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Río Gallegos atraviesa días de preocupación y angustia por dos búsquedas que avanzan en paralelo y que tienen como protagonistas a dos vecinos cuyas familias y allegados esperan, todavía sin respuestas, conocer dónde están.
Mientras los rastrillajes para encontrar a César Agustín Aguilar Pérez cumplen dos semanas, la investigación por la desaparición de Alfredo Abel Morales Roa, un hombre de 81 años, sumó en las últimas horas nuevos procedimientos y abrió otro interrogante para los investigadores.
Son dos historias diferentes, pero atravesadas por una misma dificultad: reconstruir los últimos movimientos de personas que dejaron de ser vistas y determinar qué ocurrió después.
El invierno patagónico agrega una dificultad adicional. Las bajas temperaturas, el viento y las características de determinados sectores de Río Gallegos obligan a extremar los recursos utilizados durante los rastrillajes, mientras las horas transcurren sin que aparezca una pista definitiva.
Este domingo se cumplieron dos semanas desde la última vez que fue visto César Agustín Aguilar Pérez, de 58 años. El hombre mide aproximadamente 1,70 metros, es de contextura física mediana, tiene tez morena y cabello castaño, semilargo y ligeramente canoso. Al momento de su desaparición vestía un pantalón de jean azul gastado y una campera negra con capucha.
Desde que se denunció su desaparición, la Policía de Santa Cruz desplegó diferentes recursos para intentar determinar su paradero. Uno de los principales escenarios de búsqueda fue la zona de la Costanera de Río Gallegos, particularmente el sector conocido como las canteras, un área extensa y de características complejas para el desplazamiento; debido a que las últimas cámaras de seguridad lo habían ubicado en esa zona.
Cristian, su hermano, habló con La Opinión Austral y dijo: “Seguimos con espera de que aparezca, seguimos con la fe, pero nos toca volver a trabajar obligadamente”, expresó.
La espera se vuelve todavía más angustiante cuando no existen certezas sobre qué pudo haber ocurrido y la familia debe dividir su tiempo entre la búsqueda, los trámites y las obligaciones diarias. A pesar de ese escenario, Cristian destacó especialmente el trabajo de quienes participan del operativo. “Estamos agradecidos de más con la Policía, Prefectura Naval y otras fuerzas que siguen con la búsqueda”, sostuvo.
Un segundo caso que encendió las alarmas
En medio de esos operativos surgió una nueva denuncia que movilizó a la Comisaría Sexta y a distintas áreas especializadas de la Policía de Santa Cruz. Se trata de Alfredo Abel Morales Roa, un hombre de 81 años que vive solo y cuya ausencia fue denunciada por un familiar.
La preocupación aumentó debido a que Morales Roa no posee teléfono celular, una circunstancia que dificulta establecer sus últimos movimientos mediante herramientas de rastreo o comunicaciones. El hombre residía en una vivienda ubicada sobre el pasaje Madres de Plaza de Mayo, en el barrio Náutico de Río Gallegos.
Hasta allí se dirigieron efectivos de la Comisaría Sexta, junto con personal de la División de Investigaciones y Criminalística, para realizar una inspección del inmueble y buscar elementos que pudieran aportar información sobre su desaparición.
La vivienda no permitió encontrar, al menos inicialmente, una explicación sobre dónde podría encontrarse el hombre. Según la información incorporada a la investigación, no se detectaron signos evidentes de violencia ni elementos que permitan establecer con certeza qué ocurrió.
Morales Roa llevaba una vida solitaria. Se dedicaba a la recolección de materiales y, de acuerdo con los datos reunidos por los investigadores, solía desplazarse por sectores descampados y caminos alternativos de la ciudad en busca de elementos que pudieran tener algún valor. Su rutina cotidiana es ahora uno de los puntos que intenta reconstruir la Policía.
El hecho de que viviera solo y no utilizara teléfono celular genera un escenario particularmente complejo. A diferencia de otros casos de personas desaparecidas, no existe un registro de comunicaciones que permita establecer con precisión sus últimos movimientos.
Por eso, los investigadores comenzaron a concentrarse en otros recursos: testimonios de vecinos, recorridas territoriales y registros de cámaras de seguridad. Una cámara ubicada en las inmediaciones del domicilio es analizada para intentar establecer si pudo registrar algún movimiento relacionado con la salida del hombre.
La dificultad principal está en determinar cuándo ocurrió exactamente la desaparición. Sin una fecha precisa de la última vez que fue visto, el período que debe reconstruirse se vuelve considerablemente más amplio.
Los perros y los rastrillajes
Dentro de las tareas desplegadas para localizar a Morales Roa también intervino la División Canes. Los efectivos utilizaron prendas de vestir pertenecientes al hombre con el objetivo de que los perros pudieran tomar su patrón odorífico y realizar tareas de rastreo.
Al mismo tiempo, los investigadores recorrieron sectores cercanos a su vivienda y analizaron la posibilidad de que el hombre hubiera transitado por caminos que formaban parte de su rutina habitual. En este punto, el conocimiento que tenían los vecinos sobre sus costumbres puede resultar determinante.
Dos investigaciones que avanzan contra el reloj
Las búsquedas de Aguilar Pérez y Morales Roa no están necesariamente vinculadas entre sí. Sin embargo, la coincidencia temporal de ambos casos genera preocupación en una comunidad que sigue con atención cada movimiento de los investigadores.
En el caso de César Aguilar Pérez, el paso de los días sin novedades incrementa la preocupación de sus allegados. En el de Alfredo Morales Roa, la incertidumbre está marcada por la dificultad para establecer cuándo salió de su vivienda y qué recorrido pudo haber realizado.
Las fuerzas de seguridad trabajan sobre diferentes hipótesis y procuran evitar que una pista se pierda entre la extensión del territorio y las condiciones climáticas. La presencia de sectores de difícil acceso, el frío intenso y el viento característico de Río Gallegos constituyen obstáculos concretos para los grupos que participan de los rastrillajes.
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