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Oscar “el Negro” González Oro murió este miércoles en Punta del Este a los 74 años. Con una extensa trayectoria en radio y televisión, fue una de las voces más reconocibles de la radio AM argentina y protagonista de una época en la que el medio ocupaba un lugar central en la vida cotidiana.

Su manera de conducir estaba marcada por la conversación y la cercanía. Más que informar o entretener, buscaba generar compañía en quienes lo escuchaban. “Es alegría lo que buscamos darle a la gente y sobre todo hacerla sentir acompañada”, había definido al referirse a su concepción de la radio.

Tras conocerse la noticia, comenzaron las despedidas de colegas y amigos. Eduardo Feinmann expresó su dolor en redes sociales con un breve mensaje: “Inmenso dolor. Te quiero, te querré siempre”.

También Daniel Hadad, empresario y periodista que tuvo un papel decisivo en la carrera de González Oro, lo recordó durante el programa de Luis Novaresio en A24. “No voy a decir sorprendido porque era algo que se esperaba. Oscar estaba sufriendo y mucho”, señaló.

Hadad contó que había hablado con él por teléfono durante los últimos meses y explicó que González Oro prefería que sus amigos no lo vieran en el estado en el que se encontraba. “Él no quería que lo veamos cómo estaba”, relató. Según su recuerdo, lo había visitado por última vez en enero y ya entonces había perdido mucho peso y tenía dificultades para caminar.

“Desde enero hasta hoy fue una larga agonía. Los últimos diálogos telefónicos era difícil escucharlo. Ya no era Oscar, era una sombra del gran Oscar que fue, un tipo que revolucionó la radio y los medios. Es una gran pérdida”, expresó Hadad.

En el plano personal, lo describió como un hombre muy querido por quienes lo conocían de cerca. “Como mucha gente en esta profesión, tiene dos caras: una profesional, que era muy buena, y mucha gente no conoce en lo personal. En lo personal era un tipo diferente, muy amigo de sus amigos, muy caballero”, sostuvo.

De Mendoza a Buenos Aires: el comienzo de una historia ligada a la voz

Oscar González Oro había nacido el 16 de octubre de 1951 en Mendoza, hijo de Ricardo, director de un banco, y de Tita, ama de casa. Pero una figura fundamental durante su infancia fue su abuela materna, María Luisa, maestra de escuela y una de las personas que más influyó en su vínculo afectivo con su provincia.

A los 11 años se mudó con su familia a Buenos Aires. El cambio fue brusco. Dejaba atrás el sol, los amigos, la bicicleta y los paisajes mendocinos para instalarse en una ciudad que entonces le resultaba desconocida.

Su primer domicilio porteño estuvo en 25 de Mayo y Tucumán, en pleno microcentro. Con el tiempo recordaría con humor aquellas primeras experiencias en una zona muy distinta de la Buenos Aires actual y las caminatas que realizaba para descubrir la ciudad.

Tenía una particular forma de recorrerla: consiguió una guía Filcar y elegía un destino distinto cada vez. Villa Urquiza, Once, Villa Devoto. Aquellas excursiones terminaron formando parte de su propia educación sentimental y urbana.

La radio apareció inicialmente como una pasión de oyente. Entre sus referentes mencionaba a Antonio Carrizo, Héctor Larrea, Cacho Fontana y Juan Carlos Mesa, figuras que escuchaba durante una de las grandes épocas de la radio argentina.

“Para escuchar música prefiero elegirla yo y no que lo haga un musicalizador. La radio son voces, alguien que te habla. A mí me hablaron los maestros y yo le hablé a un montón de gente”, explicaba al recordar aquella influencia.

Su formación también fue diversa. Cursó la primaria en un colegio católico y luego asistió al Mariano Moreno. Al terminar la secundaria probó con las carreras de Derecho y Psicología y estudió teatro. También soñó con ser cantante e incluso tuvo entre sus aspiraciones convertirse en concertista o director de piano.

En 1980 viajó a Londres para perfeccionar su inglés y proyectaba estudiar Historia del Arte. Sin embargo, un problema de salud de su padre lo hizo regresar y, poco después, comenzó a tener sus primeros contactos informales con el medio a través de una emisora de Mendoza.

El camino hacia la radio profesional tuvo varias estaciones. Pasó por una emisora de Pinamar, donde condujo “Usted, nosotros y la noche”, y luego llegó a Radio del Plata. Allí comenzó a consolidarse hasta que recibió el llamado que cambiaría definitivamente su carrera.

