reconfigura a raíz de lo precensia del gobierno de Donald Trump en el Caribe.

El analista internacional Mario Alejandro Scholz sostuvo por LU12 AM680 que el escenario geopolítico global atraviesa una transformación profunda iniciada en 2024, marcada principalmente por el cuestionamiento al multilateralismo tradicional.

Este orden, “establecido tras la Segunda Guerra Mundial a través de organismos como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional buscaba garantizar una gobernanza global que evitara tragedias humanitarias”.

Sin embargo, “el retorno de Donald Trump al poder en Estados Unidos plantea una ruptura con este modelo, proponiendo en su lugar un acuerdo de imperios donde las grandes potencias delimitan sus zonas de influencia basándose en capacidades militares, energéticas y tecnológicas“.

Así fue el ataque de Estados Unidos a Caracas.

Bajo esta nueva lógica, “regiones como América Latina son percibidas nuevamente como áreas de influencia exclusiva de Estados Unidos”, mientras se reconfiguran los vínculos con Rusia y China.

Scholz trazó un “paralelismo histórico con intervenciones estadounidenses en Medio Oriente y Panamá, argumentando que, más allá de los discursos sobre la democracia o la seguridad, el trasfondo suele estar dominado por el control de recursos naturales estratégicos como el petróleo”.

En este contexto, la “situación actual de Venezuela es analizada no solo desde su autoritarismo interno, sino como un objetivo estratégico de inteligencia que busca recuperar negocios petroleros y desplazar la creciente influencia de China en la región”.

El analista advirtió que un “avance directo sobre Cuba o una intervención militar en Venezuela podrían derivar en escenarios de conflicto prolongado similares a los vividos en Vietnam, dado que la resistencia local y las alianzas internacionales complejas miden los límites del ejercicio del poder de Trump”.

Asimismo, destacó que la “política exterior estadounidense parece estar siendo influenciada por sectores que buscan desarticular la asistencia mutua entre Caracas y La Habana, especialmente en lo que respecta al suministro de combustible subsidiado, un factor crítico para la supervivencia económica de la isla”.

Argentina

En cuanto a la postura de Argentina, Scholz expresa su preocupación por el “alineamiento irrestricto propuesto por el presidente Javier Milei hacia la administración de Trump y el bloque occidental”.

Esta estrategia podría comprometer la tradición diplomática argentina de apertura y neutralidad, afectando vínculos económicos fundamentales. China, por ejemplo, representa un socio clave en sectores estratégicos como la agroindustria, el desarrollo de parques solares en el norte del país, las represas hidroeléctricas en Santa Cruz y las inversiones en Vaca Muerta. Un quiebre con estos mercados, impulsado por una visión ideológica, carecería de la profundidad estratégica necesaria para proteger los intereses nacionales.

Finalmente, el analista subraya el riesgo que corre el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. Históricamente, Argentina ha cosechado apoyos vitales en foros internacionales gracias al respaldo de países de África, Asia y América Latina que rechazan el colonialismo. Un alineamiento ciego con potencias imperialistas podría erosionar este capital diplomático. Scholz recuerda las figuras de presidentes como Arturo Illia o Raúl Alfonsín, quienes supieron defender los recursos naturales y la autonomía nacional frente a presiones externas, e insta a la dirigencia actual a no confundir la negociación económica con la entrega de la soberanía sobre recursos estratégicos como el litio y el cobre.

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