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Los precios internacionales del petróleo registraron un nuevo impulso alcista y volvieron a superar los USD 105 por barril, impulsados por el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la creciente alteración en la cadena de suministro, factores que ejercen una severa presión sobre el comercio energético global.
Durante el cierre de la última jornada semanal, el barril de Brent —valor de referencia para los mercados europeos— experimentó una suba del 3,4%, ubicando su cotización en los USD 109,51. En la misma línea, el petróleo West Texas Intermediate (WTI) —indicador central para Estados Unidos— registró un incremento del 3,45%, situándose en USD 101,32 por barril.
Previo a la ofensiva militar desplegada por Estados Unidos e Israel contra Teherán a finales de febrero, la cotización del Brent oscilaba cerca de los USD 73 por barril. Si bien el crudo había retornado momentáneamente a esos niveles tras la firma de un acuerdo de paz entre los países involucrados, los sucesivos desacuerdos políticos y militares de las últimas semanas terminaron por reimpulsar las cifras al alza.
A pesar de haber atravesado breves intervalos de estabilidad, la tendencia alcista se consolidó en el último período luego de que caducara la tregua entre Estados Unidos e Irán, la cual se había prolongado por aproximadamente un mes.
En esta ocasión, la nueva escalada de precios encontró su detonante en una ofensiva con misiles perpetrada por la milicia hutí contra el Palacio Presidencial Al-Maashiq en Adén, la capital de Yemen.
Los rebeldes, que cuentan con el respaldo financiero y militar de Irán, sostuvieron que el ataque estuvo dirigido contra un presunto centro de operaciones del ejército saudí emplazado dentro del recinto. Asimismo, manifestaron que la acción responde a su estrategia explícita de golpear las posiciones militares de Arabia Saudita en cualquier punto donde se encuentren.
Esta serie de embestidas renovó la incertidumbre en los mercados internacionales respecto al abastecimiento de energía, la seguridad en las rutas del transporte marítimo comercial y los costos de los combustibles, en un contexto en el que los hutíes intensificaron sus ofensivas contra instalaciones portuarias, aeropuertos e infraestructura petrolera saudí, elevando exponencialmente la tensión política y financiera en la región.
Medio Oriente
El conflicto en la región arrastra un largo historial de disputas geopolíticas, religiosas y territoriales que han involucrado a diversas potencias regionales e internacionales. La confrontación entre Arabia Saudita e Irán —referentes de los sectores sunita y chiita del Islam, respectivamente— se ha manifestado durante años a través de guerras subsidiarias en países vecinos, siendo el territorio yemení uno de los escenarios más hostiles desde la toma del poder por parte de los rebeldes hutíes en 2014.
Asimismo, las constantes disputas en torno a la navegación por el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb han transformado la zona en un punto crítico de vulnerabilidad para el comercio global. La presencia militar de Estados Unidos y la tensión permanente con el régimen de Teherán han derivado históricamente en sanciones económicas, bloqueos navales e interrupciones en las rutas comerciales por donde transita una porción sustancial de la producción petrolera mundial.
Los recientes choques armados y las fallidas treguas diplomáticas demuestran que la inestabilidad en la zona continúa repercutiendo directamente sobre la economía global. En un mercado altamente sensible a los imponderables políticos, cada nuevo episodio de violencia en el Golfo Pérsico o la Península Arábiga repercute de manera inmediata en las pizarras internacionales, amenazando la estabilidad de los costos energéticos a escala global.
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