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La mañana de este jueves 27 de agosto estuvo marcada por la segunda audiencia del juicio por el  homicidio de Nicolás Antonio “Toño” Tula, que tiene como imputado a Cipriano Alarcón Hernández. El crimen, uno de los más violentos de los últimos años, ocurrió el 6 de mayo del 2023 en la zona rural de la localidad de Las Heras.

El tribunal está presidido por el juez Juan Pablo Olivera, acompañan los vocales Mario Albarrán y Griselda Bard; en Fiscalía estarán los doctores Carlos Rearte y Ariel Candia (fiscal de Las Heras que elevó la causa a juicio); y, tal como lo había comentado Brenda Tula a La Opinión Austral, la familia no pudo contratar un abogado particular, por lo que en el juicio no hay querella.

Cipriano “Chipi” Hernández Alarcón en la sala junto al abogado del Estado Deocaret Sedán. FOTO: TAMARA MORENO/LA OPINIÓN AUSTRAL

La médica forense Alejandra Gil, integrante del Poder Judicial, fue la segunda en declarar, luego del efectivo Luis Agustín Maldonado de la Policía de Santa Cruz, en el juicio por la muerte “Toño” Tula y explicó las conclusiones de la autopsia. Una de las sobrinas de la víctima estuvo presente y se quebró al escuchar los escalofriantes detalles.

Señaló que el cuerpo presentaba múltiples heridas cortantes producidas antes del arrastre, mientras que las lesiones en el rostro, la pérdida de piezas dentales y las heridas en la zona genital se habrían provocado por el desplazamiento sobre una superficie dura. La causa de muerte fue un shock hipovolémico por la pérdida de sangre.

“Toño” Tula, el peón asesinado en Las Heras.

La profesional, que estuvo a cargo la autopsia realizada al cuerpo de la víctima, describió el estado en el que fue encontrado el cuerpo y detalló que presentaba hundimiento de ambos globos oculares, ausencia de la nariz, pérdida de piezas dentales, pérdida de los testículos, desfiguración del rostro y roturas en la vestimenta.

Según explicó, esas lesiones fueron compatibles con el arrastre del cuerpo sobre una superficie dura e irregular, con piedras u otros elementos que habrían impactado contra la víctima durante el desplazamiento.

“No fue una agresión directamente hacia los genitales, sino el conjunto de las lesiones de arrastre”.
El fiscal de Cámara Carlos Rearte y el fiscal de Instrucción Ariel Candia. FOTO: TAMARA MORENO/LA OPINIÓN AUSTRAL

Respecto de la distancia o el tiempo durante el cual el cuerpo habría sido arrastrado, la forense sostuvo que no podía establecer una medida exacta. Señaló que para determinarlo debían considerarse distintos factores, como el elemento utilizado, la velocidad del desplazamiento y las características del suelo.

“Probablemente ha sido una distancia importante, pero no lo puedo asegurar”.

Uno de los puntos centrales de la declaración fue la diferenciación entre las lesiones cortantes y las producidas por el arrastre. Gil confirmó que las 34 heridas provocadas por un elemento filoso fueron anteriores al desplazamiento del cuerpo.

El acusado, Cipriano, durante la primera jornada. FOTO: TAMARA MORENO/LA OPINIÓN AUSTRAL

La profesional detalló que varias de esas heridas comprometieron órganos vitales. Entre ellas mencionó una lesión en el tórax que afectó el corazón y el pulmón izquierdo, con compromiso de la aurícula, el ventrículo izquierdo y perforación del pericardio.

Explicó que una herida de esas características podía provocar un taponamiento cardíaco, debido a la acumulación de sangre en el espacio que rodea al corazón, lo que impide que el órgano continúe latiendo con normalidad.

También describió una lesión en el cuello de aproximadamente 13 centímetros de longitud, con entrada por la cara lateral izquierda y salida por la cara lateral derecha. La herida comprometió la tráquea y, según la médica, se trató de una lesión que puso en peligro la vida.

Primero declaró Luis Agustín Maldonado, efectivo de la Policía de Santa Cruz y productor agropecuario, quien declaró en la segunda audiencia por el crimen del peón rural Tula. FOTO: TAMARA MORENO/LA OPINIÓN AUSTRAL

Gil explicó que, en determinadas circunstancias, una persona podría sobrevivir a una lesión de ese tipo si recibe atención médica inmediata. Sin embargo, consideró que en el caso de Tula no tuvo posibilidades de salvarse debido a la gravedad y multiplicidad de las heridas.

“Todas las lesiones que presentó Tula fueron debido a que se desangró”.

Durante el interrogatorio se mencionaron heridas en el pulmón, el corazón, el hígado, el riñón y el estómago. La profesional indicó que varias de esas lesiones, consideradas individualmente, podían poner en riesgo la vida si no se recibía atención médica urgente.

En el caso del estómago, explicó que una herida podía generar una hemorragia y una irritación química dentro de la cavidad abdominal. En cuanto al epiplón y el mesenterio, señaló que se trata de tejidos que recubren y sostienen los intestinos y que, aunque el organismo puede intentar contener algunas lesiones, igualmente requieren atención quirúrgica de urgencia.

El acusado, Cipriano, durante la segunda y última jornada de testimonios. FOTO: TAMARA MORENO/LA OPINIÓN AUSTRAL

Durante las preguntas de la defensa, se hizo referencia a la presencia de restos de tierra en la tráquea, un dato consignado en el informe de autopsia. La médica explicó que ese hallazgo permitía inferir que la víctima había respirado en algún momento mientras estaba en contacto con tierra. Sin embargo, aclaró que no podía determinar con precisión cuándo ocurrió ni si fue en el lugar donde fue encontrado el cuerpo o durante el traslado.

No observó signos de tortura

La médica forense fue consultada acerca de si las lesiones del rostro, la nariz, la zona genital y los dientes podían corresponder a actos de tortura previos al arrastre. Según explicó, las lesiones mencionadas eran compatibles con el desplazamiento del cuerpo sobre el terreno.

“No me impresionó como tortura, por eso no lo describí”.

No obstante, señaló que se observaron marcas de ataduras en ambas muñecas. Durante la audiencia no pudo precisar con qué elemento fueron producidas ni cuánto tiempo permanecieron esas marcas.

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