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El caso de Adriel Santiago Caminos Ortega, el joven de 27 años investigado por presunto maltrato y asesinato de gatos en la Ciudad de Buenos Aires, reavivó el interés por uno de los documentales más perturbadores de Netflix: “No te metas con los gatos: Un asesino en internet”. La historia, basada en hechos reales, guarda inquietantes similitudes con la denuncia que hoy conmociona a proteccionistas y usuarios de redes sociales en Argentina.
La investigación contra el joven, señalado en redes como el “asesino de gatitos”, avanzó luego de múltiples denuncias realizadas por rescatistas y activistas animalistas que aseguran haber entregado animales en tránsito para adopción responsable y luego recibir imágenes de las mascotas muertas en circunstancias estremecedoras.
El caso que conmociona a Buenos Aires
Adriel, oriundo de Puerto San Julián, en la provincia de Santa Cruz, es investigado por la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (UFEMA) tras una serie de denuncias por presunto maltrato animal. La causa tomó notoriedad pública luego de viralizarse testimonios de rescatistas que lo acusan de haberse ganado su confianza para recibir gatos en tránsito y posteriormente asesinarlos.
Una de las denunciantes, identificada en redes como “Almas Felinas”, relató que el joven se ofreció para cuidar a una gata con crías. Tras varios intercambios y aparentes garantías de cuidado, recibió una imagen de la gata amamantando a sus cachorros. Horas después, llegó otra fotografía: el animal aparecía muerto sobre el piso y completamente mojado. Las crías también habían fallecido.
A partir de allí comenzaron a aparecer otros testimonios similares. En redes sociales, usuarios le atribuyeron la muerte de varios animales, entre ellos “Betún”, “Rubio” y “Charly”. Éste último, es uno de los relatos más impactantes difundidos en redes. La usuaria @soyjujee aseguró que el acusado habría logrado ganarse la confianza de una mujer a la que conoció en una iglesia. “Este psicópata suele camuflarse entre los seres vulnerables. Yendo a la Iglesia conoció a una señora que logró convencerla de que era un ser totalmente divino cuando es todo lo contrario, es el demonio andante”, sostuvo.
La mujer necesitaba que alguien cuidara a su hijo y decidió confiar en él. “La señora le dejó al hijo a cargo de este sujeto, de este monstruo. ¿Qué pasó? Este sujeto se fue, se quedó solo con el hijo y ellos tenían un gato, el gatito Charly. Lo torturó, lo asesinó delante del niño”, relató la influencer.
E“No estamos solamente hablando de víctimas que son animalitos, sino también de un niño, que esa imagen y todo lo que tuvo que vivir ese nene durante el acto no se lo va a borrar nadie de la cabeza”, agregó.
La indignación derivó en escraches frente a su vivienda en Recoleta y en una manifestación realizada en el Obelisco para reclamar justicia y penas más severas contra el maltrato animal.
La comparación con el documental de Netflix
El impacto del caso generó comparaciones inmediatas con Don’t F**k with Cats: Hunting an Internet Killer, la serie documental que reconstruye la historia de Luka Magnotta, un hombre que publicó videos asesinando gatitos en internet y terminó convirtiéndose en uno de los criminales más buscados de Canadá.
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La serie muestra cómo un grupo de usuarios y defensores de los animales comenzó una investigación paralela en redes sociales luego de que, en 2010, apareciera en YouTube un video titulado “1 boy 2 kittens” (“Un joven, dos gatitos”). En esas imágenes, Magnotta asesinaba a dos cachorros dentro de una bolsa sellada al vacío. El video provocó indignación mundial y dio origen a comunidades online dedicadas exclusivamente a descubrir su identidad.
A partir de entonces, miles de usuarios comenzaron a analizar cuadro por cuadro las grabaciones para encontrar pistas sobre el responsable. Detectaron objetos, muebles, enchufes y detalles mínimos que permitieran rastrear al autor de los videos. Sin embargo, durante meses no lograron identificarlo.
Lejos de detenerse, Magnotta continuó publicando contenido cada vez más violento. En un segundo video mostraba cómo ahogaba a un gato en una bañera y, en otro, cómo arrojaba un felino vivo hacia una serpiente boa. Cada publicación parecía desafiar a quienes intentaban encontrarlo.
La escalada terminó de la peor manera cuando asesinó y desmembró a Jun Lin, un estudiante chino de 33 años radicado en Canadá. El crimen conmocionó al mundo y confirmó los temores de quienes advertían que la violencia contra animales podía derivar en ataques contra personas.
Magnotta escapó de Canadá hacia Europa tras el crimen, pero fue detenido semanas después en un cibercafé de Berlín mientras buscaba noticias sobre sí mismo y el pedido de captura internacional emitido por Interpol. Finalmente fue condenado a prisión perpetua.
Las similitudes con el caso argentino aparecen en la dinámica de investigación colectiva en redes sociales, la obsesión por exponer públicamente al sospechoso y el temor a una posible escalada de violencia.
El antecedente argentino: el empleado porteño acusado de matar más de 100 animales
El caso de Adriel C.O. también revive otro antecedente estremecedor ocurrido en Argentina en 2014. Se trata de Sebastián Vázquez, un empleado del Gobierno porteño y trabajador del Teatro San Martín, denunciado por proteccionistas por presuntamente haber asesinado a más de 100 gatos y perros que adoptaba mediante redes sociales.
Según la denuncia difundida en aquel momento, vecinos del edificio donde residía comenzaron a sospechar tras escuchar constantes maullidos y ladridos. Un portero aseguró haber encontrado cadáveres de animales dentro de bolsas de basura presuntamente vinculadas al acusado.
El caso generó enorme repercusión mediática y puso en evidencia la vulnerabilidad de las redes de rescate animal frente a personas que utilizan falsas intenciones solidarias para acceder a mascotas indefensas.
¿Puede escalar la violencia?
La abogada y perfiladora criminal Constanza Larmarque advirtió que este tipo de conductas podrían representar algo más grave que simples episodios de maltrato animal.
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Según explicó, los patrones denunciados muestran posibles rasgos de sadismo, manipulación y perversidad psicológica. También señaló que, de comprobarse las acusaciones, podría tratarse de un perfil compatible con agresores seriales de animales.
La especialista remarcó además que este tipo de sujetos suele llevar una vida aparentemente normal y utiliza mecanismos de manipulación emocional para ganar la confianza de rescatistas y víctimas.
Mientras la investigación continúa en manos de la Justicia porteña, organizaciones proteccionistas y activistas reclamaron endurecer las penas contempladas en la Ley de Maltrato Animal.
La movilización realizada en el Obelisco reunió a cientos de personas que exigieron avances en la causa y respuestas concretas frente a un fenómeno que, impulsado por redes sociales, vuelve a generar alarma social y revive historias tan perturbadoras como las retratadas en el documental “No te metas con los gatos”.
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