Your browser doesn’t support HTML5 audio
Antonio Grimau murió a los 82 años. La noticia fue confirmada este martes 20 de octubre por la Asociación Argentina de Actores y Actrices, que destacó su aporte a la historia del espectáculo argentino.
Con una carrera que comenzó en la adolescencia, Grimau se convirtió en una figura reconocida de la televisión nacional. Aunque sus primeros años estuvieron ligados a los papeles de galán, con el tiempo se consolidó como uno de los grandes villanos de las telenovelas, con personajes que despertaron rechazo y admiración entre los espectadores.
Su recorrido también incluyó una extensa actividad teatral y participaciones en películas argentinas. En 2018 alcanzó otro momento destacado al interpretar a Roberto Sánchez, conocido como Sandro, durante la etapa adulta del cantante en la miniserie Sandro de América. Por ese trabajo recibió el premio Martín Fierro a mejor actor protagonista de unitario o serie.
Antonio Grimau, el actor que comenzó a los 16 años
Antonio Rebolini, su nombre de nacimiento, encontró su vocación casi por casualidad. Cuando tenía 16 años, vio un aviso en el diario Clarín que convocaba actores para integrar el elenco de una obra en el teatro Charles Chaplin, ubicado en el barrio porteño de Almagro.
Hasta entonces, su vida transcurría entre la escuela y distintos trabajos. La convocatoria le abrió una puerta a un mundo que conocía principalmente a través del radioteatro que escuchaban su madre y sus hermanas en su casa.
En una entrevista con Clarín, recordó cómo tomó aquella decisión: “Nunca pensé que pedían actores por un aviso, en general estaban destinados a pedir otro tipo de cosa: ‘Se buscan actores para una obra de Bertolt Brecht y blablablá. Teatro Charles Chaplin, Almagro’. Pensé: ‘Qué raro es esto’”.
El primer contacto con el escenario modificó sus planes. “De pronto se me abrió un mundo impensado, yo no sabía qué iba a encontrar ni qué iba a buscar tampoco. Y me encontré con el teatro, el acceso a la música clásica, a los libros, a la cultura. Eso me salvó la vida. Tenía 16 años y me quedé cuatro años en el Chaplin”, contó.
Su primer papel lo realizó con su apellido real, Rebolini. Sin embargo, eligió adoptar el nombre artístico Grimau a partir de una referencia que escuchó durante aquella etapa teatral, vinculada a Julián Grimau, militante comunista español fusilado durante la dictadura franquista.
A partir de esa experiencia, comenzó un camino profesional que se extendió durante más de seis décadas y lo llevó a trabajar con distintas generaciones de actores, directores y dramaturgos.
Del galán al gran villano de las telenovelas argentinas
La televisión fue uno de los ámbitos en los que Antonio Grimau alcanzó mayor popularidad. Sus primeros trabajos incluyeron ficciones como Rolando Rivas, taxista, Cuatro hombres para Eva y Extraños y amantes, además de otras producciones que marcaron distintas etapas de la pantalla nacional.
Durante los años siguientes participó en títulos como Por siempre mujercitas, Poliladron, Verdad consecuencia y Ricos y famosos. Su imagen de galán le permitió construir una presencia sostenida en la ficción, aunque posteriormente encontró nuevos desafíos en personajes de características muy diferentes.
En producciones como Mi ex, Soy gitano, Padre Coraje, Hombres de honor, Se dice amor, Mujeres de nadie, Vidas robadas, Herencia de amor y Herederos de una venganza, interpretó antagonistas que reforzaron su reconocimiento como villano de telenovelas.
Uno de esos personajes fue Jano, de Soy gitano, que le permitió acercarse a nuevas generaciones de espectadores. El propio actor recordó que, en ocasiones, la reacción del público trascendía la pantalla.
“Sí me he comido algún que otro insulto cuando hacía de malo, sobre todo por parte de algunas mujeres”, relató en una entrevista con Infobae en 2020.
Como ejemplo, contó una situación que vivió mientras caminaba por San Isidro durante la época en que interpretaba a Jano. Una mujer lo siguió durante varias cuadras para reprocharle las acciones de su personaje.
El episodio reflejaba el alcance de una interpretación que conseguía que la audiencia trasladara a la vida cotidiana los sentimientos que le provocaba la ficción. Grimau, sin embargo, también destacó que ese mismo personaje generaba simpatía entre otros sectores del público.
Con el paso de los años, el actor supo ampliar su registro y alejarse de la figura del galán tradicional. En aquella entrevista explicó cómo entendía esa transformación profesional: “Hubo una buena porción de mi carrera que tuvo que ver con el galán, y el galán, todos sabemos, tiene fecha de vencimiento”.
El Martín Fierro por su interpretación de Sandro
Uno de los trabajos más reconocidos de su última etapa televisiva llegó en 2018, cuando interpretó a Roberto Sánchez en su madurez en Sandro de América, la miniserie dirigida por Adrián Caetano.
