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Hay partidos que quedan para siempre en la memoria de un hincha. Para Leonardo Fernández, vecino de Río Gallegos, el Argentina-Inglaterra por las semifinales del Mundial fue mucho más que un encuentro de fútbol: fue la recompensa a años de esfuerzo, ahorro y sacrificio para cumplir el sueño de ver a la Selección Argentina en una Copa del Mundo.

En diálogo exclusivo con La Mañana de LU12 AM680, Fernández repasó las emociones de una jornada que difícilmente pueda olvidar.

“La locura no para. Fue tremendo. La verdad no podía creer que había llegado. Cuando uno se iba acercando al estadio y veía la inmensidad de ese lugar, además de encontrarse con tantos argentinos que hacía rato no veía, era una sensación increíble. Iba compartiendo todo con familiares y amigos y era una verdadera locura“, contó.

Desde Sarasota, donde permanece alojado desde el 1 de julio, emprendió un viaje de 18 horas para llegar al estadio y vivir el primer partido mundialista de su vida.

La fiesta dentro de la cancha continuó una vez consumado el triunfo argentino, aunque también dejó momentos de tensión. Fernández quedó ubicado en un sector repleto de simpatizantes ingleses.

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“Leo” con la bandera de su gimnasio de fondo.

“Me tocó estar en la hinchada inglesa, al lado de un norteamericano y un japonés que me hacían el aguante. Ellos me gritaron el gol en la cara y yo no les había hecho nada, solamente estaba tranquilo con mi bandera“, recordó.

Sin embargo, tras el pitazo final, la historia cambió.

Tengo un video bajando las escaleras donde están todos los ingleses sentados, con la cabeza gacha. Se la tuvieron que bancar“, relató.

Al salir del estadio comenzaron algunos incidentes.

“Vi que fueron a hacerse los pesados con un chico hindú que tenía la camiseta argentina. Lo salí a defender y los corrí. Después hubo piñas, personas arrestadas. La policía norteamericana separaba a todos, pero si seguías provocando te llevaban detenido.

Un sueño construido con años de sacrificio

Más allá de la experiencia deportiva, detrás del viaje hay una historia de perseverancia. Fernández trabaja en el Ministerio de Salud de Santa Cruz, en el área de depósito, donde recibe y distribuye insumos para hospitales. Además, cada tarde abre el gimnasio que instaló en su casa, donde entrena alumnos hasta la noche.

Durante años fue guardando dólares con un único objetivo.

Me habían sobrado dólares de un viaje a Brasil hace muchos años y seguí ahorrando porque quería ir a Qatar, pero nunca me alcanzó. No toqué esos ahorros y seguí juntando.”

La posibilidad de concretar el viaje apareció gracias a la ayuda de amigos y conocidos.

Unos amigos que tienen una agencia de viajes en Río Turbio hicieron que todo saliera lo más barato posible. Igual no llegaba. Ahí apareció Mary Ruiz, una compañera de la Escuela N°10 que vive hace años en Sarasota con su familia, y me dijo que fuera para allá. Sin ellos hubiese sido imposible.”

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Su cara lo dice todo: “Leo” feliz en el Mercedes-Benz Stadium de la ciudad de Atlanta.

El camino hasta Estados Unidos tampoco fue sencillo.

“Hice todo por Chile. Fui en colectivo hasta Punta Arenas, después Puerto Montt, Santiago, Lima y finalmente Miami. Fue un viaje eterno.”

A eso se sumaron los controles migratorios.

“Cuando veían que tenía pocos dólares me hacían muchísimas preguntas. Vi gente retenida durante más de cinco horas. Es difícil viajar; no solamente tenés que tener el dinero, también tenés que tener suerte.”

La ilusión de seguir haciendo historia

Aunque el Mundial moviliza a miles de extranjeros, Fernández aseguró que el clima futbolero en Sarasota es muy distinto al que se vive en Argentina.

“Las playas son espectaculares, pero la gente prácticamente no está con el Mundial. El norteamericano estaba pendiente de su selección y algunos siguen a Messi, pero no hay ambiente futbolero. En cambio, los latinos sí lo viven muchísimo. Organizan reuniones para ver los partidos, llevan comida y disfrutan cada encuentro.”

Gracias a la repercusión que tuvo su historia y al apoyo recibido desde Santa Cruz, mantiene intacta una última ilusión.

“Por toda la movida linda que se generó mostrando lo que estamos viviendo acá puede haber una posibilidad de ir a la final. Si mis amigos de Río Turbio me hacen el aguante, se puede dar. Yo tengo pasaje de vuelta para el 21.

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El sueño de presenciar la final está intacto.

Antes de despedirse, resumió el sentimiento que le dejó una jornada inolvidable.

Nadie se va a olvidar este partido, incluso la gente que no pudo entrar al estadio. Desde el primer día estoy compartiendo todo con los medios de Río Gallegos. Mi novia me había hecho esa bandera antes de viajar porque yo estaba muy nervioso con el tema de la visa. Verla en la cancha fue una emoción enorme.”

Para Leonardo Fernández, el viaje ya valió la pena. Porque más allá del resultado, los kilómetros recorridos y los obstáculos para llegar a Estados Unidos, el verdadero triunfo fue cumplir el sueño que había comenzado a construir muchos años atrás desde Río Gallegos.

 

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