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La reciente certificación del langostino argentino por parte del Marine Stewardship Council (MSC) marcó un punto de inflexión para la pesca nacional y, en particular, para el complejo pesquero patagónico. Se trata de un reconocimiento internacional que valida, bajo parámetros científicos estrictos, el manejo responsable de uno de los recursos más relevantes del país. El proceso demandó más de diez años de evaluaciones, ajustes normativos y trabajo técnico articulado entre el sector privado, organismos científicos como el INIDEP y las autoridades pesqueras nacionales, hasta cumplir con los estándares ambientales más exigentes a nivel global.

La obtención del sello MSC implica que la pesquería del Pleoticus muelleri demuestra sostenibilidad biológica, control efectivo del esfuerzo pesquero y un impacto ambiental reducido sobre el ecosistema marino. Más allá del plano ambiental, el aval funciona como una verdadera llave de acceso a mercados internacionales de alto valor agregado, donde la trazabilidad y la responsabilidad ambiental son condiciones casi excluyentes. En un contexto global donde los consumidores y compradores institucionales exigen garantías sobre el origen de los alimentos, esta certificación fortalece la posición competitiva del langostino argentino frente a otros países productores.

Desde una mirada estratégica, el logro también expone un modelo de gestión basado en evidencia científica y consensos intersectoriales. La certificación fue posible a partir del monitoreo permanente de la especie, la presencia de observadores a bordo, el respeto por los períodos de veda y la adopción de decisiones de manejo sustentadas en datos técnicos. Con este respaldo, el desafío que se abre ahora es ampliar el alcance del sello a otras áreas de pesca y consolidar una política de largo plazo que combine desarrollo económico, empleo regional y preservación del recurso, ejes que hoy concentran el interés de especialistas y referentes del sector.

Tras la certificación y para hablar del panorama pesquero patagónico, Radio LU12 AM680 Río Gallegos entrevistó a Raúl “Tato” Cereseto, empresario pesquero en Chubut y analizó el impacto que el sello generará en este sector productivo con gran implicancia en su provincia y en Santa Cruz.

Trazabilidad

LU12: ¿Qué significa haber recibido esta certificación del MSC para el langostino argentino?

RC: Hoy en el mundo hay dos grandes preocupaciones en materia pesquera: la sobrepesca y la contaminación ambiental. Aparecen las grandes ONG internacionales y han creado un sello. Hay muchos, pero uno de los más fuertes y reconocidos a nivel mundial es el MSC.

Este es un estándar que busca un equilibrio entre la industria pesquera y las ONG ambientalistas. Quienes obtienen ese sello cumplen con las demandas de estas organizaciones. Este sello aborda tres temas en un trabajo que llevó más de 9 años.

El primero es el control, todo lo relativo a la investigación a la salud de la población de langostinos. Se realizaron muchas campañas de investigación. Argentina produce de 200 a 250 mil toneladas anuales y, con los vaivenes propios de la naturaleza, se mantiene saludable y estable.

El segundo, es el impacto en el ecosistema. La pesca de arrastre tiene impacto en el ecosistema marino; se trata de mitigarlo a tal punto que sea aceptable para los mercados internacionales. No está resuelto, pero sí mitigado lo suficiente para decir que tienen una pesquería sostenible.

El tercero es la gobernanza. Se refiere a la adaptabilidad de toda la normativa pesquera provincial y nacional, la Ley Federal de Pesca y las resoluciones del Consejo Federal Pesquero, para que se adapten a los estándares internacionales.

El sello MSC tiene mucho valor para los mercados más exigentes y permitirá ampliar la demanda sobre nuestros productos.

LU12: ¿Ampliar los horizontes de la demanda en un escenario de grandes desafíos, es alentador?

RC: Por supuesto. Al ampliar el mercado, el producto se valoriza. Esto es agregado de valor. Con el tiempo, el precio tendería a subir, lo que permitiría ordenar la crisis de costos y fiscal de la que venimos hablando y debe ser atendida por el Gobienro nacional.

Tenemos el recurso y la venta, pero en el medio se sufre una crisis de costos. No me refiero solo a los salarios, que es el tema más candente. Hay un gran problema fiscal; el país te hace poco competitivo cuando exportás productos. Estas cosas vienen a generar valor y a permitir la recuperación del precio.

El langostino argentino alcanzó la máxima calidad reconocida.

LU12: ¿Cuál es el precio de la tonelada hoy de langostino?

RC: En noviembre y diciembre del año pasado rondaba los 6.000 o 7.000 dólares. El año pasado terminamos muy mal, en 5.600 dólares. Este año arrancamos muy bien en 7.300 dólares y ahora estamos en 6.700 o 6.800 dólares. Estamos mejor que el año pasado, pero no lo suficiente como para decir que se ordenó el sector.

