Your browser doesn’t support HTML5 audio
Al mismo tiempo que Argentina vive la euforia de Bad Bunny en el país, Chile sufre la plaga de “conejos malos“. Vecinos de la región magallánica alertan sobre la sobrepoblación de conejos europeos, una especie introducida que ocupa cada vez más espacio en la zona.
Daños en la vegetación, eliminación de especies autóctonas y madrigueras distribuidas en cantidad son solo algunos de los problemas que los conejos les han traído a los chilenos.
¿Qué significa que sea una especie introducida?
La subespecie de conejo europeo O.cuniculus algirus es nativa de la península ibérica. Si bien no se puede determinar una fecha o razón exacta de su inserción en la región magallánica, se estima que alrededor del año 1850 comenzaron a registrarse los primeros ejemplares. Una de las hipótesis principales es que se trató de una introducción intencional con el objetivo de practicar la caza y utilizar tanto la carne como el pelaje con motivos comerciales.
Al no tener depredadores naturales y haber encontrado condiciones de reproducción favorales, la especie no encontró complicaciones para esparcirse por el territorio.
¿Son realmente una plaga?
De acuerdo a la información brindada por el medio puntarenense La Prensa Austral, la médica veterinaria Ethel Latorre explicó que el Estado debe realizar estudios que cuantifiquen los ejemplares para determinar si se trata de una plaga formalmente dicha. Sin embargo, la situación que atraviesa la ciudad de Punta Arenas coincide con la definición de plaga que da la Real Academia Española:
“Aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan graves daños a poblaciones animales o vegetales”.
El impacto en la región
Desde el punto de vista ambiental, los conejos consumen tanto la vegetación de pastoreo que se encuentra en la superficie como asi también el corazón de la planta, provocando la muerte de la vegetación.
Con la construcción de sus madrigueras causan un daño doble: por un lado eliminan el hábitat natural de las especies autóctonas, y por otra dejan el suelo expuesto a la erosión del viento y la lluvia, afectando la fertilidad de la tierra.
A todas estas consecuencias se le agregar el factor de reproducción: anualmente, las conejas pueden parir hasta tres veces, con alrededor de seis crías cada una. Se estima que, si se suma la actividad reproductiva de una única pareja y la de todas sus crías, en un lapso de cuatro años podrían superar el millón de desendientes.
Con respecto a la alimentación, 8 conejos consumen la misma cantidad de pasto que una oveja, por lo que la sobrepoblación en regiones rurales significan un riesgo para la ganadería.

Los conejos pueden parir hasta tres veces por año, con alrededor de 6 crías cada vez.
La plaga de conejos en Tierra del Fuego
En la década del 50 la Argentina también atravesó una crisis similar. Los primero conejos introducidos en Tierra del Fuego, en 1874, comenzaron a reproducirse con mayor velocidad en el año 1936. Para 1950, dos parejas de conejos europeos había causado una sobrepoblación desmedida. Este descuido fue intencional, ya que tanto obreros como ganaderos vieron en el aumento de la población una oportunidad comercial para la provincia.
En este sentido, la sobrepoblación de conejos estaba estrechamente vinculado al desarrollo del comercio y sus respectivas ganancias, que correspondían a quienes vendían las pieles.
Sin embargo, el crecimiento desmedido obligó al Estado a introducir el virus mixoma como control biológico. Es conocido mundialmente por su eficacia para controlar la sobrepoblacion de conejos y liebres por tratarse de una enfermedad altamente contagiosa y a menudo mortal. Es transmitida por mosquitos, pulgas y contacto directo, aunque no representa riego para la salud humana.
La palabra de los vecinos
De acuerdo a la información publicada por el diario chileno La Prensa Austral, los vecinos expresan abiertamente su descontento con la especie. Las quejas principalmente se refieren a la pérdida de producción agrícola particular: una mujer entrevistada por el medio explicó que el año pasado cultivó papas y zanahorias, pero al finalizar la temporada, los conejos habían arrasado con los cultivos.
Maritza Traba, una vecina entrevistada por el medio puntarenense: “A mí personalmente me encantan los conejos, pero son una plaga que molesta mucho. Roen todo: los árboles, las plantas, el pasto. Y hacen hoyos por todas partes”.
Desde el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), explicaron que no ejecutan directamente el control sobre el crecimiento poblacional de conejos, sino que administran la normativa, la fiscalizan y orientan. En este sentido, determinaron que las personas afectadas “pueden gestionar el control por cuenta propia o contratar empresas y cazadores”.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia
Dejanos tu comentario