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El streamer Sergio Jiménez Ramos, de 37 años, identificado en redes como Sancho o Sssanchopanza, murió en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) el 31 de diciembre de 2025 luego de protagonizar un desafío transmitido en vivo que incluyó consumo de cocaína y alcohol frente a un círculo cerrado de donantes, según verificó El Periódico de Catalunya.

El episodio encendió alarmas dentro del universo de los directos virales y las aplicaciones de videollamadas, ámbitos donde la frontera entre el espectáculo y el peligro personal quedó desdibujada. La transmisión no ocurrió en espacios abiertos, ya que el creador había sido apartado con anterioridad de servicios como Kick, Dlive y Pump.fun por incumplimientos a sus normas.

A partir de esa expulsión, reubicó su producción en grupos restringidos de Google Meet y Telegram, donde armó un esquema de membresía bautizado “los diplomáticos”. El acceso requería desembolsos de entre 40 y 120 euros, modalidad que garantizaba un circuito cerrado con menor control externo.

Como contrapartida, los miembros proponían pruebas a cambio de dinero, una práctica replicada por otros personajes notorios, entre ellos Simón Pérez, exasesor inmobiliario vinculado a hipotecas a tipo fijo, quien alcanzó notoriedad en 2017 tras perder su empleo por difundir un video bajo los efectos de drogas.

Ese influencer compartió emisiones con el fallecido en el pasado y, tiempo atrás, le sugirió abandonar ese entorno por el desenlace que podía acarrear. Después de conocerse el modo en que ocurrió la muerte, Simón Pérez ofreció un relato en una transmisión por YouTube sobre lo sucedido aquella noche.

Me dijeron que se había tomado 6 gramos en 3 horas. Y una raya de 2 gramos”, expresó. Sumó que el hermano de Jiménez le indicó la presencia de una botella de whisky y la intervención policial poco después del hecho. “El hermano me dijo algo de una botella de whisky, que llegó la poli y que escucharon por el ordenador que alguien aún decía si se había bebido toda la botella”, detalló Pérez.

Una vez en el lugar, los Mossos d’Esquadra iniciaron actuaciones y pidieron la autopsia, de acuerdo con fuentes policiales citadas por El País. El caso constituye el primero de este tipo registrado en España y ocurre a pocos meses del deceso del francés Raphaël Graven. La lógica de estos ámbitos privados consiguió esquivar la vigilancia de plataformas tradicionales, lo que facilitó una progresión en la peligrosidad de los desafíos.

En estas comunidades, los seguidores no se limitan a mirar: intervienen en la planificación de las pruebas e incluso coordinan envíos de estupefacientes a domicilios de creadores, situación que también alcanzó a Simón. Dentro de esas dinámicas aparecieron además apuestas, exhibiciones en ropa interior en espacios públicos, conductas sexuales y prácticas extremas con sustancias y objetos.

Así, el entramado construido alrededor de Simón Pérez y su audiencia se articuló mediante múltiples vías de contacto, sobre todo en Telegram, con grupos como AviatorVip IV, que llegó a concentrar más de tres mil integrantes.

En esa línea, El País accedió a materiales del grupo y registró mensajes que reflejan un clima macabro y una fuerte presión a la que estaban sometidos los participantes: “Esto parece una broma pero el siguiente es Simón”, “alguien tiene el clip donde la palma?” o “Sergio, si la has palmado de verdad manifiéstate como espíritu, y manda una señal al grupo aviator”.

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