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En tiempos difíciles, donde sostener un hogar y apostar por el futuro de los hijos se vuelve un verdadero desafío, una familia de Caleta Olivia decidió transformar la necesidad en una oportunidad cargada de creatividad, amor y trabajo en equipo. Así nació el “Trencito Patagónico”, un emprendimiento artesanal destinado a los más pequeños que ya se convirtió en una atracción de la costanera local.
“Como familia estamos muy contentos por el recibimiento que tuvo el trencito. La gente lo recibió muy bien y eso nos motiva a seguir adelante”, expresó Rubén Luis, creador de esta iniciativa a La Opinión Austral. El proyecto surge como una extensión de su reconocido emprendimiento Acuarelas, dedicado a actividades artísticas para niños, pero con una propuesta pensada especialmente para los más chiquitos.

La idea fue simple pero poderosa: mientras los hermanos mayores pintan, los más pequeños pueden pasear y disfrutar del aire libre. Así, el trencito recorre la costanera llevando risas, música, luces, curiosidad y asombro a cada niño que se sube.
Lo más destacable es que el Trencito Patagónico fue construido casi en su totalidad con material reciclado. Los vagones están hechos con tambores plásticos de 200 litros; las caritas fueron moldeadas con bases de termotanques, engrudo y papel; y la estructura se armó con hierro recuperado de una reja comprada en una chatarrería.
Las butacas de madera fueron fabricadas y tapizadas por la propia familia, con cinturones de seguridad y cascos para cada niño, garantizando protección y comodidad durante el paseo.

“Se trata de emprender reutilizando lo que ya tenemos, darle otra vida a materiales que muchos descartan”, explicaron. El armado del proyecto demandó varios meses de trabajo desde finales del año pasado, con el objetivo de tenerlo listo para la temporada de verano.
El impacto en la comunidad fue inmediato. Durante las primeras noches, el trencito funcionó hasta pasada la medianoche debido a la gran cantidad de familias que se acercaban. Incluso se trasladaron a distintos sectores de la costanera para responder a los pedidos del público.
“Los nenes no se quieren bajar, quieren seguir dando vueltas. Eso es lo más lindo.Estamos muy agradecidos por cómo nos recibieron. Todo esto nos impulsa a seguir”, contó Gladys Arizaga, esposa de Rubén.

Las redes sociales también jugaron un rol clave: mensajes de apoyo, bendiciones y palabras de aliento fortalecieron el ánimo familiar.
Pero detrás del emprendimiento hay una historia aún más profunda: el objetivo principal es ayudar a sostener los estudios universitarios del hijo mayor de la familia, Dario, quien este año comenzará la carrera de Turismo en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA).
“Para nosotros es muy importante que la comunidad sepa que esto es para ayudar a que un joven de Caleta Olivia pueda profesionalizarse. Él salió con el mejor promedio del colegio y estamos muy orgullosos”, expresó su papá visiblemente emocionado.
El proyecto se convirtió así en una muestra concreta de valores como el esfuerzo, la unión familiar y la importancia de apostar a la educación. Cada paseo del Trencito Patagónico representa un paso más hacia el futuro de un joven que sueña con formarse y aportar a su ciudad.

En una costanera que se llena de risas infantiles, el Trencito Patagónico avanza despacio pero firme, demostrando que, con creatividad, trabajo y amor familiar, los sueños también se construyen sobre ruedas recicladas.
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