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A raíz de un expediente caratulado como averiguación de muerte que tramita bajo la órbita del Juzgado de Instrucción Penal N° 3, a cargo de Gerardo Giménez, la investigación por la muerte de un hombre dentro de una comisaría de Río Gallegos, dio un giro absoluto en las últimas horas.

Tras confirmarse que Gilmar Claros Ferrel, de 35 años, falleció víctima de un estrangulamiento homicida en las instalaciones de la Comisaría Séptima, la Justicia dictó el cierre de fronteras y el retiro de armas reglamentarias para cinco exintegrantes de la Policía de Santa Cruz, mientras comitivas de la Gendarmería Nacional ejecutaron allanamientos estratégicos en simultáneo hace unos días, tal como lo informó La Opinión Austral.

El avance de la causa judicial, al que La Opinión Austral tuvo acceso tras relevar de punta a punta las diez fojas del lapidario informe oficial suscripto por el Cuerpo Médico Forense del Tribunal Superior de Justicia, sepultó por completo los primeros partes policiales que intentaron encubrir la trágica realidad ocurrida durante la noche del viernes 16 de octubre pasado.

Las medidas restrictivas de máxima firmeza impuestas por los estrados provinciales recayeron de manera directa sobre los exefectivos Juan Carlos Torres, Carlos Alberto Tejada, Carlos Alberto Coronel, Cris Melisa Alves y Gustavo Fabián Moraga, sobre quienes pesa una advertencia categórica: cualquier intento de eludir el accionar de la justicia cruzando los límites provinciales o internacionales activará de inmediato una orden de captura internacional y detención carcelaria efectiva.

El informe

Según pudo saber La Opinión Austral, el informe N° 88/2026, incorporado al expediente 36276/26, detalla con una crudeza escalofriante el calvario que debió soportar la víctima antes de exhalar su último aliento bajo custodia.

El examen externo del cadáver evidenció un cuadro de violencia sistemática y desmedida desplegada en el interior de la seccional. Los peritos constataron la presencia de profundas equimosis violetas de formato circular en ambas muñecas de Claros Ferrel, destacando una lesión con placa apergaminada a nivel de la apófisis estiloides del radio derecho.

Tal hallazgo científico orientó a los expertos hacia un “gran dinamismo” y el uso de una fuerza traumática “desproporcionada” durante la colocación de las esposas de sujeción, con la energía cinética suficiente como para provocar una deshidratación aguda de la piel.

Exclusivo: el móvil 1135 que trasladó a Gilmar a la Comisaría Séptima.

A ello se sumaron múltiples excoriaciones, lesiones contuso-cortantes en el rostro, el labio inferior y los brazos, signos evidentes de maniobras de sujeción y compresión digital, e incluso una marca compatible con una mordedura en el borde interno de la mano izquierda.

El grado de salvajismo expuesto en el documento oficial se profundizó de manera dramática al ingresar en el examen interno de la caja torácica y la zona cervical. La apertura del tórax reveló un daño estructural severo, constatándose la fractura de los arcos costales anteriores tercero, cuarto y quinto tanto del lado derecho como del izquierdo, acompañadas por extensas hemorragias en los espacios intercostales que evidencian la brutalidad de los golpes recibidos en el torso.

Los pulmones, edematosos y duplicando su peso teórico esperado, presentaban manchas de Tardieu, indicadores de una agonía asfixiada y un agudo sufrimiento orgánico terminal. El tramo más concluyente y desgarrador de la autopsia se consumó durante el abordaje minucioso del cuello, realizado con técnicas de disección de alta precisión para evitar cualquier artefacto post mortem. Los especialistas documentaron extensas sufusiones hemáticas en los músculos esternotiroideo, esternohioideo, tirohioideo y en los tejidos de la vaina carotídea y el piso de la boca.

La tapa del diario La Opinión Austral del domingo 18 de octubre.

La esqueletización de la laringe reveló un cuadro de destrucción tisular interno absoluto, con hematomas generalizados en la epiglotis, los músculos aritenoepiglóticos, aritenoides, cricoaritenoides y cricotiroideos, con un claro predominio lesional en el sector derecho. Frente a semejante escenario de devastación anatómica, las conclusiones médico-legales firmadas por los peritos fueron lapidarias e inapelables.

La causa determinante del fallecimiento de Gilmar Claros Ferrel fue: “asfixia mecánica por compresión cervical extrínseca por estrangulamiento, desencadenando como mecanismo final una fulminante anoxia encefálica”. Quedó así científicamente demostrado que la víctima fue estrangulada en el ámbito físico de una comisaría que debía garantizar su resguardo y integridad personal

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