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La internación de un hijo cambia la manera de mirar todo lo que sucede alrededor. Para Gabriela Crespo, mamá de Milo, permanecer durante meses en el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia significó conocer de cerca el trabajo del personal de salud, pero también las necesidades que enfrenta a diario para atender a los pacientes.
Después de pasar dos meses en la Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica (UTIP), Gabriela advirtió que las heladeras del servicio, que también habían sido donadas, se habían roto. La situación la llevó a pensar en una manera de colaborar con el equipo que acompaña a su hijo.
“Estuvimos dos meses en UTIP con mi bebé y empecé a notar las faltas y la magia que hacen las enfermeras con lo que tienen”, contó en diálogo con La Opinión Austral.
La idea surgió durante una charla con la jefa de enfermería. “Un día, charlando con ella, le dije: ‘Mari, voy a hacer una colecta y te voy a conseguir una heladera’”, recordó.
Aunque tenía claro el objetivo, al principio le costó dar el primer paso. Después de ser trasladada a una habitación del área de Pediatría, siguió pensando cómo organizar la iniciativa y de qué manera pedir ayuda.
“Me daba vergüenza, la verdad. No sabía cómo armar la publicación y me daba cosa, nunca hice nada así”, reconoció.
Una colecta que superó las expectativas
Finalmente, Gabriela preparó un flyer y lo compartió en sus estados de WhatsApp y en Facebook. Su objetivo inicial era reunir el dinero necesario para comprar una heladera, cuyos valores oscilaban entre los $900.000 y $1.300.000.
Sin embargo, la respuesta de la comunidad superó ampliamente sus expectativas. En apenas dos días, la publicación se viralizó y los aportes permitieron superar los $2 millones, lo que abrió la posibilidad de adquirir otros elementos necesarios para el servicio.
“Mi idea era solo llegar a comprar la heladera. Averigüé los valores y eso mismo puse en la publicación, pero en dos días se viralizó y pasamos ampliamente ese tope”, relató.
Frente a la respuesta solidaria, Gabriela decidió consultar al personal de enfermería qué otros elementos necesitaban. Entre ellos, tenía en mente los termómetros, ya que había escuchado que contaban con pocos y que, en ocasiones, algunos padres se los llevaban por error al pensar que eran para uso personal.
La experiencia de estos meses le permitió advertir que la falta de insumos puede convertirse en una dificultad cotidiana para quienes trabajan en el hospital.
“Ves a diario cómo trabajan y lo que les hace falta. A veces son insumos que hasta nosotros necesitamos y no hay, o tardan mucho en llegar cuando los piden. Hay que resolver en el momento con lo que hay”, explicó.
Más colaboración
Con el dinero recaudado, Gabriela elaboró una lista de necesidades y realizó una primera compra mientras Milo permanecía acompañado por su papá.
Además de la heladera, adquirió sábanas, sondas, termómetros, tensiómetros pediátricos, estetoscopios, oxímetros pediátricos y guías de alimentación enteral, entre otros insumos destinados a colaborar con la atención de los pacientes.
La heladera, uno de los elementos centrales de la colecta, es necesaria para conservar medicamentos, leches y otros productos de uso diario que requieren refrigeración.
La compró en Naldo, donde le ofrecieron un descuento después de conocer el motivo de la adquisición. Esa reducción del precio permitió destinar una mayor parte del dinero a la compra de otros materiales.
“Les comenté lo de la colecta y la razón, y nos bajaron el valor. Así que ellos también aportaron a la causa”, destacó.
La colecta continúa
La solidaridad no terminó con las primeras compras. Gabriela contó que continúa recibiendo dinero y que durante esta semana prevé adquirir más insumos para responder a las necesidades del servicio.
Para organizar las próximas compras, se contactó con un comercio de insumos médicos donde realiza los pedidos. Ahora puede gestionarlos por WhatsApp y coordinar el retiro con otra persona, una alternativa que le permite continuar con la iniciativa sin alejarse demasiado de su hijo.
“Mientras esté acá voy a seguir ayudando como pueda. Obviamente tengo mis limitaciones porque estoy con mi bebé, pero aprovecho los tiempos en que me lo permite y su papá está con él, que normalmente son los fines de semana”, señaló.
La repercusión de la campaña fue mucho mayor de lo que había imaginado. Lo que comenzó como una iniciativa para comprar una heladera terminó convirtiéndose en una colecta que reunió a numerosas personas dispuestas a colaborar.
“La verdad que no buscaba repercusión, más que comprar esa heladera, pero mucha gente se entusiasmó y hubo muchos aportes grandes de dinero”, expresó.
Mientras atraviesa la internación de Milo, Gabriela encontró una manera de transformar su experiencia en una ayuda concreta para otros pacientes y para el personal que los atiende. Su iniciativa nació de una necesidad que conoció de cerca y creció gracias al acompañamiento de una comunidad que respondió a su pedido.
Al finalizar, agradeció la posibilidad de visibilizar la situación del establecimiento y el trabajo que se realiza allí: “Este hospital es de la comunidad, tanto de Comodoro como de los alrededores”.
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