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El abigeato dejó de ser un hecho aislado en Santa Cruz y pasó a convertirse en un problema estructural que impacta de lleno en el sector productivo. Así lo advirtió en LU12 AM 680, Enrique Jamieson, referente del ámbito rural y ex presidente de la Federación de Instituciones Agropecuarias de la provincia, quien expresó una fuerte preocupación por el crecimiento del robo de ganado y la falta de respuestas del sistema judicial.
Según explicó, en los últimos meses se registra una proliferación de delitos vinculados al robo de hacienda, que incluye ovejas, corderos, capones, borregos y vacunos, afectando tanto a pequeños como a grandes productores.
“Puerta giratoria” y reclamos a la Justicia
Uno de los principales cuestionamientos del sector está dirigido al accionar judicial. Jamieson aseguró que, si bien en muchos casos las fuerzas de seguridad logran identificar y detener a los responsables, estos recuperan la libertad en pocas horas.
“El problema es que se los detiene y a las 12 o 24 horas ya están libres. Así no se disuade el delito”, sostuvo, al remarcar que existe una reiterancia en los hechos y que, incluso, se trata muchas veces de los mismos autores.
Para los productores, esta situación genera una sensación de impunidad que termina incentivando la continuidad del delito. En ese sentido, reclaman sanciones más firmes que permitan desalentar la reincidencia.
Un delito extendido en toda la provincia
El abigeato no se concentra en una zona específica, sino que se extiende a lo largo de todo el territorio santacruceño. Según detalló Jamieson, los robos se registran en el norte, centro y sur de la provincia, especialmente en áreas cercanas a centros urbanos, donde posteriormente se comercializa la carne.
Zonas como Gobernador Gregores, Puerto San Julián y Río Gallegos han registrado casos recientes, aunque el fenómeno atraviesa distintas localidades.
“La justicia y el Ministerio de Seguridad saben quiénes son los actores, pero muchas veces no pasa nada”, afirmó.
Impacto económico y social en el campo
El perjuicio para los productores no se limita únicamente a lo económico. Si bien la pérdida de animales afecta directamente la rentabilidad —especialmente en establecimientos pequeños—, también genera un impacto en la vida cotidiana de quienes trabajan en el campo.
“Cuando te falta un animal, no perdés solo plata, perdés tiempo, inversión y tranquilidad”, explicó Jamieson, quien utilizó una metáfora para describir la situación: “Es como que te entren al patio de tu casa y te roben lo que es tuyo”.
Además, advirtió que los delincuentes suelen apuntar a animales jóvenes o de alto valor genético, lo que agrava aún más el daño productivo.
Falta de controles y dificultades en la prevención
Desde el sector reconocen que existen esfuerzos por parte de organismos como el Ministerio de Seguridad y el Consejo Agrario, pero aseguran que resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.
Las grandes extensiones rurales, la falta de personal y la limitada presencia en algunas zonas dificultan el control efectivo. A esto se suma la escasa regulación en los puntos de comercialización, especialmente en localidades donde no se controla el origen de la carne.
“De nada sirve que se haga todo el procedimiento si después no hay consecuencias”, señalaron.
Un reclamo que involucra a toda la sociedad
Para los productores, el abigeato es un problema que excede al ámbito rural y requiere una respuesta integral del Estado y la sociedad. En ese sentido, remarcaron la necesidad de un trabajo articulado entre los tres poderes.
Plantean que, si es necesario, se deben revisar leyes, reforzar controles y establecer sanciones más severas. Pero, sobre todo, insisten en que la Justicia debe cumplir un rol clave en la prevención.
“No pedimos nada fuera de la ley. Si alguien es detenido con animales robados y no puede justificar su origen, tiene que haber consecuencias”, sostuvo Jamieson.
Actividad productiva en riesgo
El crecimiento del abigeato en Santa Cruz no solo afecta a los productores, sino que también pone en riesgo una de las actividades económicas tradicionales de la provincia.
La reiteración de los robos, sumada a la falta de respuestas efectivas, genera incertidumbre y preocupación en un sector que depende de la previsibilidad para sostener su producción.
En este contexto, el reclamo es claro: mayor control, decisiones firmes y un accionar judicial que esté a la altura de la situación para frenar un delito que ya dejó de ser esporádico y amenaza con consolidarse como un problema estructural.
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