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La consagración de Tomás Etcheverry en el Río Open no es una sorpresa para quienes conocen el trabajo silencioso que hay detrás de su crecimiento. En junio de 2023, cuando el platense deslumbraba al meterse entre los ocho mejores de Roland Garros, su entrenador, Walter Grinóvero, ya anticipaba el salto definitivo: “Quiero llevarlo a ser el mejor. Creo que va a llegar a ser top 20”.
Tres años después de aquella entrevista exclusiva con el periodista Pablo Silva para La Opinión Austral, la predicción empieza a tomar forma concreta. Etcheverry es campeón ATP por primera vez y lo logró en el único 500 de Sudamérica, confirmando que el proyecto diseñado por “Wally” Grinóvero tenía bases sólidas.
Quién es Walter Grinóvero, el arquitecto del campeón
Nacido en Paraná, Entre Ríos, hace 50 años, Grinóvero dejó el tenis profesional a los 27 para iniciar su camino como entrenador. Su primera experiencia fue junto a José Acasuso en el año 2000. Desde entonces, construyó una carrera extensa y respetada.
Trabajó con nombres como Máximo González, Carlos Berlocq, Cristian Garin, Nicolás Jarry y Francisco Cerúndolo, entre otros. Pero fue con Etcheverry donde decidió involucrarse en un proyecto a largo plazo con una meta clara: la élite.
“Le dije a Tomás que yo me involucraba para llevarlo a la élite del tenis”, reveló en aquella charla. Hoy, el título en Río valida esa apuesta.

En 2023, tras el impacto en París, Grinóvero definía a su pupilo con una frase que hoy cobra más fuerza que nunca: “Tiene pasta de campeón”. Destacaba su físico, su potencia y, sobre todo, su capacidad de adaptación. Recordaba cómo había entrado sin complejos a escenarios imponentes para enfrentar a figuras como Andy Murray y Novak Djokovic. Para el entrenador, ese temple competitivo era un rasgo diferencial.
También confesó una anécdota clave: tras un torneo previo a Roland Garros, Etcheverry le dijo que nunca ganaría un Grand Slam. La respuesta fue una charla de dos horas para convencerlo de que el límite estaba en su cabeza. “No puede poner el freno de mano antes de salir a la cancha”, le marcó.

Ese trabajo mental fue tan importante como los ajustes técnicos que lo llevaron a jugar más agresivo, más adelantado en la cancha y con mayor convicción. La misma determinación que mostró ahora en la final del Río Open, donde remontó ante Alejandro Tabilo para conquistar su primer trofeo ATP.
Grinóvero nunca ocultó que uno de los modelos de referencia era Juan Martín del Potro. “Para nosotros es un modelo a seguir”, decía. No en la comparación directa, sino en la mentalidad y la ambición.
También sorprendía con otra declaración: su deseo de entrenar algún día a Casper Ruud, atraído por la estructura de trabajo del noruego. Una muestra de su obsesión por aprender y perfeccionarse.

El título en Río no solo representa el primer campeonato ATP de Etcheverry. Es la confirmación de un proceso. De aquel joven que dudaba de sí mismo antes de Roland Garros al campeón que soportó el desgaste físico, la presión y los fantasmas para levantar el trofeo en Brasil.
En 2023, Grinóvero cerró la entrevista con una frase potente cuando le preguntaron si hubiera sido su propio entrenador: “A Wally Grinóvero le faltó Wally Grinóvero”.
Hoy, Tomás Etcheverry sí tiene a su Wally. Y juntos escriben una de las historias más sólidas y prometedoras del tenis argentino actual.
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