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El Tratado Antártico de 1959 constituye el pilar fundamental del Sistema del Tratado Antártico, un esquema normativo firmado en plena Guerra Fría para congelar los reclamos de soberanía, prohibir la militarización y reservar el continente blanco exclusivamente para actividades pacíficas e investigación científica. Sin embargo, el surgimiento de nuevos intereses geopolíticos y las crecientes presiones sobre sus recursos naturales ponen a prueba la vigencia de este acuerdo internacional y redefinen el rol de los Estados en la región.

En este complejo escenario global, la presencia científica y el despliegue logístico han dejado de ser meros ejercicios académicos para convertirse en el verdadero soporte diplomático y político que otorga voz y voto en las decisiones sobre el continente. El sostenimiento de las bases, las campañas navales y la actividad sobre el terreno son las herramientas clave con las que cada país revalida su posición estratégica en el Océano Austral.

Argentina es el país de mayor presencia en el continente blanco. FOTO: GOBIERNO

Frente a estas dinámicas internacionales, resulta imperioso que la Argentina reactive y fortalezca una política pública de soberanía antártica de largo plazo. El país necesita una estrategia que combine financiamiento sostenido para la investigación, modernización operativa y una mirada integral que articule el continente antártico con la Cuestión Malvinas y el Atlántico Sur más allá de los vaivenes políticos.

En diálogo con La Opinión Austral, el exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona, analiza el estado de situación del Tratado Antártico, desmitifica las especulaciones sobre el año 2048 y advierte sobre los principales riesgos geopolíticos, científicos y diplomáticos que enfrenta la Argentina en la actualidad.

Geopolítica

La Opinión Austral: En la actualidad se pone énfasis que en 2048, el Tratado Antártico entra en su fin y se abre una discusión sobre el continente. ¿Es un diagnóstico correcto?

Guillermo Carmona: No es así. Creo que el problema es ahora. Creo que la situación compleja para Argentina ya se está presentando. Se dice que en el 2048 vence el Tratado Antártico, eso no es real. El Tratado Antártico no tiene vencimiento. El Protocolo de Protección Ambiental, que se conoce como Protocolo de Madrid del Tratado Antártico, sí. Hay un error conceptual.

Lo que ocurre a partir del 2048, es decir, 50 años después de la entrada en vigor del protocolo de Madrid, que es el protocolo de protección ambiental que se firmó en 1991 y entró en vigor en 1998, es que cualquiera de las partes consultivas (12 países originarios más los incorporados con voz y voto) puede solicitar una conferencia para revisar el protocolo. Ese protocolo es el que pone restricciones a la explotación de recursos naturales en la Antártida.

Para modificarlo ahora, haría falta el acuerdo de un consenso de todos los Estados, lo cual es imposible que ocurra. Entonces es cierto que en el 2048 se abre una posibilidad de que algún país solicite que se haga una conferencia para revisar y eventualmente modificar el protocolo de Madrid. Pero la preocupación es hoy.

Para la Argentina la amenaza de su programa antártico está dada fundamentalmente por la orientación de alineamiento automático e incondicional de Milei con Estados Unidos y los intereses expresados por Estados Unidos y por el gobierno de Milei de habilitar presencia estadounidense en Tierra del Fuego y habilitar la posibilidad de una participación estadounidense en la base naval de Ushuaia.

Marc Stanley, exembajador Estados Unidos en Argentina; Javier Milei, presidente de Argentina; Laura Richardson, generala del Ejército de EE UU y Luis Petri, exministro de Defensa. FOTO: GOBIERNO

El gobierno ha relativizado en los últimos tiempos esa posibilidad, pero Milei lo anunció el 4 de abril del 2024. Fue allí la General del Ejército de los Estados Unidos Laura Richardson y Milei en una actitud de una indignidad pocas veces vista en un presidente, fue a recibir a una militar que ni siquiera es del más alto rango en la estructura de Estados Unidos.

En esa oportunidad, Milei expresó que se va a avanzar en una base naval integrada con participación de Estados Unidos. Está textual. Después lo han tratado de relativizar. Lo cierto es que aparecen ejercicios militares no autorizados por el Congreso. Fuimos varios los que denunciamos este último ejercicio militar a fines de septiembre. Lo intentaron disfrazar de un supuesto intercambio por cuestiones climáticas del cuerpo de Marines de Estados Unidos, cuando era muy claro que era un ejercicio militar con todas las características.