Estamos haciendo un trabajo gigante para darle competitividad al sector. Las certificaciones requieren de muchísima inversión privada y tiempo. Quizás el día de mañana el precio esté en 8.000 u 8.500 dólares y eso permita ordenar bastante.

LU12: Competir en mercados internacionales exigentes, ¿marca la capacidad y el talento argentino?

RC: La pesca compite con los mercados más exigentes del mundo con un nivel de productividad y eficiencia que resulta complejo en un mundo globalizado. Tenemos que trabajar porque competimos contra las pesquerías de Japón, la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y Rusia.

Estamos empujando mucho el carro para mantenernos competitivos. A pesar de las crisis de público conocimiento, le ponemos el cuerpo, planteamos el tema con seriedad y tratamos de ir surfeando las distintas tormentas.

LU12: Algo positivo es que la pesca ha logrado sostener la ley nacional y las políticas sin modificaciones. ¿Es así?

RC: Coincido. La industria pesquera tiene una participación muy activa en las políticas públicas. Estamos muy encima de las políticas nacionales y provinciales. Es cierto que los cambios de gobierno no han tenido modificaciones bruscas en materia de política pesquera. Se ha mantenido una misma línea productiva.

Lo que nos cambian son las condiciones macroeconómicas o las reglas de juego. En Argentina no es fácil ser empresario; hay un nivel de vértigo impresionante por los cambios pendulares en materia fiscal y económica. La pesca siempre se ha mostrado resiliente.

El 2025 fue una temporada muy mala, principalmente para Santa Cruz. Los buques congeladores tuvieron la mitad de su temporada de paro y eso le pegó a la economía regional. Sin embargo, en el resto de los productos se pescó y se exportó un poquito más que el año anterior. Ayudados por el calamar, tuvimos un buen año en términos industriales.

LU12: ¿Qué impacto puede tener este certificado en Chubut y Santa Cruz?

RC: Hay que involucrarse con las actividades que generan valor. La pesca tiene muchísimo más para dar. Invitamos a la dirigencia política a que nos escuche. El principal objetivo de un empresario es ganar dinero, pero también tenemos una responsabilidad social.

Nuestras familias dependen de nuestras decisiones. Buscamos generar identidad y orgullo en nuestra actividad. Mis hijos están en la universidad y quieren dedicarse a la industria pesquera; nosotros impulsamos la continuidad de esta actividad.

Se puede esperar un recubrimiento a lo ancho y a lo alto. A lo ancho significa mayor diversificación. Hoy, de cada 10 kilos que saca Argentina, 8.5 kilos corresponden solo a tres especies: calamar, langostino y merluza. Con la riqueza de nuestro mar, hay mucho para dar de manera sostenible. Debemos desarrollar otras especies como la anchoíta.

Argentina produce 5.000 o 6.000 toneladas de anchoíta, mientras Marruecos produce 50.000. Los informes científicos dicen que nosotros podríamos extraer 100.000 toneladas. Podríamos ser dos veces Marruecos y emplear a miles de personas, pero hace falta una decisión política para el desarrollo.

A lo alto se refiere a la generación de valor. Hoy es más barato generar valor agregado en España que en Argentina. Es más barato descargar un barco aquí, congelarlo, llevarlo en contenedor a España, pelarlo allá, embolsarlo y distribuirlo, que pelarlo en Argentina. Estamos exportando el trabajo a otros países.

LU12: La primarización de la economía argentina…

RC: Exactamente. Podríamos generar miles de empleos si habláramos de competitividad. La pesca no está en una etapa embrionaria, pero tiene un camino muy largo por recorrer en términos de desarrollo.

LU12: ¿Se ha podido allanar el camino para arrancar la zafra del langostino sin sobresaltos este año?

RC: La persona que representa a la Subsecretaría de Recursos Acuáticos -Juan Antonio lópez Cazrola- mantiene siempre la puerta abierta y está predispuesta a responder. Tengo reconocimientos sobre su vocación de servicio para la industria. Los puentes están tendidos y hay muchísima comunicación.

Sin embargo, hay cuestiones de la macroeconomía que dependen del Poder Ejecutivo y del Ministerio de Economía, donde no estamos pudiendo acceder. El año pasado fue récord en todas las pesquerías, lo que habla de políticas públicas alentando la producción.

Pero tenemos problemas profundos; el Gobierno ha tomado decisiones en otras actividades y ha discriminado a la pesca, excluyéndola de la quita o suspensión de retenciones.

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