La producción recorrió distintas etapas de la vida del cantante y convocó a varios intérpretes para representar su evolución a lo largo de los años. Grimau estuvo a cargo de la versión adulta de Sandro y recibió el premio Martín Fierro por su actuación protagonista en una serie o unitario.
El reconocimiento se sumó a una carrera que ya contaba con otras nominaciones y distinciones. En 2009 había ganado un Martín Fierro por su trabajo en Herencia de amor y Valientes, mientras que también había sido candidato en distintas ediciones por sus interpretaciones en ficciones dramáticas.
En cine, su trayectoria incluyó títulos como La Mary, estrenada en 1974 y protagonizada por Susana Giménez y Carlos Monzón; Los orilleros, Los insomnes, Caballos salvajes, La maestra normal, Secretos compartidos y Nada por perder.
Su último recorrido cinematográfico también incluyó Angélica, película dirigida por Delfina Castagnino que había obtenido el premio principal del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 2019 y que llegó al público en 2020.
Una extensa trayectoria sobre los escenarios
El teatro ocupó un lugar central en la vida profesional de Antonio Grimau. Su vínculo con las tablas comenzó en la adolescencia y continuó a lo largo de las décadas, con interpretaciones en obras clásicas, comedias y dramas contemporáneos.
Entre sus trabajos se encontraron El tren amarillo, Los Linares, 30 dineros, Aquí hay gato encerrado, Papas fritas, Alta sociedad, Vidas privadas y Ladrones a domicilio.
Uno de los momentos destacados de su carrera teatral llegó en 1990, cuando protagonizó Los invertidos, de José González Castillo, bajo la dirección de Alberto Ure y junto a Cristina Banegas y Lorenzo Quinteros, en una producción del Teatro General San Martín.
La Asociación Argentina de Actores y Actrices también recordó su participación en obras como El acompañamiento, El reñidero, El anatomista, El precio, Hamlet, Piel de Judas, Filomena Marturano, El avaro, Danza macabra, Rotos de amor y La ternura.
Su actividad escénica lo mantuvo vinculado a la actuación durante distintas etapas de su vida y fue, según expresó en varias entrevistas, una de las principales herramientas con las que atravesó los momentos personales más difíciles.
La pérdida de su hijo Lucas y el refugio en la actuación
En febrero de 2010, Grimau sufrió la muerte de su hijo Lucas, de 36 años, fruto de su relación con la actriz Leonor Manso. La pérdida marcó profundamente su vida y fue uno de los episodios más dolorosos que recordó públicamente.
En una entrevista con Infobae, el actor habló sobre la manera en que intentó seguir adelante después de aquella tragedia y destacó la importancia de su vocación y de los vínculos afectivos.
“En algunos episodios de mi vida lo que me ha salvado es un ánimo vital por la vida, por las ganas de vivir y rescato eso por encima de todo”, expresó.
También reflexionó sobre el proceso de atravesar el dolor: “Algunas heridas no cicatrizan nunca, y otras van cicatrizando de a poquito”.
En otra entrevista, al referirse específicamente a la muerte de su hijo, señaló que el trabajo y el afecto de la gente fueron fundamentales para continuar. “Mi terapia fue seguir actuando y el afecto de la gente. Por eso hablo del teatro como salvador, siempre está volviendo a rescatarme de las cosas tan lastimeras que a veces tiene la vida”, había contado.
Grimau también había perdido a sus padres durante su infancia y tuvo que asumir responsabilidades desde muy joven. Esas experiencias atravesaron sus reflexiones sobre la vida, la vocación y la necesidad de encontrar motivos para seguir adelante.
El mensaje de despedida de la Asociación Argentina de Actores
La Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó su muerte este martes 20 de octubre y publicó un mensaje para despedirlo, en el que puso el foco en su trayectoria artística y en su aporte a la cultura nacional.
“Con pesar, despedimos al actor Antonio Grimau. A través de su trabajo en los escenarios y las pantallas, construyó una sólida trayectoria que forma parte de la historia del espectáculo argentino. Abrazamos con afecto a sus familiares, amistades y colegas en este momento de tristeza”, expresó la entidad.
La noticia generó la despedida de una figura que transitó distintos géneros y formatos del espectáculo argentino. Desde sus primeros pasos en un teatro de Almagro hasta sus interpretaciones en ficciones populares y obras clásicas, Grimau construyó una carrera que abarcó más de seis décadas.
Su nombre quedó asociado tanto a los galanes que protagonizaron historias románticas como a los antagonistas que marcaron las telenovelas. Esa capacidad para construir personajes de diferentes características, junto con su extensa labor teatral y su interpretación de Sandro, conformó el legado artístico de Antonio Grimau.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia

