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El ataque de los Estados Unidos a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa abren una nueva época de intervenciones en América Latina. O no tan nueva. Lo que hace Donald Trump es una renovada versión de la vieja doctrina Monroe (decretada en 1823), que bajo el lema “América para los americanos” produjo una era de intervencionismo de los gobiernos de Washington en América Latina.
En Estados Unidos, algunos analistas comienzan a denominarla como la “doctrina Donroe” (por la D de Donald), ya que el presidente republicano volvió su mirada hacia una región que resurge como “el patio trasero” de la potencia del norte.
De allí que pretende cortar con ola de inversiones chinas en la región y también con la migración de “sudacas“. La nueva estrategia de seguridad nacional de Trump pone el principal foco geopolítico en el continente americano.
Invadiendo, secuestrando presidentes, amenazando o ayudando a sus aliados en los procesos electorales (¿suena conocido, no?), Trump busca definir a su antojo el mapa político de América Latina. La fuerte presencia del halcón Marcos Rubio en el gobierno es una muestra del camino a andar.
Y en este marco estratégico, la Argentina de Javier Milei ocupa un lugar destacado. O al menos así lo desea el presidente argentino.
Días antes del ataque a Venezuela, Milei hizo público su deseo de convertirse en un referente de la derecha regional y armar una alianza de gobierno de derecha en el continente. Armar un bloque regional que sirva de contrapeso de los poderosos gobiernos de Lula Da Silva en Brasil y Claudia Sheinbaum en México. Una suerte de UNASUR, pero totalmente al revés.
“Apoyo total a Estados Unidos, apoyo total a la moción de Estados Unidos, no tenían forma de salir los venezolanos de este equilibrio siniestro en el que estaban metidos“, aseguró el presidente Javier Milei en declaraciones periodísticas horas después de la invasión. No era de esperarse otra posición. Un seguimiento brutal y total a la política internacional de Donald Trump.
Llamó la atención un párrafo del comunicado de Presidencia apoyando la intervención norteamericana y criticando ferozmente a Nicolás Maduro. “Entre sus operaciones a realizado interferencias electorales en Argentina, México, Colombia y Bolivia“, se lo acusa a Maduro en el comunicado oficial.
“Si nosotros no interveníamos y lo ayudábamos, Milei perdía las elecciones“, dijo públicamente Trump semanas atrás, al referirse al préstamo del Tesoro norteamericano para mantener a flote las finanzas argentinas antes de los comicios legislativos.
Hay intervenciones malas e intervenciones buenas.
El Gobierno argentino apoyará abiertamente la política de Trump de intervención en Venezuela. En la conferencia de prensa que brindó este sábado en Washington, el republicano aseguró que Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta que esté en el poder alguien de su preferencia.
“Vamos a dirigir el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa“, afirmó Trump en varias ocasiones, sin dar plazos ni nombres propios para ese traspaso, aunque sí dijo que no quiere que el chavismo continúe frente a Venezuela con otro liderazgo.
Por si hacía falta, amenazó con “una segunda ola” de ataques en caso de que sea necesario.
Así como Milei fue el más ferviente defensor de la intervención, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fue todo lo contrario. “Estos actos superan una línea inaceptable y representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional“, advirtió.
El mandatario brasileño sostuvo además que “la acción recuerda los peores momentos en la interferencia de América Latina“. Al contrario del gobierno y miembros del PT, desde la extrema derecha bolsonarista hubo expresiones de apoyo a los bombardeos estadounidenses.
Pero no toda la derecha en el mundo está apoyando a Trump. La Agrupación Nacional (RN), el partido de la extrema derecha en Francia, condenó a Washington. “La soberanía de los estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, poder o continente“, ha tuiteado Marine Le Pen. “Es inviolable y sagrada“.
“Renunciar hoy a ese principio por Venezuela, por cualquier otro Estado, sería como aceptar nuestra propia servidumbre mañana”, ha escrito en X. Le Pen ha asegurado que esto sería “un peligro mortal, sobre todo cuando el siglo XXI ya presencia importantes convulsiones geopolíticas que proyectan una sombra permanente de guerra y caos sobre la humanidad”.
Y para terminar, también se puede ver una sombre de preocupación en Ucrania. Llamativamente, Rusia mostró su “solidaridad” con Venezuela, pero descarta actuar en defensa de su aliado. El Kremlin difundió una cauta respuesta en la que condenó la “agresión” y abogó por el diálogo.
Si se tienen en cuenta varios puntos del acuerdo de paz de Trump para frenar la guerra en territorio ucraniano que son favorables a Rusia, se puede sospechar una división del mundo entre potencias. Venezuela para Trump, Ucrania para Vladimir Putin.
No sería más que un nuevo-viejo orden mundial.
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