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La pelota volvió a rodar, pero esta vez el resultado fue lo de menos. El pasado domingo 13 de septiembre, la emblemática Cancha de Vial se transformó en escenario de un reencuentro que atravesó generaciones y devolvió por unas horas el espíritu de una época inolvidable del fútbol infantil de Río Gallegos.
El motivo fue tan simple como profundo: homenajear en vida a César “Perkins” Ojeda, uno de los máximos referentes históricos de la formación de futbolistas infantiles y juveniles de la ciudad. La convocatoria nació entre exjugadores, técnicos y allegados a la recordada escuela Argentina 2000, institución que obtuvo su personería en 1988 y que dejó una profunda huella deportiva y social en el Barrio Belgrano.
El lema que acompañó la iniciativa resumió el sentimiento de quienes la impulsaron: “¡Gracias por tanto, leyenda de nuestros corazones!”. La idea comenzó de manera sencilla, entre viejos compañeros que sintieron que había llegado el momento de devolverle a “Perkins” una pequeña parte de todo lo que había entregado. El objetivo inicial era reunir alrededor de 80 personas, pero la respuesta fue creciendo hasta superar ampliamente las expectativas: más de 140 personas fueron contactadas y movilizadas para formar parte del homenaje.
Algunos incluso recorrieron kilómetros para volver a ponerse los pantalones cortos. Fue el caso de Agustín Salinas, quien viajó especialmente desde Punta Arenas para reencontrarse con sus antiguos compañeros y volver a pisar una cancha que, para muchos, forma parte de su propia historia. Así, la convocatoria fue dejando de ser simplemente un partido entre exjugadores para convertirse en un encuentro de generaciones.

Desde las 13:45, la Cancha de Vial comenzó a recuperar imágenes de otras épocas. El partido amistoso reunió a protagonistas de distintas generaciones de Argentina 2000, con jugadores que llegaron a superar los 50 años compartiendo cancha con representantes de las categorías más jóvenes de aquella escuela. Entre los presentes estuvieron los entrenadores Leo Fernández y Matías Clavel, actual director técnico de Boxing y también formado bajo el ala de “Perkins”.
Árbitros, dirigentes, exjugadores y allegados completaron una postal que permitió reencontrar a buena parte de quienes alguna vez compartieron entrenamientos, torneos, viajes y fines de semana detrás de una pelota. Las camisetas especialmente preparadas para la ocasión terminaron de darle al encuentro ese aire de viaje en el tiempo. La “Vieja Escuela” estaba nuevamente en cancha.
Para muchos de los protagonistas, Argentina 2000 significó mucho más que una escuela de fútbol. Fue un espacio de encuentro, contención y aprendizaje. Un lugar donde la pelota funcionaba como una herramienta para transmitir valores y abrir caminos.
Uno de los grandes impulsores de la iniciativa, Nicolás D’Amico, expresó con emoción el sentimiento que atravesó la jornada: “Nos tocó jugar de chicos y salir un poco de la calle, ir a jugar a un montón de torneos… Había otro estilo de fútbol que se extraña mucho. Jugábamos todos los fines de semana con él; nos llevaba en su camioneta, en su auto. Esto es un mínimo cariño de lo que él se merece. Ver a gente grande que hoy tiene más de 50 años compartiendo con los más chicos da gusto”.
La emoción también dejó lugar para un mensaje destinado a las nuevas generaciones. “Muchos hemos tenido problemas en nuestra vida, pero para salir de todo, lo más importante es el deporte. Apuesten al deporte, que es lo más lindo que hay”, sostuvo D’Amico.

César “Perkins” Ojeda nació en Avellaneda en 1950 y es reconocido por su pasión por Racing Club. En 1973 llegó a Río Gallegos y, luego de defender los colores de Hispano Americano, comenzó a desarrollar una tarea que trascendería largamente los límites de una cancha de fútbol.
Su trabajo con chicos y jóvenes convirtió al deporte en una herramienta de formación y contención. Generaciones de jugadores pasaron por sus equipos. Algunos continuaron vinculados al fútbol; otros siguieron caminos completamente diferentes. Pero muchos coinciden en que las enseñanzas recibidas durante aquellos años excedieron lo estrictamente deportivo.
Por eso, el homenaje del domingo no estuvo relacionado con un campeonato, una copa o una estadística. Fue por algo mucho más difícil de medir: la huella que una persona puede dejar en la vida de quienes alguna vez fueron sus chicos.
La tarde terminó con la imagen que todos habían ido a buscar. César “Perkins” Ojeda, rodeado de su familia, de antiguos jugadores y de nuevas generaciones, recibió el reconocimiento de aquellos que alguna vez corrieron detrás de una pelota bajo el frío santacruceño.
Los mismos chicos que él llevó a torneos, que acompañó en viajes y que ayudó a alejar de la calle volvieron, muchos años después, para decirle gracias. Porque hay homenajes que llegan cuando ya no están sus protagonistas para escucharlos. Este no.
La “Vieja Escuela” volvió a jugar. Y esta vez, el partido fue por “Perkins” Ojeda.
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