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El TPS o Turismo Pista Santacruceño que naciera en los finales de los años 60 como la categoría del momento, la “dosmil” o la Turismo hasta dos litros o como se la quiera llamar, ha sufrido en los últimos años una serie de variantes que han afectado notablemente su presencia debido principalmente a los altos costos que presupone el mantenimiento de autos que están a la altura de un auto del “Pista” en la clase 3, a lo que se asemejan mucho.
En un principio cuando esta historia se inició con la Vuelta de la Provincia de 1969, donde aparecieron los Peugeot 404 y los Fiat 1500 incluida la cupecita líder de la marca italiana, no se pensó que a través de los años se llegaría a contar con una especialidad tan cercana a una “nacional” como el “Pista”, pero hoy los hechos y los números dicen otra cosa y si bien en un tiempo las marcas fueron Fiat y Peugeot, las cosas fueron cambiando.
Luego de aquellos primeros autos y pilotos y recordamos a los comodorenses como Norman Williams o a los locales como Carlitos Lafuente, la época de las carreras de larga duración como las 24 Horas, las 6 Horas de Santa Cruz, el gran Premio del Carbón y las carreras de ruta, pusieron de manifiesto la rivalidad que existía entre la cupe Fiat y el Peugeot 504 y parecía que esto seguiría así por siempre.
Sin embargo la presión de algunos otros como Eduardo “Chiqui” Garcia por incorporar un VW Gacel, o Marito Ojeda por introducir un Renault, tuvieron asidero a lo largo del tiempo y entonces las variantes fueron muchas y muy variadas y hubo que regular con criterio el reglamento, lo que no fue fácil para equilibrar marcas, motores y performances, pero se fue llevando en el tiempo transitando todos los sectores del autódromo local, para ser en definitiva la categoría “espectáculo” .
Luego con la presidencia de la categoría en manos de un avezado piloto como Roberto Vido, se cambió el nombre y dejó de llamarse la “2000” para pasar a ser el TPS, ordenada con la época y con el arribo de Carlos “Paleta” Cárdenas, su acercamiento al Turismo Pista fue mayor aún, donde incluso hasta se copiaron reglamentos y situaciones, porque no copiar lo que funciona es una tontería y en esto tenían razón, pero lo que cambió también en el tiempo fue la situación económica.
Hoy algunos de esos autos tienen todavía un amortiguador “Penske” norteamericano que vale mas o menos como la mitad de un auto cero kilómetro, o escapes de aluminio o elementos periféricos de muy alto costo que hacen imposible un mantenimiento normal y parejo, y ni hablar de un juego de pastillas de freno que son argentinas pero valen como si fueran europeas, y lo que parecía que era fantástico, pasó a ser “carísimo” a tal punto que una carrera del zonal hoy en día podría costar un mínimo de 4 o 5 millones de pesos por 15 vueltas a la pista, porque nadie tampoco se quiso “bajar” para perder posibilidades de estar en la “élite” del automovilismo deportivo.
La sumatoria de lo que cuestan los neumáticos, la amortiguación moderna y lo permitido reglamentariamente, hacen que solo unos pocos puedan poner en marcha un auto de ésta naturaleza y esto conspira contra la categoría y contra los amantes del TPS que nada pueden hacer y entonces, varios lo van dejando en el recuerdo o en el olvido y pasan a otras categorías que les rinden otros beneficios.
Si hacemos un recuento de los autos que están en plaza, es probable que tengan mas unidades que los Fiat 1600 o que otras categorías, pero ponerlos en marcha obliga a un costo superlativo que no muchos pueden o quieren en estos tiempos, y entonces la categoría duerme sus sueños de gloria, los que vivió en las grandes realizaciones en ruta o en larga duración, recuerdos imborrables de otro tiempo, o cuando llenó el autódromo porque los pretendían ver en su accionar.
Con este panorama y a pesar de que algunos detractores dicen que no saldrá mas, hay quienes piensan que no es así y que el tiempo podrá mejorar lo que se vivió y adaptarlo a una realidad económica que es muy distinta, y quizás una sola comparación sirva para probar lo que se afirma: hace unos 10 años atrás, un neumático de competición costaba el 5 por ciento del sueldo de un empleado público y hoy, un neumático de competición cuesta el 35 por ciento del sueldo de un empleado público.
Si esto tiende a cambiar en el futuro, habrá posibilidades y de no ser así, seguirán añorando otro tiempo y otras historias en la lucha contra el bolsillo de todos.
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