Your browser doesn’t support HTML5 audio
Hay historias que se escriben con palabras y otras que quedan grabadas para siempre en la memoria colectiva. A 44 años de la Guerra de Malvinas, el escultor y excombatiente Darío Julio Klehr —veterano de la Infantería de Marina— busca transformar uno de los capítulos más conmovedores de la posguerra en una obra de arte que quedará emplazada en Puerto Madryn: el gesto solidario de los vecinos que recibieron a los soldados argentinos con pan caliente cuando regresaban del conflicto.

La fecha elegida para comenzar el trabajo no es casual. El 19 de junio recuerda la llegada de los primeros prisioneros de guerra liberados tras el conflicto bélico de 1982. Aquella jornada quedó inmortalizada en la memoria de la ciudad que se quedó sin pan porque sus habitantes entregaron toda su producción a los jóvenes soldados que regresaban exhaustos, hambrientos y marcados por la guerra.
Darío conoce esa historia de primera mano. Fue uno de los hombres que combatió en las islas como integrante de la Compañía de Ingenieros Anfibios de la Infantería de Marina. Llegó a Malvinas siendo un conscripto experimentado y participó en la construcción de campos minados en primera línea junto al Batallón de Infantería de Marina N°5. “Nosotros fuimos a Malvinas a hacer campos minados. Ya éramos soldados viejos, los que no nos íbamos de baja. Después quedamos en medio del conflicto y nos tocó vivir la guerra”, recordó a La Opinión Austral.
Su experiencia fue distinta a la de muchos otros combatientes. Tras la rendición permaneció un mes como prisionero de guerra antes de regresar al continente. Por eso no estuvo presente en aquel histórico recibimiento del 19 de junio. “Yo no tuve el placer de comer un pan ese día porque volví un mes después. Recién llegué el 14 de julio de 1982. Pero ese gesto se convirtió en un símbolo para todos nosotros”, explicó.

Antes de la guerra, las islas eran para él apenas un concepto aprendido en la escuela. La realidad cambió cuando puso los pies en el archipiélago. “Cuando llegamos nos encontramos con algo totalmente distinto. Los isleños respetaban los símbolos ingleses, tenían otra cultura, manejaban por la izquierda, los vehículos tenían el volante del otro lado. Era un lugar que geográficamente se parecía al sur argentino, pero culturalmente era otra cosa”, recordó. Sin embargo, lo que permanece intacto en su memoria son los compañeros que quedaron en las islas. “Todos los días me acuerdo de Pachanga Ordóñez, un santiagueño que era mi ayudante de ametralladora. Él murió en Malvinas. Tuvimos varios amigos que quedaron allá y muchos heridos también. Cuando hablamos de Malvinas siempre aparece ese nudo en la garganta. Nombrar a nuestros héroes produce un dolor que no se puede manejar“, confesó. “Somos muy sensibles con este tema. Enseguida aparece una lágrima porque volvemos a recordar todo lo que vivimos”.
Una escultura para la memoria
La obra que comenzó a tallar en Puerto Madryn busca representar precisamente ese encuentro entre la población civil y los soldados que regresaban del conflicto. El proyecto surgió luego de varios años de amistad con Daniel Belmar, referente del Centro de Veteranos de Guerra de Puerto Madryn. Klehr no sólo es excombatiente. También es escultor, docente y director de un museo en Buenos Aires. Su trayectoria lo llevó a restaurar monumentos emblemáticos de Puerto Madryn, como el monumento al Indio Tehuelche y la obra dedicada a los colonos galeses. Ahora regresó a la ciudad con un objetivo profundamente personal.
La escultura mostrará a una mujer madrynense entregando pan a un soldado que se encuentra sobre un camión. Otros militares acompañarán la escena, reflejando aquel momento histórico que convirtió a la ciudad en símbolo de solidaridad. “Quiero hacer una mujer con rasgos galeses y vestimenta de época. La idea es que esté entregando un pan a un soldado que lo recibe desde arriba del camión. También habrá otros soldados observando y uno sosteniendo ya el pan en sus manos”, detalló. El trabajo comenzó con algunas dificultades. Las motosierras prestadas presentaban problemas mecánicos y las herramientas disponibles no eran las adecuadas para una escultura de semejante envergadura. “Tengo apenas dos días y medio para trabajar ahora. Voy a avanzar todo lo posible y regresaré en verano con mis máquinas para terminar los detalles”, explicó. La obra quedará planteada en esta primera etapa y será concluida durante los primeros meses del próximo año.
Madryn, una ciudad distinta
Para Klehr, la elección de Puerto Madryn como escenario de esta obra tiene una razón muy profunda. El escultor asegura que el vínculo entre la ciudad y los veteranos de guerra es único en Argentina. “Yo conozco prácticamente todas las provincias del país porque participo en encuentros y bienales de escultura. Hay lugares donde se respeta mucho a los veteranos, como Chaco o Corrientes, pero lo que pasa en Puerto Madryn no se vive en otro lado”, afirmó. Según su mirada, la ciudad conserva intacta la memoria de aquellos días de 1982.
“Madryn fue la cuna del recibimiento a los soldados. Acá la gente lo vivió en carne propia. Tienen un centro de veteranos, un museo, monumentos que la comunidad cuida y respeta. No los vandalizan. Existe un cariño genuino hacia quienes estuvimos en Malvinas”. La comparación con Buenos Aires es inevitable. “En Capital Federal cuatro vecinos saben que estuve en Malvinas. El resto ni siquiera conoce mi nombre. Acá, en cambio, el respeto existe de verdad”.

Más allá del homenaje a los veteranos, Darío cree que la escultura servirá para transmitir una historia que no debe olvidarse. Cada vecino que pase frente a la obra podrá recordar aquella jornada en la que Puerto Madryn se convirtió en refugio emocional para miles de jóvenes que regresaban de la guerra y será también una manera de mantener viva la memoria de quienes no volvieron. “Porque detrás de cada soldado que recibió un pan había compañeros que habían quedado en las islas, familias esperando noticias y una sociedad que comenzaba a comprender la dimensión humana del conflicto”, resumió en diálogo con La Opinión Austral.
Con la motosierra como herramienta y los recuerdos como guía, Darío talla mucho más que madera. Está esculpiendo una parte de la historia argentina, una historia donde el pan compartido se transformó en símbolo de gratitud, solidaridad y memoria colectiva.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia