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Durante mucho tiempo, hablar de malambo significaba imaginar hombres zapateando. Fuerza, destreza, botas y una tradición transmitida durante generaciones construyeron una imagen casi exclusivamente masculina. Pero algo empezó a cambiar. Cada vez son más las mujeres que se apropian de esa expresión y encuentran allí un lugar propio.
Alina Páez es parte de esa generación. Tiene apenas 20 años, vive en el barrio Mirador de Caleta Olivia y desde muy chica hizo de la danza una parte fundamental de su vida. Hoy no solamente baila: también es profesora de Danza Clásica y Danza Contemporánea. Sin embargo, entre las diferentes disciplinas que atravesaron su formación, hubo una que terminó provocándole algo distinto.
El Campeonato Nacional De Malambo Femenino 2026 se realizará del 7 al 12 de octubre en el Anfiteatro Solar De Piedra, en Tanti, Córdoba
En La Opinión Austral presentamos a una figura que logró su objetivo y no para de crecer. Sueña a lo grande: de Santa Cruz al mundo.
“Es verdad que el malambo siempre se vio y se trabajó sobre los varones y relativamente hace poco las mujeres también fuimos adentrándonos. La verdad que es re lindo porque podés trabajar todo dentro del malambo”, cuenta Alina. Su acercamiento no ocurrió de un día para otro, ni fue circunstancial. Dentro de Neo Dance Estudio y El Entrevero Malambo, una de sus compañeras había sido la primera en animarse. Después llegaron las demás. Alina comenzó con trabajos grupales y combinados. Hasta que apareció otro desafío: quedar sola y asumir el escenario con su impronta personal. Con zapateo, público y jurado.
Con los profesores Luciano Quipildor y Daniela García comenzó entonces un proceso diferente, destinado no solamente a mejorar la técnica, sino a encontrar su propia identidad como malambista. “Cuando estás sola tenés que demostrar todo. A mí me costó porque nunca había hecho algo sola, menos en malambo. También es trabajar la confianza, la seguridad. Fue un proceso difícil, pero después te terminás acostumbrando y hasta te termina gustando”, reconoce.
Tres minutos para contar una historia
Una presentación puede durar apenas tres o cuatro minutos. Parece poco. Para Alina, en cambio, allí tiene que entrar todo. La técnica, el esfuerzo de meses de entrenamiento, la música, el vestuario, la personalidad y, fundamentalmente, aquello que quiere transmitir. “Tenés que ir creciendo desde la primera mudanza hasta la última. Todo va desde la interpretación, que es lo que siempre tratamos de trabajar con los profes”, explica.
Y hay devoluciones que demuestran que ese mensaje logra atravesar el escenario.
“Después la gente te decía ‘me llegó’, ‘me hiciste llorar’, ‘lo disfrutaste mucho’. Desde ese lado llega el malambo. Más allá de lo técnico, que es lo que puede ver el jurado, la interpretación es lo que más llega”. Esa búsqueda la llevó a competir en el preselectivo del Campeonato Nacional de Malambo Femenino realizado en Cañadón Seco, dos jornadas en las que confluyeron bailarinas de distintas edades y localidades.
Para ella había algo especial: por primera vez podía competir como aspirante a campeona nacional. Cumplir 20 años le abrió la puerta de la categoría principal. “Este año fue mi primera vez porque logré cumplir los 20 años que tenés que tener para participar de la categoría. Fuimos seis aspirantes y poder compartir con todas ellas fue una experiencia muy linda”, recuerda.
Páez consiguió la clasificación y ahora tiene por delante el desafío mayor: del 7 al 12 de octubre estará en Tanti, Córdoba, en el Campeonato Nacional. No será, sin embargo, su primera experiencia allí. El año pasado representó a Santa Cruz en la categoría Juvenil Femenino de Malambo y terminó como subcampeona nacional.
“Es mucha responsabilidad y hay que seguir trabajando mucho más. Esta categoría, más allá del malambo y de la técnica, también tiene mucho de madurez y de interpretación. Es otro rol porque ya somos mujeres, somos más grandes, y eso es a lo que aspira esta categoría”.