Radio 10, “El Oro y el Moro” y una voz que se volvió compañía

Daniel Hadad lo convocó para formar parte del proyecto de Radio 10, una emisora que se convertiría en protagonista de la radiofonía argentina. González Oro aceptó y permaneció durante 16 años al frente de una de sus principales franjas.

Con “El Oro y el Moro”, su nombre quedó definitivamente asociado a la radio de comienzos del siglo XXI. Su voz, sus silencios, su humor, sus entrevistas y hasta sus muletillas se volvieron parte de la identidad del programa.

Su método no se limitaba a improvisar frente al micrófono. Insistía en la necesidad de estudiar a fondo los temas y personajes que abordaba. “No basta leer diarios y portales, tienen que ser cultos. Hay que nutrirse”, sostenía al hablar del oficio periodístico.

A lo largo de esos años entrevistó a políticos, artistas y personalidades de distintas áreas. Entre sus recuerdos estaban las llamadas de Sandro, que podía conversar con él durante largos minutos como un oyente más, y los intercambios con Tita Merello.

Pero el vínculo más importante fue el que estableció con los oyentes anónimos. González Oro entendía la radio como una forma de compañía y construyó una relación cotidiana con un público que lo siguió durante décadas.

Los años posteriores a la pandemia y la pérdida de algunos amigos cercanos comenzaron a modificar su relación con el medio. Ya instalado en Punta del Este, en 2021 anunció su retiro del periodismo. Sin embargo, el alejamiento no fue definitivo: regresó con entrevistas en El Observador de Uruguay y posteriormente volvió a participar de distintos proyectos, entre ellos la conducción de “Nosotros a la mañana” y la dirección artística de Radio Rivadavia.

Su vida personal también fue ocupando un espacio mayor en sus últimos años. Siempre había sido reservado, pero con el tiempo comenzó a hablar públicamente de sus vínculos, sus separaciones, sus afectos y, especialmente, de sus hijos.

Tuvo dos hijos: Agustín, fruto de su relación con su exesposa Estela, y Pablo, hijo de su hermano Armando, a quien consideraba también su hijo del corazón. Ambos ocuparon un lugar central en su vida y vivieron durante años en Europa, una distancia que el conductor reconocía como difícil de sobrellevar.

En 2020 decidió radicarse en Uruguay, inicialmente impulsado por las restricciones de la pandemia y por la posibilidad de tener mayor facilidad para viajar a Europa. Punta del Este terminó convirtiéndose en su lugar de residencia.

En marzo de 2021 realizó una despedida formal de la radio a través de un programa especial de “La vida misma”. Allí conversó con oyentes, amigos y colegas, pero fueron las palabras de sus hijos, desde Europa, las que provocaron uno de los momentos más emotivos.

“Todo lo que hice en la vida es para que ustedes estén orgullosos de mí”, les dijo durante aquel programa.

Los últimos mensajes y una reflexión sobre la muerte

En enero de 2026, González Oro había generado preocupación entre sus seguidores al publicar una serie de textos de tono introspectivo. Sin explicar el contexto, compartió reflexiones relacionadas con la existencia, la memoria y el final de la vida.

“Sé que mi nombre resonará en oídos queridos”, escribió en una de esas publicaciones. También agradeció a quienes lo habían acompañado durante su trayectoria y sostuvo que había recibido mucho a lo largo de su vida.

Después publicó un fragmento de “Muy cerca de mi ocaso”, de Amado Nervo: “Muy cerca de mi ocaso yo te bendigo, vida”. El poema plantea una mirada retrospectiva sobre el camino recorrido y las decisiones tomadas.

También citó al psicólogo Viktor Frankl: “Vive como si ya estuvieras viviendo por segunda vez”. Finalmente compartió otro texto en el que aparecían referencias al sueño y la muerte.

Las publicaciones fueron interpretadas por algunos de sus seguidores como posibles mensajes de despedida. En aquel momento, sin embargo, no hubo una confirmación pública de que esos textos estuvieran relacionados con un desenlace próximo.

La muerte, de todos modos, no era un tema ajeno a González Oro. A lo largo de los últimos años había manifestado curiosidad por aquello que ocurre al final de la vida y había hablado sobre el paso del tiempo, los afectos y las cuentas pendientes.

Ahora, aquellas reflexiones adquieren un significado diferente.

El “Negro” González Oro murió en Punta del Este a los 74 años. Queda su voz, pero también una manera de entender la radio como un espacio de encuentro: la de un conductor que durante décadas consiguió que miles de personas sintieran que, del otro lado del parlante, alguien les hablaba directamente a ellas.

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