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La recurrente aparición de ejemplares muertos de Ballena Franca Austral en la costa de la provincia de Chubut, genera preocupación.
“Es una temporada difícil, la mortalidad de los cachorros ha sido elevada este año, más elevada que en los años anteriores, es un fenómeno que se produjo más o menos desde el mes de junio y que ha finalizado en las últimas semanas”, señaló el biólogo, investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), Mariano Coscarella, a Radio LU12 AM680.
Al respecto, explicó que los cachorros “han sido enfermados por una bacteria que vive normalmente en la piel de los animales, que también está en el agua, que también está presente en peces, pero que este año, se ha convertido en patógena y ha generado una infección generalizada en el cuerpo de las crías nacidas y las ha matado”.
Sobre el diagnóstico de erisipela, destacó “el gran trabajo por parte del Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral que dirige la doctora Marcela Ward. Aunque todavía falta el reporte final, ha podido confirmar la presencia de esta enfermedad”.

“Pensábamos que ya a estas alturas de la temporada ese problema terminó, pero justamente en el fin de semana largo, empezaron a aparecer ballenas adultas muertas y pensamos que no se trata del mismo fenómeno”, indicó y amplió que “no presentarían, a priori, signos de infección por esta bacteria. Lo que sí presentarían son algunos indicios compatibles con lo que se llamó intoxicación por marea roja y es lo que sucedió en el 2022 y en el 2024, donde ballenas adultas murieron intoxicadas por toxinas producidas por algas y microorganismos flagelados que producen la marea roja”.
En este marco, repasó: “Son dos fenómenos distintos que se dan en una misma temporada y esto causa preocupación. Hasta ahora no encontramos una prueba de que alguna acción directa del hombre sea la causante de las mortalidades, esto no significa que no haya responsabilidad indirecta, pero directamente no estamos encontrando ninguna causa relacionada con la acción del hombre”.
Cómo afecta a la población
Consultado sobre las consecuencias que puede traer en la población, recordó: “Comenzamos a trabajar sobre la dinámica poblacional de la ballena con el Dr. Crespo desde el Laboratorio de Mamíferos Marinos del Centro Nacional Patagónico, allá por el año 99. Cuando empezamos a hacer los primeros conteos, contamos 400-500 ballenas, 100-150 crías”.
“El año pasado contamos 2.110 ballenas con 816 crías nacidas. El crecimiento de la población ha sido realmente importante. Este año contamos 1.375 ballenas, pero son fluctuaciones que se dan. Es probable que la pérdida de una camada de ballenatos o de algunos ballenatos de una camada no sea un evento que ponga en peligro la continuidad de la población. Todavía los números están dentro de lo razonable para los adultos muertos, esto es algo que todavía no podemos evaluar”.
“Como hay viento norte y un poco oeste, soplando permanentemente en el Golfo Nuevo, los cuerpos terminan en zonas que son habitualmente utilizadas por la gente. Y hay un enorme trabajo por parte de la gente del Municipio de Puerto Madryn para retirar los cuerpos, porque uno no puede tener 40- 50 toneladas de carne pudriéndose en la playa donde la gente va a trabajar. Y esto es lo que genera también esta explosión mediática porque en realidad las ballenas se mueren todos los años, pero quedan en una playa alejada, no es que nadie las ve, sino que no representan un peligro para la salud pública“.
Por último, insistió: “No importa si es una ballena de 50 toneladas, un delfín de 40 kilos o un lobo marino, si ve un animal muerto en la playa, intente no tocarlo, mantener una distancia de un par de metros y dar aviso a las autoridades para que sea retirado“.
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