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Enrique Jamieson, presidente de la Federación de Instituciones Agropecuarias de Santa Cruz (FIAS) dialogó con La Opinión Austral sobre el encuentro que encabezó el gobernador Claudio Vidal.
El dirigente agropecuario calificó como un paso positivo la apertura de mesas de trabajo con el Gobierno Provincial, destacando que permite reordenar prioridades. Sin embargo, hizo un análisis profundo de los factores que afectan a los productores: sequía pronunciada, inseguridad, insuficiente estructura vial, manejo adecuado del guanaco y puma, altos costos en servicios como el gas, pluz por zona desfavorable, bajos precios internacionales y altos costos argentinos, entre otros aspectos de vital importancia a corregir si la apuesta es que el sector no desaparezca.
“El campo de Santa Cruz está muy mal, el pequeño productor está muy mal por un combo de situaciones, pero por lo menos se pueden definir algunas prioridades en esta mesa“, subrayó a La Opinión Austral.
Hacia adelante, vendrá una labor legislativa en Santa Cruz que tendrá por objetivo aliviar el ánimo del productor, aunque reconoció que los problemas de fondo requieren soluciones complejas.
Recuperar rentabilidad
La rentabilidad es el eje de la preocupación de los productores, quienes enfrentan un escenario de sequía persistente y presión por la fauna silvestre. “Si tenemos menos pasto porque hay mucha fauna y porque hay poca precipitación, el negocio del ovino se complica con los valores internacionales y los costos argentinos; todo se corrige hacia la actividad primaria“, explicó.
Advirtió que la industria traslada sus propios costos altos bajando el precio que se le paga al productor para equilibrar la balanza, una dinámica que “está matando muchas economías regionales“. Ante esto, propuso la necesidad de diversificar a través de una “usina de ideas” que permita generar alternativas productivas.
Sobre la caída de la producción, reveló que solicitaron un estudio detallado al INTA para obtener estadísticas precisas desde el año 1985 hasta la actualidad.
No obstante, remarcó que el síntoma más claro es el cierre de establecimientos: “Hay campos que se están cerrando; cuando una pizzería no funciona y el tipo dice ‘cierro’ es porque no le da, no importa cuántas pizzas vendía”, comparó.
Este fenómeno se ve agravado por un quiebre generacional, donde los jóvenes eligen otros rumbos ante la falta de rentabilidad, dejando una gran oferta de alquileres de campos que nadie quiere tomar porque “directamente no cierra la ecuación económica“.
Zona desfavorable
Uno de los puntos más críticos expuestos por Jamieson es la falta de herramientas para compensar los costos operativos, como el plus por zona desfavorable que paga el sector. A diferencia del comercio, que puede trasladar ese 20% al precio final del producto, el campo no tiene esa posibilidad. “Nosotros también tenemos todos los insumos un 20% más caros por una cuestión de flete, pero no tenemos forma de recuperarlo”, reclamó, sugiriendo que se debería permitir compensar ese gasto con otros impuestos.
Asimismo, mostró su preocupación por las asimetrías en las tarifas de servicios básicos: “No queremos que nos subsidien nada, pero yo en el campo tengo cinco casas donde pago el gas de garrafa a un precio altísimo; si me preguntás por qué cerré un puesto, es por la cuestión de costos”, insistió.
Finalmente, el dirigente lamentó el deterioro de la infraestructura rural y la falta de seguridad en las zonas aledañas a las localidades. “Tenemos miles de kilómetros de alambre que deberíamos estar manteniendo y hace rato que no se hace; es como no pintar tu casa, se empieza a caer”, graficó.
Otro de los factores que completan un escenario realmente adverso es el permanente aumento de combustile y la ausencia de infraestrcutura vial adecuada para acceder a las estancias. “Hay productores que tiene que dar una vuelta de hasta 200 kilómetros para ingresar a sus campos por ausencia de caminos”, detalló.
Esta sumatoria de factores, que incluye hasta la inseguridad por robos o ataques de perros, es lo que empuja a la nueva generación a abandonar la actividad. “Si no cambiamos eso, va a ser muy difícil que la juventud se quede; hoy esa generación del medio ya no está”, concluyó Jamieson.
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