Esta es una de las amenazas que yo visualizo, es decir, que se avanza en la línea de poner al programa antártico argentino en una situación de subordinación y dependencia con un país extranjero que tiene sus propios intereses en la Antártida y que tiene como principal aliado político, económico y militar a Gran Bretaña. Gran Bretaña además tiene una potente acción antártica.

La segunda situación de peligro inminente es la operación británica de cara a la Antártida desde las Islas Malvinas y en combinación con Punta Arenas. Ese es preocupante.

Yo soy muy cuidadoso ccon lo de Punta Arenas. Creo que los enfoques del actual gobierno nos están llevando a una muy crítica situación que se podría haber evitado si oportunamente se hubieran adoptado medidas diplomáticas adecuadas. No soy partidario de la confrontación; soy partidario de la cooperación e integración en materia antártica entre Argentina y Chile. Para eso se creó primero una comisión mixta en Asuntos Antárticos Argentina y Chile. Después durante nuestra gestión, en el 2022, se jerarquizó y se le dio el carácter de Comisión Binacional en Asuntos Antárticos.

Guillermo Carmona, exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur.

Tengo muy claro y soy muy crítico respecto de los espacios que el actual gobierno le ha dejado a los británicos para avanzar en cooperación con Chile cuando Chile tiene intereses más contrapuestos en la Antártida con Gran Bretaña que con la Argentina, porque Argentina y Chile tienen un reconocimiento mutuo de soberanía, salvo en una franja del sector antártico donde no nos pusimos de acuerdo, pero hay un reconocimiento mutuo de soberanía mientras que las pretensiones británicas abarcan todo el sector antártico argentino.

LOA: ¿Ellos reclaman soberanía sobre la Antártida?

Guillermo Carmona: Sí, el sector antártico que reivindica la Argentina.

LOA: ¿Le preocupa la ruta comercial que Punta Arenas quiere abrir con las Islas Malvinas?

Guillermo Carmona: Mi hipótesis es que hemos vuelto a tener después de 50 años, gobiernos de ultraderecha a ambos lados de la cordillera. Tuvimos gobiernos de ultraderecha a ambos lados de la cordillera con Augusto Pinochet de un lado y la dictadura cívico-militar argentina del otro lado. Y eso nos llevó al borde de una guerra y nos llevó a la cooperación chilena, el involucramiento chileno en la guerra de Malvinas en favor de una potencia extraregional.

Hoy que volvemos a tener gobiernos de ultraderecha se vuelve a repetir la historia. Una confrontación de javier Milei con el expresidente Gabirel Boric que se ha mantenido después de haber asumido el presidente de ultraderecha. Y crecen sobre todo en Chile, pero también del lado nuestro tenemos algunos extremistas en ese sentido, con posiciones desde el lado chileno, antiargentinas y del lado argentino, antichilenas. Con lo cual se va escalando la situación.

Así como en los 70 y 80 hubo gobiernos de ultraderecha a ambos lados de la cordillera y a pesar de ser cultores de la doctrina de la seguridad nacional a ambos lados de la cordillera, escalaron una situación de conflicto poniendo la hipótesis de conflicto en el vecino y alineándose automáticamente con alguna potencia del norte, hoy parece repetirse el esquema. Hoy asistimos a una situación de gobierno de ultraderecha elegidos democráticamente, pero que pone la hipótesis de conflicto en el vecino en lugar de la amenaza extraregional que representa Estados Unidos y que representa Gran Bretaña. Repiten la receta del pasado.

Chile defiende la nueva ruta marítima entre Punta Arenas y las Islas Malvinas.

Así como la ultraderecha y la ultraizquierda se dice que se tocan en algún punto, las dos ultraderechas se repelen en algún punto. Porque tienen un componente nacionalista, chovinista, que lleva a una situación de plantear la hipótesis de conflicto en el vecino y de enorme funcionalidad con la potencia del norte. Esta es una historia que ya la hemos visto en América Latina, no solo entre Argentina y Chile. También se vivió entre Argentina y Brasil durante las dictaduras, entonces esa hipótesis de conflicto puesta en el vecino favorece al grandote de afuera que promueve los conflictos y la violencia entre los vecinos.

