Hace ya 15 años, desde la sala ubicada en Antonio Rivero 1835, los tambores de La Tarambana comenzaron a sonar y su música se hizo escuchar en diferentes espacios de la capital provincial. Al aire libre o bajo techo, los y las tarambanas se convirtieron en una fuerza musical que creció y se consolidó con identidad propia.
Ante los altos costos generales de mantenimiento que implica el funcionamiento del espacio, sus integrantes dieron a conocer que la sala cerrará sus puertas a fin de mes.

“Es mucha la gente que ha pasado en estos 15 años por el espacio cultural y eso lo queremos destacar porque no es sólo la banda, La Tarambana, se trata de un espacio cultural de formación, de compartir, un semillero de percusión, de música, canto y danza, pero lamentablemente ya no podemos seguir sosteniendo económicamente el espacio que venimos alquilando de manera independiente. Tuvimos que tomar la decisión de irnos de acá, por el momento, sin un lugar fijo adonde trasladarnos, pero siempre con la esperanza de que surja algún espacio y poder seguir con el espacio cultural”, cuenta Laura “La pela” Andreone a La Opinión Austral.
Diego Pedicone llegó a los talleres hace años, luego se incorporaría a Kondú, el grupo de percusión y danza afro y a La Tarambana, el grupo de percusión con señas. Llegó como muchos sin experiencia previa en percusión. “Vine con las manos, nada más”, dice para rápidamente reconocer: “Me enamoré de la percusión”.
Cristina Coronel se sumó hace 13 años. “Vi un cartelito de Cristian Borden, él ha sido mi primer profesor. Lo llamé y le aclaré que no era joven, se me cortó y él me llamó de nuevo y me dijo: ‘No, la percusión no tiene edad, no tiene género, no es cuestión de tener tambores, ni tener conocimiento de música, es tener ganas’“, recuerda. Así, Cristina llegó a la sala y se reencontró con un sentimiento que anhelaba. “Me reencontré con la alegría que había perdido con algo que me pasó en el 2007. Es gente maravillosa, no se puede explicar, es como una familia. Si alguien no viene uno pregunta ‘¿por qué no venís? ¿Qué te pasa?'”.
“Nunca pensé que este día iba a llegar”, admite, pero rápidamente destaca “La Tarambana ha sido referente en la percusión de Santa Cruz, antes no había no había percusión afrolatina en la provincia. Se ha perdido el espacio físico, pero no la conexión entre nosotros“.
En modo nómade
A fin de mes, La Tarambana dejará la sala. “Es importante un espacio cultural porque estamos anclados al barrio, siempre que pudimos salimos a tocar en los carnavales con el Jardín ‘Barrilete Viajero’ que está a la vuelta. Sabemos que la vecina que es peluquera está atenta a que nadie se meta a la sala y la familia Borden está a la vuelta. Estamos anclados a una comunidad e irse de este espacio es como dejar una comunidad, un espacio que era semillero”, dice “La pela”.
“No somos cuatro paredes, pero es importante que exista están los espacios físicos en las comunidades”, subraya y expone que “es una cadena de cosas que lleva a que hoy ya no se pueda sostener, con el dolor que nos significa cerrar un lugar, pero, siempre, con la esperanza de conseguir otro“.
“Es un espacio cultural autogestivo, la música al sonar de los tambores es transportadora de alegría, de amistad ante tanto caos y desencuentro. Me reencontré con la alegría”, reafirma Cristina.
Diego adelanta que “vamos a seguir en las redes y a pesar de que no vamos a un espacio físico durante un tiempo estable, no significa que el proyecto termine. La cultura es algo más grande que un espacio físico“.
“Si el día está lindo saldremos a la calle y sino, en alguna casa, la idea es siempre es seguir juntándonos, como dijo Cristina, somos, sobre todo un grupo humano, y creo que es las cosas que se hacen con amor siguen creciendo“, expresa “La pela”.
Para cerrar, saludó “a todas las personas que fueron parte de este espacio, no sólo de las bandas, también a los que vinieron a los talleres, mucha gente de Río Gallegos y de toda la provincia pasó por este lugar, un beso a todo el mundo y a toda la gente que nos está mandando amor, muchas gracias”.
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