Paula Brain es profesora de historia. Obtuvo su título “con honores”: el promedio casi perfecto. Hace poco presentó un libro: “Ni Castillos, ni Banquetes ni Princesas” versa sobre la miseria, evicción y resistencias en los cuentos populares irlandeses contemporáneos. Hace 10 años le diagnosticaron Síndrome de Asperger. No detuvo en nada su rutina, sino que investigó sobre su condición y trabajó para sentirse cada día mejor.
En diálogo con Diario Jornada, Brain explicó: “Fue liberador tener el diagnóstico. Entendí por qué era diferente (copiaba conductas ajenas) pero a la vez me permití serlo. Me identifiqué mucho al Asperger de las mujeres que es muy diferente al de los hombres”.
Nada fue ni es fácil en la vida de Paula. Pero la serenidad y la naturalidad con la que habla de lo que le sucede y le sucedió logra transmitir cada sentimiento, cada sensación. Es auténtica y denota entusiasmo en su proyección de futuro. Cita características del Asperger: obsesiones, rutinas rígidas, malestar al estar con muchas personas, sensaciones de pánico, todo lo que muchas veces pasó por algún tipo de patología y le prescribieron medicación lejos de saber que lo que realmente llevaba consigo era la condición de Asperger. Es más, su hijo también tiene el mismo diagnóstico. En base a esto, la escritora sostuvo: “Nos gustaba la soledad y el encierro. Eso causaba conflictos familiares. Nos molestaban las visitas. Yo terminé separada”.
Relajada y predispuesta a contar todo de sí para con el fin quizás, de ayudar a tantas mujeres que tal vez se sientan inmersas en una pesadilla que no tienen las herramientas o simplemente no saben cómo abordar, concedió una entrevista a Jornada. La periodista Lorena Leeming, conversó con Brain y destacó que con una sonrisa en sus labios y con la premisa de ser clara en cada uno de sus conceptos. “Luego de los conflictos familiares, decidí ir a un psiquiatra que después de varias sesiones y estudios me hizo el diagnóstico. Ahí entendí todo. Supe que esas rarezas que sentía no son rarezas y me ayudó a entender por qué soy así. Me alivió mucho y me permitió decir “no” a un montón de cosas. No hay ninguna falla, si yo no puedo estar en una marcha multitudinaria o me cansan las visitas está bien. Ya no hay nada que me pese y piense que es presión. Si es presión entonces me hace daño a la salud y no lo hago. Me ayudó mucho el diagnóstico” afirmó la escritora.
“Fue liberador”
No obstante, y coherente con su elevado intelecto, una vez que supo que lo que la hacía sentirse mal y la privaba de tantas cosas que para el resto de su entorno eran comunes y corrientes era su condición de Asperger, comenzó a estudiar e investigar sobre la misma. “Me re identifiqué al Asperger de las mujeres que es muy diferente al de los varones. Copiaba conductas para pasar desapercibida, hacía eso toda la vida. Fue liberador tener el diagnóstico porque entendí por qué era diferente pero a la vez me permití serlo. Ser diferente es una gran carga en la sociedad que busca homogeneizar. Durante muchos años quedó el secreto en la familia y hace un tiempo me decidí a patear el tablero que era tener algún problema en el trabajo y no es así”.
La visibilización y la valentía de poder contar a través de esta entrevista qué le sucede y cómo desarrolla su vida, tuvo mucho que ver con conocer a quienes integran la Liga de Asperger. “También, ver que mensaje le daba yo a mi hijo. Por un lado le decía que él no tenía nada que esconder pero yo me guardaba. Y entonces, lo empecé a decir. Comencé con posteos en Facebook. Y si, yo tengo Síndrome de Asperger: se incorporó también a la vida universitaria”.
Dar clases y estar frente a un grupo de alumnos no dejó de ser un desafío para Paula, otro más que pudo sortear. “Fue muy lindo poder hacerlo porque otro alumno, también se animó a decirlo. Lo sospechaba y creo que nos reconocemos. Ahora, es tan común que el otro día vino una profe que tiene un alumno en primer año con Asperger y si puedo yo visibilizarlo los pibes también. Qué importante que es poder decirlo. Además, es sacarse una gran mochila, es que te entiendan qué cosas podés hacer y qué no. Y lo entienden. Tengo mucha conciencia social pero nunca pude militar en las calles. Mi militancia es muy tranquila. Nunca pude hacerlo en público. Me da pánico el amontonamiento de gente. Me cuestan los congresos. Siempre las charlas fueron acá en la universidad que es mi casa o por vía virtual. La semana pasada fui a Neuquén y fue muy fuerte. Me abrumó todo. Todo eso me ayuda qué quiero hacer y qué no”, ejemplificó.