LOA: Y su tercera hipótesis para analizar la actualidad, ¿cuál es?

Guillermo Carmona: El tercer peligro es el desfinanciamiento de la ciencia que es muy notorio en la ciencia antártica y de la ciencia en el mar.

Entonces, hoy tenemos una campaña antártica con grandes problemas presupuestarios, un sistema antártico argentino con grandes problemas de desfinanciamiento de la ciencia antártica y perder la posibilidad de hacer ciencia antártica significa perder posicionamiento en la Antártida. Es saber qué es lo que puede pasar en la Antártida, o sea, información clave para saber qué es lo que podés hacer y qué no.

Además, hay un cuarto elemento de contexto geopolítico, el aumento de las tensiones entre las grandes potencias. Las grandes potencias tienen intereses en la Antártida: Estados Unidos, Rusia, China, países europeos. Ese es el cuarto elemento que mete conflictividad en este momento en el sistema del Tratado Antártico, si bien eso parece estar contenido, en cualquier momento eso puede generar tensiones.

Por eso yo te digo que el peligro no está en el 2048; el peligro está hoy.

La ciencia es la clave para que un país domine la Antártida.

LOA: ¿Qué debería hacer Argentina en este escenario?

Guillermo Carmona: Quiero decir cuatro cosas indispensables. La primera, hay que retomar el abordaje de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur desde el Estado Nacional visto como un trípode estratégico. Donde las políticas respecto de Malvinas, respecto de la Antártida y respecto del Atlántico Sur estén fuertemente interrelacionadas.

Eso significa poner en marcha la política de Estado sobre la cuestión Malvinas que este gobierno a pesar de las sobreactuaciones de ahora ha abandonado, significa ponerle diplomacia a la cuestión Malvinas, significa revivir la iniciativa Pampa Azul que este gobierno la desactivó, la abandonó. Y esa iniciativa tiene impacto en todo el Atlántico Sur, inclusive en la Antártida, en los espacios marítimos antárticos que son parte del Atlántico Sur.

Y en lo tercero, hay que ponerle financiamiento y direccionabilidad al programa antártico argentino nuevamente, que la ha perdido con este gobierno. La direccionabilidad no significa solamente ponerle presupuesto. Nosotros dejamos una propuesta formulada en la cancillería cuando terminó nuestra función, que es la de la definición de una Estrategia Nacional Antártica.

La Argentina formula todos los años el plan antártico anual, que es un instrumento muy importante. Ahí se prevé la ciencia y la logística que se va a hacer en la Antártida, pero no hay una mirada de mediano y largo plazo, se planifica año a año. Nosotros planteábamos una planificación a 10, a 20 y a 30 años. Con lo cual la Argentina no solamente iba a tener la posibilidad de seguir siendo un país pionero en la Antártida, sino ponerse en la vanguardia antártica, ir por delante de lo que se viene.

Todo requiere recursos, requiere presupuesto. Hay que consolidar la presencia en el área austral y eso significa ponerle plata a las políticas soberanas en el área austral, entre ellas las antárticas.

Permanencia

LOA: Argentina es el país que mayor presencia tiene en la Antártida, ¿es una ventaja para nosotros?

Guillermo Carmona: La Argentina es el país que tiene más larga presencia continua en la Antártida, es indiscutible: llevamos más de 120 años desde la fundación de la estación meteorológica en las islas Orcadas. La Argentina es el país que tiene más bases antárticas, tenemos 13. La Argentina es el país que más avances ha hecho en la presencia permanente de pobladores en la Antártida, particularmente en la base Esperanza, donde hay una escuela y van familias a vivir durante 1 año. Es un país que ha tenido nacimientos en la Antártida, es un país muy respetado en materia de ciencia antártica. Es un país que ha sido pionero y que aspira a ser vanguardia.

