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Las Heras celebró este 19 de marzo a su patrono, San José, en una jornada que volvió a reunir a la comunidad en torno a la fe, incluso bajo una lluvia débil que acompañó el recorrido por distintos barrios de la ciudad.

La procesión, realizada en vehículos, comenzó a las 18 horas y atravesó sectores como Las Américas, El Calafate y Petroleros, además de zonas del noroeste donde se ubican organismos públicos y barrios como el 120 Viviendas y Güemes.

Durante el trayecto se concretaron dos paradas cargadas de sentido. En el hospital local, los fieles rezaron por los enfermos y el personal de salud. Luego, frente a la Seccional Segunda, la oración estuvo dirigida a quienes integran las fuerzas de seguridad de la provincia.

Oración en el hospital: La procesión realizó una parada frente al centro de salud, donde médicos, enfermeros y personal sanitario acompañaron el momento de oración por los enfermos y por quienes trabajan en el cuidado de la salud.

El recorrido de la procesión en vehículos arribó a la parroquia San José minutos antes de las 20 horas, bajo una lluvia débil y un cielo totalmente cubierto. El sonido de las campanas, que no se escuchaban desde hacía tiempo, marcó la llegada de la imagen del santo y de los fieles en el momento más simbólico de las celebraciones patronales.

Durante la celebración eucarística se proclamó el pasaje del Evangelio según San Mateo (1, 16-24), que relata el anuncio del nacimiento de Jesús y presenta a José como un hombre justo, que confía en Dios incluso en medio de la incertidumbre.

La imagen de San José se detuvo frente a la Seccional Segunda, donde los fieles rezaron por el personal de las fuerzas de seguridad de la provincia de Santa Cruz.

A partir de ese texto, el cura César Heltner desarrolló su homilía e invitó a mirar a San José como un hombre concreto, atravesado por decisiones, renuncias y una fe silenciosa. En ese sentido, expresó que “José es el hombre que aceptó que sus planes se rompieran para que se cumplieran los planes de Dios” y remarcó que su vida “se volvió un regalo para los demás”.

El mensaje se dirigió especialmente a las familias y, en particular, a los padres, vinculando esa figura con la experiencia cotidiana. En esa línea, sostuvo que “la fuerza de un padre no está en la perfección, sino en la presencia” y que José no pide perfección, sino estar, sostener y dar seguridad.

También se refirió a las dificultades concretas de la vida diaria —el cansancio, las preocupaciones, las incertidumbres— y al modo en que José las atravesó desde la fe, señalando que “no tuvo todas las respuestas” y que caminó confiando.

El cura parróco invitó a construir una comunidad donde nadie quede afuera, donde el que llega cansado encuentre descanso, el que llega herido encuentre consuelo y el que llega solo encuentre una familia.

En esa misma línea, puso en valor el trabajo cotidiano al recordar que Jesús creció en un hogar donde el esfuerzo era parte de la vida diaria y afirmó que “ningún trabajo es pequeño” y que cada esfuerzo, por humilde que sea, santifica el mundo.

La homilía también puso el foco en la comunidad y en el sentido del templo como lugar de encuentro. Dirigiéndose a los presentes, expresó que “esta casa de San José es la casa de todos”, e invitó a construir una comunidad donde nadie quede afuera, donde el que llega cansado encuentre descanso, el que llega herido encuentre consuelo y el que llega solo encuentre una familia.

En ese marco, recordó a quienes formaron parte de la historia de la comunidad, a quienes hoy la sostienen y a quienes vendrán, marcando una continuidad que se construye en gestos simples, en la presencia y en el cuidado del otro.

La celebración concluyó con una bendición especial a las familias de la localidad, tanto a quienes participaron de la misa como a quienes no pudieron estar presentes, en un gesto que reforzó el sentido comunitario de la jornada.

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