Hace 35 años, el paisaje de Santa Cruz comenzó a cambiar. El 8 de agosto de 1991, el volcán Hudson, ubicado en territorio chileno, inició un proceso eruptivo que durante los días siguientes tendría consecuencias profundas para buena parte de la Patagonia.
Lo que comenzó con una primera erupción se intensificó días después. Entre el 11 y el 15 de agosto se registró la etapa más violenta, con enormes columnas de cenizas que fueron desplazadas por los vientos hacia el territorio argentino.
La nube volcánica atravesó la cordillera y llegó rápidamente a Santa Cruz. Los Antiguos, ubicado a unos 130 kilómetros del volcán, fue una de las localidades más afectadas, pero el fenómeno también alcanzó a Perito Moreno, Las Heras, Pico Truncado, Caleta Olivia y Puerto San Julián.
Días bajo una lluvia de cenizas
En Los Antiguos, la caída de ceniza alteró por completo la vida cotidiana. Las calles, viviendas, vehículos y campos quedaron cubiertos por un manto gris.
El impacto también se sintió con fuerza en las chacras, una de las actividades características de la localidad. La producción quedó seriamente afectada y muchas familias tuvieron que atravesar semanas de incertidumbre.
En las zonas rurales, el problema fue todavía mayor. La ceniza cubrió los pastos y contaminó fuentes de agua, dificultando la alimentación y la supervivencia de los animales.
La situación provocó importantes pérdidas en la producción ganadera de toda la región. Cientos de miles de ovejas murieron como consecuencia de las condiciones generadas por la erupción, mientras que en algunos sectores la acumulación de cenizas alcanzó espesores considerables.
Mucho más allá de Los Antiguos
La erupción no fue un fenómeno exclusivamente local. La nube de cenizas se extendió sobre una enorme superficie de la Patagonia argentina y chilena.
La presencia de partículas volcánicas en el aire generó problemas respiratorios, irritación en los ojos y la piel y complicaciones para quienes debían permanecer al aire libre.
En distintos puntos de Santa Cruz, la actividad cotidiana quedó prácticamente paralizada. Las máquinas debieron remover cenizas de calles y accesos, mientras que el abastecimiento y el traslado se volvieron más complejos.
El fenómeno llegó incluso mucho más lejos de la zona cordillerana. Las cenizas fueron detectadas en distintos puntos de la Patagonia y alcanzaron lugares como Bahía Blanca y la Ciudad de Buenos Aires.
Los Antiguos, antes y después del Hudson
Para los habitantes de Los Antiguos, agosto de 1991 quedó marcado como un punto de quiebre.
La erupción afectó a familias, producción y fauna, pero también puso en marcha una respuesta comunitaria que permitió afrontar las consecuencias de una catástrofe que nadie había vivido antes.
Vecinos, productores e instituciones tuvieron que adaptarse rápidamente a una realidad completamente diferente. Hubo que limpiar, recuperar caminos, proteger animales y volver a poner en marcha las actividades productivas.
Ese esfuerzo colectivo es parte del recuerdo que permanece 35 años después, aunque la dimensión de aquella tragedia se mida principalmente por sus consecuencias sobre la vida cotidiana y la economía de la región.
Una huella que todavía permanece
Con el paso del tiempo, el paisaje volvió a recuperar sus colores y las localidades retomaron su actividad. Sin embargo, la erupción del Hudson dejó una huella que todavía forma parte de la memoria de Santa Cruz.
Para quienes la vivieron, aquellos días quedaron asociados al cielo gris, la ceniza acumulada en las calles y los campos, los animales afectados y la incertidumbre sobre cómo seguir.
A 35 años de la erupción del volcán Hudson, el aniversario permite volver sobre uno de los episodios naturales más importantes de la historia reciente de la Patagonia y recordar cómo una nube de cenizas cambió, durante semanas, la vida de miles de santacruceños.
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