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La muerte de Pablo Rufino, ocurrida durante la madrugada de este jueves en una vivienda del barrio Salesiano de El Calafate, continúa generando conmoción y mantiene en vilo a la comunidad, mientras la investigación judicial y policial avanza con nuevos elementos que permiten reconstruir un episodio atravesado por la violencia, el estrés extremo y un trasfondo que, con el correr de las horas, comienza a delinearse con mayor claridad.

Desde las primeras horas del día, la Policía de Santa Cruz desplegó un intenso trabajo investigativo que incluyó la toma de numerosos testimonios, el análisis de imágenes de cámaras de seguridad y la realización de la autopsia correspondiente. De acuerdo a la información a la que tuvo acceso La Opinión Austral, a través de fuentes consultadas y lo consignado por medios de la villa turística, se pudo establecer que las diligencias permitieron establecer que Rufino, de 48 años, falleció como consecuencia de un infarto agudo de miocardio, un dato clave que reconfigura el encuadre del caso, aunque no atenúa la gravedad del violento episodio que antecedió a su muerte.

De acuerdo con la reconstrucción preliminar, en el momento de los hechos Rufino se encontraba en su domicilio junto a una mujer. Ambos estaban en el dormitorio cuando, de manera sorpresiva, arribaron dos sujetos a la vivienda. Rufino se levantó y se dirigió hacia la puerta, donde se produjo un forcejeo que rápidamente derivó en una pelea. Según el relato brindado por la mujer, el hombre cayó al suelo boca abajo y ya no volvió a reaccionar.

La calle cortada por la Policía. FOTO SEÑAL CALAFATE

Los primeros exámenes médicos descartaron la presencia de heridas de arma blanca o de arma de fuego. Las lesiones visibles eran compatibles con golpes propios de una situación de forcejeo, pero no resultaron determinantes de la muerte. La autopsia confirmó que el deceso se produjo por un infarto, que los peritos vincularon al estrés extremo y al esfuerzo físico generado durante la agresión, en un contexto en el que la víctima presentaba antecedentes de salud que habrían contribuido al desenlace fatal.

Un dato de especial relevancia en la causa surgió a partir del testimonio de un vecino, quien en pleno episodio se acercó al domicilio al advertir movimientos extraños. Al tocar la puerta, uno de los agresores la abrió e intentó arrastrarlo hacia el interior de la vivienda.

El vecino logró zafarse y dio aviso inmediato a la Comisaría Segunda de Policía, un accionar que resultó determinante para la rápida intervención policial. Ante la posibilidad de que las fuerzas de seguridad estuvieran en camino y al notar que Rufino no reaccionaba, los agresores escaparon del lugar. Minutos después, la mujer que acompañaba a la víctima también se comunicó con el 101, pero al arribar el personal policial ya se constató el fallecimiento.

A lo largo de la jornada, los investigadores tomaron declaración a personas del entorno cercano de Rufino, incluyendo amigos, conocidos y excompañeros de trabajo. Estos testimonios permitieron trazar un perfil de su situación personal en los últimos tiempos. Según coincidieron varias fuentes, el hombre atravesaba un período complejo, marcado por un consumo problemático de estupefacientes y por un creciente estado de preocupación. Excompañeros señalaron que en los días previos había manifestado temor por mensajes anónimos de tono intimidante que habría recibido en su teléfono celular.

Un efectivo revisando el móvil de Criminalística. FOTO: AHORA CALAFATE

Con estos elementos, comenzó a cobrar fuerza la hipótesis de que los agresores conocían a la víctima y que el ingreso a la vivienda no fue al azar. La principal línea investigativa apunta a que los sujetos habrían ido a buscar a Rufino para exigir el pago de una deuda, presuntamente vinculada al consumo y/o a la venta de drogas. En ese marco, se investiga el entorno de los sospechosos y sus posibles antecedentes, ya que al menos uno de ellos tendría vínculos previos con causas relacionadas con la comercialización de estupefacientes.

Durante las primeras horas también circuló una versión que indicaba que el ataque podría estar relacionado con dinero proveniente de la supuesta venta de la vivienda. Sin embargo, esta hipótesis fue perdiendo fuerza luego de que la investigación confirmara que la operación inmobiliaria nunca se concretó. Un posible comprador aseguró que la transacción fue cancelada, mientras que desde una inmobiliaria local precisaron que solo se había realizado una tasación, sin llegar a un acuerdo de venta.

En paralelo, el análisis de cámaras de seguridad se transformó en una de las herramientas centrales de la causa. Los investigadores no solo trabajaron con los registros del propio domicilio, sino que ampliaron el relevamiento a unas 30 cámaras públicas y privadas de la zona. Este seguimiento permitió reconstruir el recorrido de huida de los agresores y avanzar en su identificación, lo que derivó en operativos de búsqueda que continúan en curso.

En el interior de la vivienda, peritos de Criminalística realizaron un minucioso trabajo de levantamiento de pruebas. Se recolectaron huellas dactilares, pisadas de calzado y muestras de manchas de sangre, presuntamente producto de la pelea. Todo el material fue incorporado a la causa para su análisis y cotejo, en un intento por robustecer las pruebas que permitan esclarecer definitivamente lo ocurrido.

La investigación permanece abierta y, si bien una hipótesis principal se consolida con el paso de las horas, las autoridades no descartan líneas alternativas. En una ciudad como El Calafate, donde los hechos de esta naturaleza no son habituales, el caso genera inquietud y pone en primer plano la necesidad de abordar de manera integral problemáticas complejas como el consumo de drogas, la violencia asociada a deudas informales y el impacto que estas situaciones tienen en la vida cotidiana de la comunidad.

Mientras la Policía continúa la búsqueda de los sospechosos y la Justicia avanza con las actuaciones, la muerte de Pablo Rufino deja una serie de interrogantes abiertos.

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