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La llamada llegó cuando todavía estaba regresando de trabajar. Una colaboradora habitual le avisó que habían encontrado a una perra llorando de dolor. En un primer momento pensaron que le habían arrojado agua caliente.
“Me dijeron que parecía quemada porque gritaba mucho. Les pedí que la llevaran a la veterinaria y yo fui para allá”, contó Carla, responsable del refugio Patitas Callejeras, en diálogo con La Opinión Austral.
Cuando abrieron la camioneta y bajaron al animal, la escena fue otra. “Ahí me di cuenta de que no estaba quemada. La perra tenía una herida llena de gusanos. Se estaba pudriendo viva”, relató.
Según explicó, el profesional veterinario confirmó que se trataba de una miasis avanzada, con tejido comprometido. Carla remarcó que ese tipo de infección no se genera en cuestión de horas. “Eso no pasa en un día. Lleva varios días así”, sostuvo.
Más tarde, una vecina le informó que el animal tenía propietaria y que, según esa versión, la perra “estaba así desde el día anterior”. Carla no coincidió con esa explicación y decidió comunicarse con el área de Zoonosis municipal.
“Llamé a Zoonosis y, esta vez, respondieron rápido”, señaló. Desde el organismo se labró una infracción y se le indicó a la propietaria que debía presentarse en la veterinaria al día siguiente para abonar los gastos médicos y retirar al animal. De acuerdo con lo relatado por la referente del refugio, la mujer cumplió con ese requisito.
“Ojalá todos los casos fueran así cuando los animales tienen dueño”, expresó. El caso no es aislado. Carla advirtió que cada día aparecen más perros abandonados en la ciudad y que muchos terminan atropellados. El galgo que ingresó días atrás al refugio debió ser operado de urgencia por una fractura: la cirugía superó los 100 mil pesos.
Esa cifra, para una organización que se sostiene únicamente con aportes de vecinos, es determinante. Cada intervención se paga con donaciones. Cada medicación, cada cirugía y cada bolsa de alimento salen del esfuerzo comunitario.
Actualmente el refugio alberga diez animales y la capacidad está al límite. Y todos los días aparece un caso nuevo. Detrás de cada rescate hay un abandono previo. Detrás de cada fractura, de cada infección, de cada cachorro encontrado en una cantera, hay un dueño que no respondió o alguien que decidió mirar para otro lado.
Para Carla, la tenencia responsable no es un eslogan. Es hacerse cargo. Cuando eso no ocurre, la consecuencia termina en la calle, en una sala de cirugía o en una deuda que el refugio no puede sostener.
Mientras una perra intenta recuperarse de una infección extrema, el refugio vuelve a enfrentar la misma realidad: todos los días aparece un caso nuevo.
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