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El papa León XIV hizo un llamado a los obispos de todo el mundo para que organicen jornadas de oración y ayuno en sus diócesis con el objetivo de promover las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Lo planteó este viernes 6 de noviembre durante la celebración de las Vísperas en la Catedral Metropolitana de Montevideo, en el primer día de su visita apostólica a Uruguay.

“Quisiera que esta experiencia del Uruguay encontrara eco en toda la Iglesia. Desde esta Catedral de Montevideo, invito a mis hermanos obispos de todo el mundo a promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada”, expresó el Pontífice.

La celebración reunió a obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas. En su homilía, León XIV tomó como referencia una experiencia de la Iglesia uruguaya para explicar cómo la oración de una comunidad puede acompañar el surgimiento de nuevas vocaciones. <Cite refs={[“turn475525search0″,”turn475525search1”]}/>

La experiencia de Uruguay que León XIV propuso replicar

El Papa recordó que en 2024 el seminario interdiocesano de Uruguay no recibió nuevos candidatos. Ante esa situación, numerosos fieles comenzaron a reunirse en jornadas de oración y ayuno para pedir por el surgimiento de vocaciones.

“Desde entonces, han perseverado en la súplica para que otros escuchen su llamado. Y hoy damos gracias porque varios jóvenes han comenzado su camino en el seminario y en la vida consagrada y están sentados en medio de nosotros”, señaló.

León XIV agradeció a quienes sostuvieron esa iniciativa y destacó el resultado alcanzado: “Vean en estos frutos la prueba de que nuestro Dios escucha la oración de su pueblo”.

Luego pidió que la experiencia se extienda a otras comunidades: “Que las parroquias, las familias y las comunidades religiosas se unan en esta súplica. ¡Que el ejemplo de esta tierra anime a muchos otros a pedir con la misma confianza!”.

El llamado del Papa a volver a Cristo

En otro tramo de la homilía, León XIV reflexionó sobre la fidelidad a la vocación y advirtió sobre el riesgo de poner el corazón en el reconocimiento, el trabajo o la necesidad de tener todo bajo control.

“La fidelidad a nuestra vocación pide volver una y otra vez a Jesucristo; dejar que sea Él nuestro tesoro, aquel a quien queremos parecernos”, afirmó.

A partir de esa idea, invitó a los integrantes del clero y de la vida consagrada a revisar qué ocupa el centro de sus vidas y a sostener su vínculo con Cristo mediante la oración y el servicio.

El Pontífice también recordó que Jesús mostró la compasión de Dios a través de gestos concretos: escuchar a quienes sufrían, acercarse a los enfermos, recibir a los niños y perdonar incluso desde la cruz.

“Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien”

Uno de los pasajes centrales del mensaje estuvo dedicado a la tarea cotidiana de sacerdotes y religiosos. León XIV destacó el acompañamiento espiritual, la atención a los enfermos y la ayuda a quienes atraviesan situaciones difíciles.

“¡Cuántas personas han llegado al confesionario con temor y han salido gozosas por el perdón recibido! Lo mismo sucede con sus manos: que han elevado tantas veces el Cuerpo de Cristo, que han auxiliado a los enfermos, que han preparado un plato de comida o sostenido a quien ya no podía caminar”, expresó.

Y agregó: “Esas manos que han hecho llegar a tantas personas, a través del carisma de sus congregaciones, la ternura de Dios. Algunas llevan las marcas de la edad y del trabajo. ¡Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien!”.

El Papa señaló que la semejanza con Cristo también se construye en las dificultades, cuando el trabajo parece no dar frutos, disminuyen las fuerzas o es necesario comenzar de nuevo.

El ejemplo del beato Jacinto Vera y la evangelización con el testimonio

León XIV también recordó al beato Jacinto Vera, cuyos restos descansan en la Catedral de Montevideo. Lo presentó como un ejemplo de entrega y cercanía con la comunidad, y destacó que su relación con Dios se reflejaba en su manera de tratar a las personas.

El Pontífice vinculó ese ejemplo con el desafío de transmitir el Evangelio en una sociedad donde muchos jóvenes crecieron alejados de la vida de la Iglesia.

“Que nuestra mirada hacia los demás, nuestra escucha y nuestra cercanía a quienes sufren despierten en ellos la pregunta: ¿de dónde viene este amor?”, planteó.

En ese sentido, pidió que quienes se acerquen a la Iglesia puedan reconocer en sus integrantes la bondad de Cristo a través de sus acciones.

Qué les pidió León XIV a los seminaristas y religiosos mayores

Hacia el final de su homilía, el Papa se dirigió a los seminaristas, novicios y novicias, a quienes animó a aprender de quienes recorrieron antes el camino de la vida religiosa.

“Contemplen a quienes han recorrido antes que ustedes el camino de la entrega: sus manos gastadas, su amor perseverante, su manera de tratar con Jesús. Aprendan de ellos esa familiaridad con el Señor”, expresó.

También pidió a los sacerdotes y consagrados con más años de ministerio que vuelvan a lo esencial: “Custodien el silencio de la oración, la escucha de la Palabra, el encuentro con Cristo en la Eucaristía”.

La celebración de las Vísperas formó parte de la primera jornada del viaje apostólico de León XIV a Uruguay, que también contempla actividades en Paysandú y Florida antes de su llegada a la Argentina. El llamado a promover jornadas de oración y ayuno por las vocaciones fue uno de los mensajes centrales que dejó el Pontífice a la Iglesia universal desde Montevideo.

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