Pero si a eso no le ponés continuidad en las políticas, no le ponés una visión estratégica de mediano y largo plazo y no le ponés recursos, puede llegar un momento en que ni siquiera puedas mantener las bases que tenés o no las puedas modernizar. Nuestra gestión hizo una modernización de los laboratorios antárticos y algunos refugios después de décadas de desinversión en infraestructura. Lo que ha hecho el actual gobierno es frenar eso y terminar parcialmente lo que nosotros habíamos dejado empezado.

Hay que ponerle estrategia y hay que ponerle recursos, si no la Argentina pierde su posicionamiento como un país bicontinental que reafirma soberanía sobre el sector antártico argentino. El desfinanciamiento que tuvo el programa antártico durante los gobiernos de Menem, la Alianza, Macri y ahora Milei significa retrocesos enormes que después cuesta muchísimo remontar. El desafío es pasar de ser pioneros a ser la vanguardia antártica.

LOA: Hoy el Gobierno reinstaló la cuestión Malvinas, recurrió al Tribunal Internacional del Tratado del Mar y construye la base naval en Tierra del Fuego. ¿Esto configura un escenario de cara a la cuestión antártica?

Guillermo Carmona: Creo que después de casi 3 años de inacción y de defección en la cuestión Malvinas, con algunas decisiones que van en sentido contrario a la política de Estado que marca la Constitución en la disposición transitoria primera.

Hay iniciativas del Poder Ejecutivo que van a hacer lo contrario a la política de Estado sobre la cuestión Malvinas. Entre ellas, este proyecto de ley que han denominado Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que desnaturaliza la cuestión Malvinas, subordina los aspectos de política exterior y diplomáticos de la cuestión Malvinas con cuestiones vinculadas a la seguridad interior, haciendo aparecer como una posibilidad de amenaza externa que habilita al Poder Ejecutivo a avanzar sobre garantías constitucionales e incorporar medidas excepcionales.

También esta sobreactuación militarista con lo de la base naval de Ushuaia le ha dado la posibilidad a Gran Bretaña de alegar que Argentina sería una amenaza para los pobladores de las islas. Pone a la Argentina en una situación de agresor, cuando en realidad la base naval de Ushuaia tiene que ver con el control marítimo de los espacios marítimos argentinos y con la logística antártica. Mezclar eso con Malvinas ha llevado a que los británicos aleguen que sería posible la hipótesis de una ocupación militar de la Argentina, que resulta absolutamente improbable e inconveniente porque ya sufrimos las consecuencias de una guerra.

Miro con mucha preocupación esto. Creo que están usando a Malvinas como un caballo de Troya para modificar leyes de Defensa Nacional, de Seguridad Interior y de Inteligencia más orientadas a restringir las libertades ciudadanas de los argentinos que a una amenaza de Gran Bretaña, y por otro lado busca justificar con esto de la base naval una mayor presencia e influencia de Estados Unidos en la defensa de nuestro país, cosa que también es contradictoria a la defensa de la soberanía nacional.

LOA: ¿Por dónde tendría que tomar Argentina un posicionamiento ante la ruta marítima de de Punta Arenas con Malvinas?

Guillermo Carmona: Argentina tiene que sostener una política de firmeza en la defensa de sus derechos soberanos sobre Malvinas, pero tiene que hacerlo buscando no solamente cuidar la relación con Chile como un país vecino y hermano, sino buscar incluso consolidar el proceso de integración que este gobierno ha puesto en una situación más que crítica con todos los países de la región.

De lo que se trata es de evitar incurrir en acciones temerarias. Sí acciones en el marco del derecho nacional y el derecho internacional, no acciones temerarias. Como por ejemplo, la posición del brigadier Valverde, jefe de la Fuerza Aérea, que intentó justificar algo que no es real sobre supuestos derechos en el Estrecho de Magallanes que llevó a una escalada increíble de declaraciones de un lado y del otro. Los acuerdos entre Argentina y Chile no establecen lo que dijo este militar, nadie lo desautorizó en el gobierno y pasaron más de 20 días antes de que el gobierno fijara una posición sobre eso. Eso es temerario. Es temerario poner hipótesis de conflictos en el vecino. Argentina tiene que hacer cumplir el derecho argentino en el mar argentino y el derecho internacional en el mar argentino, de acuerdo a las reglas internacionales.

 

 

 

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