“Una genia”
Habló de su desempeño como alumna, de cómo fue su vida académica y cómo obtuvo la titulación. “Mi carrera académica no fue común. No cursé ninguna materia presencial. Las hice todas libre: me presentaba el día que había que rendir y volvía mi casa. Es gracioso porque me decían que soy una genia, que daba toda la carrera libre. Y no , no soy genia es que no había podido ir. No me habría bancado esa cursada”, describió.
Paula se toma su tiempo para hablar, busca cada palabra adecuada y encuentra la forma de llegar a quien la escucha mediante su rico vocabulario. “Recién ahora luego de muchos años me relajo y disfruto las clases. Las sufrí mucho. Al comienzo pensé que me había equivocado. No podía haber frente a la gente, me aterraba. No lo disfrutaba, quería irme a la cordillera y perderme en un bosque. Eso sí, estoy medicada. La medicación me ayuda a soltarme. Recién ahora puedo decir que puedo dar una clase”, dijo con una sonrisa con la que demostró la satisfacción del deber cumplir.
Es una apasionada de lo que hace. Es una luchadora constante. “Me apasiona mucho dar clases de historia y lo ven los alumnas y alumnos. Todo me costó pero llegué a pensar que me equivoqué, que no iba a poder, que tenía que buscarme otro trabajo. Es todo experiencia. Ya no tengo miedo. Antes era terror. Ahora ya está, la experiencia y la rutina ayuda. Todo lo que podemos incorporar a la rutina las mujeres y los varones que tenemos Asperger, es una estrategia de vida. Es volver cotidiano algo para poder hacerlo”, refirió como un consejo desde su interior.
Admiración
Por otro lado, hizo hincapié en la valorización de Gabriel Heredia. El joven que tenía 17 años y habló públicamente del Síndrome de Asperger en primera persona. “Tengo mucha admiración por Gabo. Lo veo tan chiquito al lado mío y tan suelto, tan decidido, claro en conceptos. El no duda, defiende con seguridad su postura. Sabe y la milita. No tenemos nada malo, lo podemos decir. No vamos a tener problemas en el trabajo, en ningún lado, en lugares de reunión y estudios. Hay que visibilizarlo e integrarlo a la sociedad. En estos tiempos que hablamos tanto de diversidad hay que decir que tenemos una neurodiversidad”.
Calificó una y otra vez al diagnóstico como “salvador”. Y sostuvo su expresión: “Cuando no se conoce la condición es difícil. Acá no hay especialistas. Nadie va diagnosticarte de lo que no conoce, va a lo que más se acerca y con eso, no solo te diagnostican sino que te etiquetan. Es un número muy elevado el de mujeres diagnosticadas de adultas. Es triste porque una pasó toda una vida padeciendo hasta que entiende. En eso los varones tienen más suerte. Se les nota mucho más pero entienden antes que nosotras por qué”, comparó.
El libro
Ni Castillos, ni Banquetes ni Princesas. Así se llama su libro. Se refirió a esa producción que tanto orgullo le trajo a su vida y a sus afectos. “El libro es la publicación de mi tesis. Cuando la fui a defender fue mi primera exposición en público. Fue terrible. Esperaba que estuviera mi directora de tesis, el jurado y nada más. Pero no, se llenó el aula. Estaba aterrada. Pensaba que no me podía escapar porque estaban los bancos muy pegados y estuve aterrada. Hablé pero me tembló la voz todo el tiempo. Lo padecí muchísimo. Luego estuve dos días sin dormir.
Me gustó mucho la tesis y la hice libro. Se publicó por una editorial de Buenos Aires. Ni castillos, ni banquetes ni princesas: miseria, evicción, genocidio y resistencia en los cuentos populares irlandeses contemporáneos. Es un hijo más con el que me peleo. Cada vez que agarro un capítulo me critico. Soy muy crítica de mi trabajo. Por eso también tardó en salir el libor, volví loco al editor. Ahora estoy en vísperas de una maestría. Mi cabeza no para. Ahora cuando la termine la defenderé y eso quisiera, que sea otro libro”, expresó.
Paula sube la mirada como encontrando anécdotas y en forma instantánea se le vienen a la mente. “Pensaba primero en sí podía lograr estudiar y me recibí con honores. Fui muy obsesiva de las notas. Siempre me sacaba 10, algunos 9. Estuve una semana entera furiosa con una profesora que me puso 8 y luego fue mi profesora de tesis, trabajo con ella en una cátedra y es una amiga muy querida. Era obsesiva hasta con eso”, relató.
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