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Christian Sanz – Mendoza Today
El 15 de marzo de 1995, el país se vio conmocionado por la noticia de la muerte del hijo del presidente de la Nación, Carlos Menem Jr., junto al corredor Silvio Oltra. Aparentemente, el helicóptero en el cual viajaban se había enredado con unos cables de media tensión a la altura del km 211,5 de la Ruta 9, camino a Rosario. El paso del tiempo comenzó a insinuar versiones cruzadas acerca de un posible atentado, contrastando consecuentemente con la hipótesis del accidente.
El último día de Carlitos Menem Jr.
Ese jueves 15 de marzo, Junior había salido de su casa de la calle 11 de Septiembre al 1700 en su Nissan Pathfinder, en dirección a la confitería “La Rambla”, ubicada en Posadas y Ayacucho. Allí iba a encontrarse con aquellos que lo custodiaban. Antes de llegar, empezó a desconfiar de su destino cuando sendos custodios le informaron que no lo acompañarían en su viaje a Rosario. El jefe de su custodia personal, el oficial Oscar Barcelona, había dispuesto –sospechosamente– que ese día disminuyera el número de agentes y móviles que lo protegieran en el trayecto hacia su destino en la provincia de Santa Fe.
Carlitos recordó entonces lo que le decía su madre: “Tenés que rotar la custodia cada tanto, chancho”. Zulema sospechaba del hecho de que Barcelona no lo dejara solo ni por un minuto.
Vuelo trunco
Carlitos piloteaba su helicóptero totalmente concentrado. El sonido de un estruendo lo hizo volver a la realidad. No entendía nada. Ni siquiera estaba seguro de que fuera un disparo. La intensa continuidad de las detonaciones no le permitieron pensar demasiado. Lo único que sabía con certeza en ese momento era que estaba siendo víctima del impacto de gruesas balas, disparadas por más de un francotirador.
“Me tiraron, me tiraron… perdí la hidráulica. Hagan algo, huevones”, llegó a decir Carlitos, tratando de contactar en vano a su custodia y mientras trataba de maniobrar el helicóptero. Luego se sabría que dicha comunicación había sido registrada por la torre de control del aeropuerto de Ezeiza.
Los impactos de bala
Junior confiaba en que la custodia iba a estar siguiéndolo por tierra, tal cual tenían programado y como solía hacerlo generalmente. Convencido de que era así, comenzó a descender de a poco para poder coordinar acciones con quienes debían protegerlo. Lo que menos se imaginaba era que no iba a encontrar ayuda alguna.
El coche de la custodia lo había abandonado 20 kilómetros atrás. La sensación que tuvo Carlitos de que habían liberado la zona se interrumpió en el mismo momento que impactó contra los cables de electricidad que cruzaban la Ruta 9. Era hora del inevitable fin.
Y… ¿dónde estaba la custodia?
Fue en la misma mañana de ese nefasto 15 de marzo que Carlitos se había enterado que dos de sus custodios no iban a acompañarlo en su trayecto a Rosario. Los oficiales Barcelona, Bauer y Noriega se dirigían -junto al hijo del Presidente- en un Renault 18 oscuro hacia la Residencia de Olivos. Es durante ese trayecto que Junior supo que dos de ellos no iban a escoltarlo en el viaje a Santa Fe.
Desconcertado y sin entender el por qué de tal decisión, se resignó al pensar que el destino había querido que las cosas fueran así.
A la Pathfinder negra en la que viajaría su jefe de custodia se había sumado un automóvil Spirit blanco con tres oficiales más (que debían haber sido cuatro): Carlos Ruiz, Adolfo Vallejos y Héctor Rodríguez.
Los vehículos ocupados por los custodios de Carlitos tenían la consigna de seguir al helicóptero por la Ruta Nacional Nº 9, tratando de permanecer siempre debajo del mismo e intercomunicándose por medio de handys y celulares.
Al principio se manejaron tal como lo habían acordado pero, imprevistamente, ambos vehículos se detuvieron en un parador ubicado en el kilómetro 191,5 de la ruta, casi 20 antes de que el helicóptero se precipitara a tierra.
Según lo declarado por Barcelona y César Perla, jefe de custodia y amigo personal de Carlitos, respectivamente, se detuvieron en la gomería “El Pito” para cambiar una goma de la camioneta de la custodia que poco antes había pinchado.
Lo curioso es que nunca apareció la cubierta que estaba dañada. Suena asimismo extraño que no hayan cambiado la goma los mismos custodios. Barcelona aseguró que esto había sido así porque habían perdido la llave de seguridad, cosa que fue desmentida por el encargado de la gomería, quien declaró que la misma se encontraba debajo del asiento trasero de la Pathfinder.
Finalmente, la custodia justificó esta extraña detención en la necesidad de “cambiar los cascos (para la carrera) de un automóvil a otro”, a pesar de que ambos autos se dirigían al mismo lugar de encuentro: Rosario.
Estos supuestos cascos que provocaron esa demora pudieron verse en la filmación de los restos del helicóptero el mismo día de la tragedia, ya que los llevaba el mismísimo Carlitos en la aeronave.
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