Llevar un pedazo de Santa Cruz
Si algo tiene claro Alina es qué quiere mostrar cuando salga al escenario. Ella practica malambo sureño, una variante que se ejecuta descalza y que propone una construcción diferente a la potencia sonora de las botas del estilo norteño. “Yo realizo el estilo sur, que es descalzos y es mucho más tranquilo. Tiene eso de que va en crecimiento. El estilo norte también puede ir subiendo, pero es mucho más eufórico, por así decirlo, y más ruidoso por la bota fuerte”. Su propuesta, además, no podría haberse pensado en cualquier lugar del país. Y tiene en esencia el ADN Patagonia. Está inspirada en el choique y construída musicalmente a partir de la obra de Rubén Patagonia. “Queríamos que toda la propuesta estuviera ambientada y fuera acorde, que fuera muy patagónica, para llevar algo de Santa Cruz al Nacional y que sea bien propio de acá”, dice.
Nada quedó librado al azar. El vestuario también nació como parte de esa construcción colectiva. “Todo lo hicimos con los profes, desde cortar cada pluma hasta coser cada fleco. Tratamos de hacerlo nosotros. Ser parte de tu propio vestuario también es parte del proceso”.
Peinado, maquillaje, música, movimientos y vestimenta terminan contando una misma historia: la que Alina pretende llevar desde el norte santacruceño hasta Córdoba.
“Las mujeres van a arrasar con todo”
Alina no siente que lo suyo sea un caso aislado. Lo comprueba cada vez que llega a una competencia y observa la cantidad de chicas que esperan su turno para subir al escenario. Hay niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres adultas. Y cada vez son más. “Es impresionante el nivel de las malambistas. Hay un montón y de todas las edades. En algunas categorías había diez participantes, pero todas con un buen nivel. Eso demuestra que tienen ganas, quieren hacer malambo y les gusta”.
Para ella, detrás de ese crecimiento existe algo más profundo que una tendencia artística. Hay un cambio generacional y cultural que también atraviesa al folclore. “Estas nuevas generaciones son las que van formando estos espacios para que también la mujer pueda realizar distintas danzas que quizás antes no hacía o no podía hacer”, reflexiona.
Y lo resume con una frase que expresa el espíritu con el que vive este momento: “Esta es una generación de mujeres que va siempre para adelante, que se anima a hacer todo. Las mujeres van a arrasar con todo y el malambo es un hecho claro de eso”.
El esfuerzo detrás del escenario
Llegar a un Campeonato Nacional también tiene una historia que el público no siempre ve. Viajar, preparar el vestuario, entrenar y competir implica gastos. Alina trabaja como profesora en el estudio y también tiene emprendimientos propios. Su familia es uno de sus principales sostenes. Y cuando hace falta dinero para continuar, aparece una receta conocida por muchas familias de artistas y deportistas de Santa Cruz: trabajar un poco más. “Somos personas que trabajamos para poder conseguir lo que queremos. Si necesitamos comprar una plumita para el corset o unas botas, hacemos una venta de pollos, vendemos numeritos o bandejitas materas”, relata.
De cara al viaje a Córdoba volverán las ventas y las distintas actividades para reunir fondos. Porque detrás de esos tres minutos sobre un escenario hay meses de trabajo. Y también hay un proceso personal. “El malambo te trae muchas cosas y te llena de sentimientos, porque es darlo todo dentro de tres minutos, dar lo máximo estando sola y poder transmitir”, define. Para Alina, además, lo aprendido no termina cuando deja de sonar la música. “Trabajás personalmente, no solamente en el malambo sino como persona para toda la vida. Trabajás la confianza, la seguridad y cómo transmitir tus sentimientos. Quizás personalmente no lo hacés, pero en el malambo te podés desahogar”. Descalza y con el ritmo del malambo sureño, Alina Nair Páez buscará que aquellos pocos minutos alcanzan para contar de dónde viene. Y también para mostrar hasta dónde quiere llegar.
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